La Inspección detectó lagunas en los protocolos y registros de la residencia Obispo Azagra

Un informe interno insta a introducir algunas mejoras en el centro a raíz de la reclamación de una familia

Javier Pérez Parra
JAVIER PÉREZ PARRA

El servicio de Inspección de la Consejería de Familia detectó el pasado mes de marzo lagunas en los protocolos y registros de la residencia pública Obispo Azagra, situada en El Palmar. En un informe interno, los inspectores advirtieron de la ausencia de protocolos en aspectos tan básicos como los referidos a la higiene personal de los ancianos, las lesiones por presión, las incontinencias y los cambios posturales o movilizaciones. Además, en la mayor parte de los casos tampoco se encontraron registros en los que se detallasen las incidencias relativas a estas atenciones. La Inspección recordó que toda esta documentación es de obligado cumplimiento, «según la normativa vigente».

No obstante, la jefa del servicio de Inspección, Registro y Régimen Sancionador de la Consejería, María Luisa Coral, aclaró en el informe que «el centro ha presentado ya algunos de los protocolos y registros solicitados». Además, puntualizó que, en general, había documentación «que básicamente podría considerarse como sustitutiva de dichos protocolos», si bien no se ajustaba a lo marcado por la legislación y debía por tanto modificarse. Fuentes de la Consejería de Familia aseguraron ayer que todos los protocolos han sido ya elaborados.

La labor de la Inspección se realizó a raíz de una reclamación presentada por la hija de dos ancianos residentes en el centro. En agosto del año pasado, esta familiar se dirigió a través de un abogado a la Dirección General de Personas Mayores del IMAS para denunciar «falta de atención higiénica a los ancianos». Según advirtió, «los pañales con orines se mantienen durante demasiado tiempo, pudiendo causar heridas e infecciones irreparables para personas con escasa movilidad». Además, la familiar también se quejó de hematomas y cardenales causados por movimientos bruscos en los cambios posturales, y aseguró que ancianos con demencia que necesitan andador tienen que ir solos al baño.

En la reclamación se señalaba, asimismo, que algunos auxiliares «mantienen una actitud desagradable, pasiva y descortés para con los mayores». El escrito se presentó en nombre de varias familias, pero sin especificar cuáles. El pasado mes de febrero, la misma denunciante se dirigió de nuevo a la Dirección General de Personas Mayores, que derivó el caso al servicio de Inspección.

Tras la realización de entrevistas a los trabajadores y una visita al centro, los inspectores no detectaron las irregularidades denunciadas, pero sí se encontraron con la ausencia de protocolos debidamente desarrollados y registros. Sin embargo, «independientemente de la 'falta' constatada» en este aspecto, «no puede concluirse que haya podido afectar a la adecuada ejecución de las tareas aquí referenciadas, considerándose esta falta como algo 'mayormente formal' que no ha impedido que dichas tareas se hayan podido supervisar igualmente», concluyó el informe.

Sin identificación

La familiar que interpuso la reclamación insiste en que los fallos se mantienen. Denuncia que los trabajadores no van debidamente identificados con una placa, lo que impide interponer contra ellos quejas. Así lo constató la Inspección, que instó a la dirección de la residencia «a que se arbitren mecanismos para facilitar la identificación de los trabajadores por parte, principalmente, de los usuarios y familiares».

La residencia cuenta con unas 130 plazas. El sindicato Satse denunció el verano pasado la falta de personal. En concreto, el centro llegó a quedarse con 11 auxiliares de Enfermería por planta, cuando la plantilla es de 12, «para atender no a 30, ni 20, ni 50, sino a 60 personas mayores».

«Les gritan por motivos sin sentido, como pedir fruta»

Tres familias de ancianos usuarios del centro se han puesto en contacto con 'La Verdad' para mostrar sus quejas sobre el funcionamiento de la residencia. «Hay insultos y faltas de respeto» por parte de determinados trabajadores, denuncia una de estas familias. «Les gritan por motivos sin sentido, como pedir fruta para merendar, y adoptan actitudes pasivas, con el teléfono móvil durante largos periodos de tiempo» sin prestarles atención, relató otra familiar en una reclamación presentada el pasado mes de febrero. Sin embargo, la Inspección «no ha podido observar 'in situ' tal actitud, ni comprobar tales hechos». La dirección del centro no respondió a 'La Verdad'. Por su parte, fuentes de la Consejería recuerdan que no se ha detectado «ninguna anomalía ni deficiencia».

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