Nace la Casa de la Música y otras Artes Jumillanas

Fachada principal del edificio, en la calle del Rico (a la izquierda). Imagen de Julián Santos Carrión (sobre estas líneas). Estancia donde estuvo el piano en el que el maestro compuso durante 40 años (arriba). Partitura de la zarzuela 'La niña del boticario' (abajo). / GUSTAVO LÓPEZ
Fachada principal del edificio, en la calle del Rico (a la izquierda). Imagen de Julián Santos Carrión (sobre estas líneas). Estancia donde estuvo el piano en el que el maestro compuso durante 40 años (arriba). Partitura de la zarzuela 'La niña del boticario' (abajo). / GUSTAVO LÓPEZ

Un edificio del siglo XVI acogerá todo el legado histórico, artístico y cultural. La ambiciosa reforma la llevan a cabo entre el Ministerio de Fomento y el Consistorio

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

Cuando, a los cincuenta y dos años, Santa Teresa de Jesús empezaba a hacerse famosa (tal como cuenta el hispanista inglés Gerald Brenan, en 'Cosas de España'), el joven San Juan de la Cruz, con veintisiete menos que la imparable monja de los pucheros, estudiaba en la Universidad de Salamanca el trienio dedicado a las artes. Por esas fechas, Felipe II mandaba prender a Miguel de Cervantes Saavedra, acusándolo de herir en duelo a un maestro de obras.

En aquel tiempo (según las investigaciones de Emiliano Hernández Carrión), se acelera en Jumilla el descenso de la población, desde el cerro del Castillo, hoy visitable, hasta la parte más occidental del llano, pero siempre al abrigo de sus laderas, quizás no tan peladas como ahora. Miembros de las familias pertenecientes a la oligarquía local asumieron los cargos del Concejo, en la Plaza Arriba, encargado de planificar y controlar el desarrollo urbano. Una de esas familias fue la de Pérez de los Cobos. Este apellido ya aparece entre los caballeros que conquistaron definitivamente Jumilla, en 1358, para el rey castellano Don Pedro I. (Unos lo tienen por Cruel, otros por Justiciero y los jumillanos por el Mejor, pues les otorgó privilegios que todavía están vigentes).

En la vieja calle del Rico

Fue en pleno siglo XVI cuando se construyó la que será, dentro de un par de años, Casa de la Música y otras Artes Jumillanas, ubicada en la vieja calle del Rico. Aquí vivió, hasta 1981, durante cuarenta años (componiendo buena parte de sus cuatrocientas obras), el maestro Julián Santos Carrión, conocido popularmente por sus zarzuelas y sus insuperables y evocadoras marchas fúnebres pasionarias. Sus composiciones se consideran 'la música del pueblo': los jumillanos la tienen como propia y se la saben de memoria.

Gracias al estudio realizado por Francisco Canicio, que obtuvo valiosos datos a través de los archivos del canónigo José María Lozano, sabemos que Antonio Salvador Pérez de los Cobos, nacido en 1629, era hijo de Francisco Pérez de los Cobos, 'el Rico'. Este personaje, que disfrutaba de grandes posesiones, dio su mote a la calle donde se ubica el histórico edificio. En los años cincuenta de nuestro siglo XX, desde la confitería de La Invicta, en la esquina con la Corredera, llegaba el olor tibio de las recién cocidas empanadas de patata. Eran las propias de la Semana Santa jumillana porque, como no escondían carne, podían comerse sin miedo a pecar.

La habitaron descendientes de los caballeros que ganaron para Castilla, en 1358, esta plaza

Su último inquilino, Julián Santos Carrión, compuso en el edificio parte de sus 400 obras musicales

La Casa de los Cobos queda en el número catorce, más cerca de Loreto que de la Corredera. En ella se almacenaban las cosechas y guardaban los carruajes. Era, pues, lo que se conocía como 'casa de labor', con doble bodega para vino y aceite. Las diferentes alturas de la planta baja son un dato más que avala tales usos. Otro es que, en 1638, la fachada era todavía de tierra y no había rejas, ni otros distintivos. En cambio, en 1672, en la 'vista e ojos' que hacen los escribanos de la Chancillería de Granada (para corroborar la hidalguía del residente) ya se describe la portada con todo lujo de detalles: el escudo de armas de los Pérez de los Cobos y abundantes signos de la Orden de Santiago, a la que pertenecían los miembros de la familia. En 1700 se deja constancia de la preciosa rejería de las ventanas. Cabe deducir que, en esa fecha, la Casa quedaba configurada como se nos muestra en la actualidad y con inquilinos disfrutándola.

