La investigación del 'caso Nirta' se desinfla con la exculpación del primer sospechoso

Giuliano V., en los juzgados de Lorca, tras ser arrestado en 2017 en Albania y extraditado a España. / paco alonso / agm
Giuliano V., en los juzgados de Lorca, tras ser arrestado en 2017 en Albania y extraditado a España. / paco alonso / agm

La juez archiva el caso respecto del italiano Giuliano V. y ocho de sus presuntos compinches al no haber pruebas de que atentara contra un compatriota en Águilas

Ricardo Fernández
RICARDO FERNÁNDEZ

Era el sospechoso ideal, pero eso -claro está- no significa que fuera quien realmente asesinó a su compatriota Guiseppe Nirta. Con la exculpación del ciudadano italiano Giuliano V., que la juez de Primera Instancia e Instrucción número 3 de Lorca, Carmen Alcayde, acaba de decretar, la investigación iniciada en 2017 sobre un crimen de apariencia mafiosa cometido en Águilas sufre un duro golpe, hasta el punto de que amenaza con engrosar la dolorosa -y por fortuna, corta- lista de delitos de sangre irresueltos en la Región. El único hilo del que la Guardia Civil puede ya seguir tirando, y a fe que lo está haciendo sin descanso, se refiere a la supuesta implicación de la que era la novia del fallecido, una mujer de origen rumano llamada Cristina Elena T., quien permanece encarcelada desde el pasado octubre como sospechosa de estar, cuando menos, relacionada con el crimen.

Guiseppe Nirta, de 54 años de edad y conocido en la zona por el poco imaginativo apodo de 'El Italiano', encontró la muerte a primera hora de la noche del 9 de junio de 2017, cuando, acompañado de Cristina Elena, llegó a su domicilio del paraje del Charcón de Águilas, una casa con parcela, y al apearse de su Alfa Romeo recibió varios disparos de bala. La novia, que logró escapar indemne a la carrera, relató que un encapuchado había surgido de las sombras y había realizado media docena de disparos contra 'El Italiano'.

La aparente vinculación de Nirta con la denominada Ndrangheta, la mafia calabresa, como más tarde acabarían confirmando las autoridades italianas, unido a sus antecedentes por tráfico de drogas, llevó a los especialistas de la Policía Judicial de la Guardia Civil a orientar sus pesquisas en esa línea. Sin perder nunca de vista a la novia, pues había datos y circunstancias que no les cuadraban, centraron sus investigaciones en torno a un italiano residente en Lorca, Giuliano V., de unos 60 años, igualmente sospechoso de estar relacionado con el crimen organizado y que había sido condenado a una larga pena de cárcel por un gran alijo de marihuana. Uno de los datos que más llamaba la atención era que, casualmente o no, había salido de prisión con un permiso el día antes de que Nirta fuera asesinado.

Cuando Giuliano V. se fugó de la justicia española, los agentes vieron confirmadas sus sospechas y, unos meses más tarde, cuando fue arrestado en Albania con un pasaporte falso de Eslovenia, la juez instructora no dudó a la hora de reclamar su extradición como principal señalado por el asesinato. Junto a este ciudadano italiano, fueron arrestadas entonces otras ocho personas por su presunta relación con el crimen, bien como colaboradores o, simplemente, como encubridores.

En Derecho Penal, sin embargo, una cosa son las sospechas y otra bien distinta, las pruebas. Los muchos esfuerzos realizados por la Guardia Civil para tratar de demostrar la supuesta relación de Giuliano V. y sus amigos con este crimen no han acabado llegando a buen puerto. Algo que ya comenzó a intuirse el pasado noviembre, cuando la juez lo puso en libertad a pesar de la gravedad de los cargos -nada menos que un supuesto asesinato- y de contar con el precedente de una fuga.

Dos años después

Ahora, cuando se cumplen prácticamente dos años de la jornada en que Giuseppe Nirta fue mortalmente tiroteado, la instructora acaba de dictar un auto por el que ordena el archivo de las diligencias respecto del principal encausado, Giuliano V. y otros ocho encartados, admitiendo que las sospechas iniciales no se han consolidado en el transcurso de la investigación.

El caso sufre, de esa forma, un duro golpe y amenaza con venirse abajo irremisiblemente. Tanto es así que, en estos momentos, la investigación pende de un delgado hilo, el referido a la presunta implicación en los hechos de Cristina Elena T., la novia de la víctima, contra la que tampoco parecen existir pruebas especialmente contundentes.

El principal dato que la señala radica en que los análisis realizados sobre su ropa desvelaron la presencia de residuos de disparo, por lo que los especialistas de la Benemérita infieren que tenía que estar muy cerca del tirador y no descartan, incluso, que pudiera haber sido ella misma quien empuñó el arma.

Su defensa, ejercida por el letrado Evaristo Llanos, insiste en la línea de que la contaminación de la ropa fue accidental, posiblemente provocada por el traslado de la nube de pólvora merced a alguna racha de viento.

A falta de que pueda surgir algún nuevo elemento incriminatorio, la causa sobre este asesinato parece pender en estos momentos de algo tan leve como una ligera brisa.

Maza Ruiz: «Ha sido un evidente error judicial»

La defensa de Giuliano V., que ha venido siendo ejercida por Francisco Bernal Salvador y Manuel Maza Ruiz, quiso dejar constancia de que, con el sobreseimiento de las diligencias contra su cliente, «se pone punto y final a una investigación policial y judicial errática, que en sus orígenes parecía una caza de brujas contra Giuliano V. y su entorno familiar y social, con un saldo de ocho personas detenidas».

Los letrados consideran que, «lamentablemente, se ha producido un claro y grave error judicial, con consecuencias devastadoras para estas personas y sus respectivas familias; han tenido que luchar con una acusación muy grave y ante la que se hallaban impotentes en su inocencia».

Tras recordar que Giuliano V. estuvo catorce meses «privado injustamente de su libertad», así como otros seis meses una vecina de Asturias también encausada, manifestaron que, aunque «los recursos de la Justicia son escasos y están mal repartidos, en esta causa los mecanismos que sostienen la balanza han estado especialmente oxidados». De ahí que anunciaran acciones para reclamar una reparación por los daños sufridos por los ahora exculpados.