Viticultores y bodegueros prevén una cosecha «excelente», con un 15% más de producción

Alfonso Hernández y José Ángel Abellán observan las cepas de la finca Juan Gil, en Jumilla, hace unos días. / Guillermo Carrión / AGM
Alfonso Hernández y José Ángel Abellán observan las cepas de la finca Juan Gil, en Jumilla, hace unos días. / Guillermo Carrión / AGM

Las firmas adscritas a la Denominación de Origen de Jumilla, Yecla y Bullas esperan recolectar casi 100 millones de kilos de uva en esta temporada

Juan Ruiz Palacios
JUAN RUIZ PALACIOSJumilla

Tiene la piel tostada de pasar tantas horas al sol, pendiente de que cada cepa, cada racimo de uva y cada grano se encuentren en perfectas condiciones. Pero a José Ángel Abellán, jornalero y encargado de la finca Juan Gil de Jumilla no le importa dedicar su vida a los viñedos, porque es algo que le apasiona desde bien joven. «Este año la vendimia va a ser muy buena. Eso creemos, porque la climatología ha facilitado que la uva madure bien, aunque todos estamos muy nerviosos, como siempre por estas fechas», relata este trabajador jumillano, de 52 años. «Las últimas lluvias de primavera le vinieron bastante bien a las cepas. Este año hay un proceso de maduración que no lo tuvimos en los años precedentes», añade.

Los viticultores y bodegueros de las tres denominaciones de origen (Jumilla, Yecla y Bullas) esperan este año «una cosecha excelente, mejor que la de otras temporadas». Además, prevén una mayor producción con respecto a la de 2017, con un aumento del 15% este año.

Según explica la secretaria del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Protegida (CRDOP) Jumilla, Carolina Martínez Origone, «estimamos que la recolección total podría rondar los 80 millones de kilos de uva», una cantidad superior en un 15% a la del año anterior, ya que «los arranques se compensan con nuevas plantaciones, dándose también un incremento de los rendimientos». Igualmente, desde el ente vinatero destacan que «es cierto que en algunas zonas muy localizadas ha caído pedrisco, pero ha sido de muy baja incidencia».

Las buenas condiciones meteorológicas y la ausencia de olas de calor han propiciado un mejor proceso de maduración

«Cada enólogo tiene su método; nosotros recogemos la uva en su punto óptimo», dicen desde bodegas Juan Gil

En esta denominación de origen se cultivan unas 19.000 hectáreas de viñedos de diferentes variedades, de las que 8.000 se encuentran dentro del término municipal de Jumilla. Y el Consejo Regulador cuenta con 1.900 viticultores inscritos, «que certifican sus cosechas». El pasado año se vendieron 29 millones de botellas de vino bajo el marchamo de calidad de la DOP de Jumilla.

Las expectativas de los productores en Yecla no son menores, pues esperan una producción «excelente», de unos 14 millones de kilos de uva. «Vamos a aumentar la producción en más de un 15% con respecto a la del año pasado», aseguran desde la D.O. Yecla, donde hay inscritos 420 viticultores con 4.830,39 hectáreas en el término municipal.

Las nueve bodegas yeclanas recogerán variedades tintas de Monastrell, Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Syrah, Merlot, Garnacha tintorera, Garnacha tinta, Petit verdot; y también blancas, como Macabeo, Airen, Sauvignon blanc, Chardonnay, Merseguera, Malvasía y Moscatel de grano menudo. La recogida de la uva aún no ha comenzado, aunque las variedades blancas se empezarán a vendimiar la semana que viene. «En octubre se vivirá el momento álgido de la campaña», anticipan los productores yeclanos.

El presidente de la D.O. Bullas, Francisco Carreño, señala que «la previsión de cosecha en cuanto a la cantidad de uva está en unos 3,4 millones de kilos. Esto supone -al igual que en Jumilla y Yecla- un aumento del 15% respecto a la campaña anterior». Los técnicos y especialistas bullenses del sector de la viticultura consideran que «el estado vegetativo y sanitario del fruto es muy bueno, y la estimación de la cosecha en calidad de la uva es mucho mejor a la del año pasado, por lo que se espera una cosecha de excelente calidad».

Unos mil euros por jornalero

Las denominaciones de origen de la Región no ofrecen datos exactos sobre el número de jornaleros que trabajan en las fincas durante la campaña vinícola. Según ha podido saber 'La Verdad', cada trabajador del campo en este sector cobra entre 900 y 1.000 euros al mes durante la recolección. «Es un empleo muy duro; hay que ser muy cuidadosos y estar pendiente de todo. En el momento en que se arranca una uva, el racimo comienza a madurar. Es un proceso más que delicado», explica José Ángel Abellán, de bodegas Juan Gil, donde el 40% de la producción de los vinos es ecológica. Esta empresa cuenta con más de mil hectáreas de viñedos.

«En cada cepa hay muy pocos racimos de uva. El motivo es que de esta forma toda la energía y las propiedades de la planta se concentran en cada ramo, por lo que la calidad es mayor», razona José Ángel, que tras muchos años trabajando como jornalero acaba de ser nombrado encargado de la finca.

Un proceso «estacional»

Los viticultores y bodegueros saben que el proceso de la vendimia es «delicado y estacional». Alfonso Hernández Canals, responsable del departamento de Enología y adjunto a la dirección técnica de la empresa jumillana, relata que «el ciclo de la vendimia dura desde noviembre hasta agosto del año siguiente. Este año, el hecho de que solo haya venido una ola de calor, ha propiciado que la maduración de la uva haya sido más lenta». En cuanto a los procesos de la vendimia, este experto señala que «la uva se recoge en su punto óptimo de maduración. Es decir, vamos haciendo un seguimiento minucioso para saber cuándo es el momento más idóneo. Dependiendo de esa maduración y del entorno en el que se encuentre, el vino tendrá un sabor u otro».

Cuando llega el momento, los jornaleros depositan las uvas en cajas. Los racimos pasan por mesas de selección en las que se les retiran las horas y se 'eliminan' los granos que estén podridos, sobre todo en la Moscatell. Después, la uva pasa por tolvas y por una despalilladora, que separa los restos de rastrojos del grano de la uva. «Es entonces cuando se procede al encubado. Aquí se produce la fermentación, que es la transformación de azúcares en alcohol y la extracción de todos los aromas de la uva», detalla Hernández. Este procedimiento dura entre siete y diez días. «Cada enólogo tiene su método. El tercer paso es separar lo líquido de lo sólido, y hacer un prensado», añade. «A veces se produce una segunda fermentación: la maloláctica. Es la transformación del ácido málico en láctico. Con esto se consigue que el vino tinto tenga un sabor más redondo. Si se queda con el ácido málico, tendría un gusto más amargo».

Posteriormente, el caldo se lleva a un depósito si se trata de un vino joven. Si no, va a barrica. «Ahí vamos viendo la evolución. El vino es una materia viva con más de 800 compuestos y se conserva con sulfitos. La tendencia es utilizar los menos posibles», cuenta Hernández. El final es el embotellado. ¡Salud!

Con información de: J. LUIS PIÑERO, Á. ALONSO Y G. LÓPEZ

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