Ahora mismo, la edificación es casi una completa ruina. Antes de iniciar las obras de su restauración definitiva (que afrontan el Ministerio de Fomento, con el '1,5% Cultural', y el Ayuntamiento de Jumilla), ya se ha renovado con estructuras de madera parte de la techumbre. Recorrer sus numerosas estancias, tal como se encuentran actualmente, es tarea complicada por peligrosa. En mi caso mereció la pena revivir recuerdos juveniles. Conocí y frecuenté la vivienda cuando la habitaba el maestro Julián Santos. Pasé allí no pocas madrugadas, escuchándole tocar al piano fragmentos de 'Farruca', la 'Suite Santa Ana', el pasodoble de las Mantillas, el 'Sambero', 'La niña del boticario', 'La moza de la Dehesilla' y tantas otras piezas magníficas, después de pasar la tarde/noche en el Casino (oficialmente Círculo Cultural), donde los tertulianos gozábamos de su conversación chispeante y casi siempre sarcástica.

La historia del edificio

Cuando terminen las obras que pronto se adjudicarán definitivamente, en la Casa de la Música y otras Artes Jumillanas se habilitará un espacio para que el visitante pueda conocer la historia del propio edificio. Habrá una biblioteca especializada, así como diversas salas temáticas: musicología (donde se guarden y exhiban los escritos de aquel 'periodista de la música' que fue Fieldman, seudónimo de Antonio M. Abellán), y de compositores (como el propio Santos y algunos tan actuales y prestigiados como Roque Baños), coros, bandas (con noticia de sus músicos y directores), bailes y cuadrillas, así como arquitectura, escultura, pintura, teatro, literatura y cine. Se montará, en el patio central cubierto, una exposición permanente de instrumentos. Uno será el viejo piano del que estuvo dotado el Teatro Vico. (El mismo maestro Santos acompañaba con su música incidental las películas mudas. Estamos ante un curioso precedente de las bandas sonoras que, muchos años después, darían lustre y fama a su discípulo Roque Baños, que ahora divide su tiempo entre Madrid y Los Ángeles). Diversas exposiciones temporales estarán referidas al mundo de la música y demás artes. Los tres grandes espacios del edificio serán: sala de audiciones, salón de actos y talleres con actividades ocupacionales y lúdicas.

La Casa de los Pérez de los Cobos, del Rico y, finalmente, de la Música y otras Artes Jumillanas acaba en un corralón que mira a la vieja calle de la Labor, que es estrecha y como muy familiar. En la postguerra civil olía a las cabras que pastoreaba Chaparro y a la madera que aserraban en la cercana carpintería de Inocencio Pastor. También regalaban su perfume suavísimo las flores tan frágiles de sendos árboles paraíso. Aquel, en el patio del ebanista; y este, en el de la propia Casa de la Música. Los zagales de los contornos acudíamos a este rincón para ver las funciones de teatro que montaban los hijos del maestro y sus amigos. Eran los mismos que interpretaban a los personajes del, acaso anacrónico pero entrañable, auto del Prendimiento que, cada tarde del Miércoles Santo, sube al tablado que se instala ante la fachada del antiguo Concejo.

Barones del Solar

Si deambulabas por la estrecha callejuela, podías escuchar susurros de modistas que laboraban bajo la tutela de Amelia, componedora muy exitosa de originales atuendos femeninos. También se oían, a horas tempranas, las toses mañaneras del afectuoso Tío Perico, que servía como mayordomo a los Barones del Solar, propietarios también en su momento del histórico edificio. El resto de las horas se las repartían amigablemente los acordes (repetidos y todavía titubeantes, porque aún no eran definitivos) del piano del maestro Santos -componiendo alguna nueva pieza- y las rachas intermitentes de la primitiva Radio Jumilla, Emisora Parroquial, que creó de la nada un habilidoso radiotécnico autodidacta, o sea Paco, el de Melchor.

No faltará en la Casa de la Música una recepción donde se atienda al visitante, ni sala de reuniones, ni tienda de recuerdos, ni tampoco un café-bar justo en la crujía principal, pero accesible desde el patio central y desde el corralón. Se está considerando -me dicen- la posibilidad de construir en este último espacio un pequeño auditorio ajardinado, para conciertos y representaciones.

Toda esta riqueza artística pretende cautivar y distraer no únicamente a quienes viven en Jumilla, sino, como dice su alcaldesa, Juana Guardiola, que es la tan tenaz capitana de este proyecto singular: «Tenemos vocación de que esta obra, que nos disponemos a iniciar muy pronto, aproveche a la entera Región de Murcia y aún más allá, si cabe. Queremos que la Casa de la Música y otras Artes Jumillanas sea alimento para el espíritu de todos aquellos que apetezcan visitarla. Y que lo hagan como si fuera algo propio. Porque el Arte ni siquiera pertenece a los creadores, sino que es patrimonio universal. Jumilla se sentirá orgullosa de elaborar, en este trujal, un vino viejo y nuevo a la vez, pero igualmente seductor, como es el de la Cultura».