Las inundaciones se ceban con la pedanía lorquina de Campillo

El presidente escucha las reivindicaciones de una damnificada por la gota fría en Campillo, ayer. / j. insa
El presidente escucha las reivindicaciones de una damnificada por la gota fría en Campillo, ayer. / j. insa

Un centenar de vecinos exigen a López Miras el encauzamiento de la rambla de Biznaga para evitar nuevos destrozos

INMA RUIZLORCA

La pedanía lorquina de Campillo sigue convertida en una impactante laguna marrón tres días después de la última tormenta. Los vecinos han pasado el fin de semana achicando agua de sus viviendas y limpiando de barro sus enseres; ocho casas siguen aisladas y en una docena la crecida alcanzó un metro de altura en el interior de los inmuebles. Las palas retroexcavadoras no se han detenido desde el sábado en su labor de limpiar caminos, retirar obstáculos y despejar accesos, pero no ha sido suficiente para recuperar la normalidad. El presidente de la Región, Fernando López Miras, recorrió ayer estos escenarios de fango y lodo acompañado por concejales del equipo de gobierno municipal y de la oposición y por el presidente de la Comunidad de Regantes, Juan Marín, ya que en la zona hay decenas de hectáreas en cultivo completamente sumergidas.

Un centenar de vecinos rodeó al presidente y le reclamó el encauzamiento de la rambla de Biznaga, para evitar que el agua de otros cauces converja sin control en la pedanía en cada episodio de lluvia torrencial y quede estancada en la hondonada sobre la que se asienta Campillo.

López Miras escuchó las reivindicaciones vecinales y se comprometió a que técnicos de las consejerías de Agricultura y Agua y Fomento e Infraestructuras visiten la zona esta semana y estudien la solución más viable. La propuesta de los técnicos, dijo López Miras, será incluida el decreto para declarar la Región zona catastrófica. Durante la mañana hizo el mismo recorrido que López Miras la vicepresidenta Isabel Franco, que conoció la magnitud de la catástrofe acompañada por el alcalde, Diego José Mateos.

Los servicios municipales se afanaron ayer en la limpieza del barro y de los arrastres acumulados en los accesos a los centros escolares más afectados por las lluvias torrenciales, para que los alumnos puedan volver hoy a las aulas con normalidad. El patio del colegio de La Escucha fue el que resultó más dañado por el granizo que cayó durante la madrugada del sábado. Hubo que retirar árboles enteros y ramas de grandes dimensiones vencidos sobre el suelo por el pedrisco. Algunas de las persianas del centro también resultaron dañadas por los impactos durante la tormenta.

El transporte escolar funcionará con normalidad salvo en la línea de Campillo, que ha sufrido algunas modificaciones por la dificultad de acceder a algunos puntos de la carretera de La Almenara para recoger a los usuarios.