«Hay que incidir mucho más en el trabajo con los maltratadores»

María José Catalán posa en las dependencias de la sede del Colegio de Psicólogos de la Región, en Murcia. /Nacho García / AGM
María José Catalán posa en las dependencias de la sede del Colegio de Psicólogos de la Región, en Murcia. / Nacho García / AGM

«Los hijos son el tesoro más preciado dentro del seno de una relación y el amenazar con hacerles daño es habitual»

Alicia Negre
ALICIA NEGREMurcia

Semana tras semana saltan a las portadas episodios de violencia extrema en los que una persona busca dañar a su pareja o expareja, en ocasiones de manera indirecta. Hace unos días, un vecino de Castellón acabó con la vida de sus dos hijas, de 2 y 6 años, con la supuesta intención de vengarse de su mujer. Poco antes un británico, afincado en Fuente Álamo, había retransmitido su propio suicidio a través de las redes sociales para lanzar un dardo envenenado a su expareja. La psicóloga forense María José Catalán, decana del Colegio Oficial de Psicólogos de la Región, lleva tres décadas colaborando con los tribunales para abordar y tratar de prevenir nuevos episodios de violencia.

-¿Qué suele rondar por la cabeza de estas personas? ¿Tan grande es el deseo de hacer daño?

-Bueno, amenazas de suicidio o de hacerse daño es bastante habitual dentro de las relaciones de pareja en las que hay maltrato. Se utiliza ese tipo de presión, de chantaje emocional, para que la pareja continúe con la relación porque si no, va a ser una carga afectiva muy grande la que va a recaer sobre esa persona si finalmente llegan al extremo esas amenazas. En muchas ocasiones hay pequeños actos para tratar de llamar la atención, pero generalmente no llegan a término. Sí que se dan los suicidios ampliados. Lo vemos en las noticias. Matan a la pareja o expareja y después se suicidan. El hacer daño a otras cosas o personas, en este caso los hijos, para hacer daño al otro también está muy presente en estas relaciones de pareja. Los hijos, obviamente, son el tesoro más preciado que se tiene dentro del seno de una relación y el amenazar con hacerles daño es habitual. Afortunadamente no es tan frecuente llegar al extremo de matarlos.

«Muchas adolescentes ven normal el control del teléfono móvil por parte de su pareja y además lo justifican»

-¿Existe una patología detrás de estos casos o no hay esa relación?

-No debemos relacionar la violencia de género, que estamos acostumbrados a que el telediario nos difunda, con patologías. Sí que hay elementos disfuncionales dentro del funcionamiento de estas personas, pero generalmente no existe una patología detrás que pueda explicar la situación. Es decir, no hay un trastorno psicótico, una esquizofrenia, un trastorno maníaco-depresivo... En algunos casos sí, pero no es lo habitual. Sí existen esas disfunciones, pues porque ha habido un crecimiento disfuncional de esa persona a nivel evolutivo, porque ha vivido, a lo mejor, en un entorno donde la violencia ha sido la forma de relacionarse, donde los estereotipos machistas eran lo imperante... Es decir sí que hay elementos psicológicos o emocionales que hay que evaluar. Son dificultades que hay que trabajar también psicológicamente. Por eso, desde el Colegio insistimos mucho en que debe de incidirse mucho más en el trabajo con los maltratadores. Este va a ir en una doble función preventiva. Por un lado, va a impedir o amortiguar que esa persona vuelva a repetir acciones violentas con esa pareja o con otras parejas futuras. Además, la transmisión de violencia que pueda tener hacia sus hijos quedaría extinguida. Es fundamental el trabajo con los maltratadores abordando la comprensión que deben de tener de cuál es el daño que están infringiendo, las consecuencias... Aunque hay muchos programas en materia de violencia de género, no existe aún, a nuestro entender, una apuesta más decidida sobre esta cuestión.

-Y es crucial para plantarle cara.

-Sí, hay que incidir en este asunto y el de la educación en las primeras etapas de la vida de los niños. Allí se tiene que trabajar para erradicar los estereotipos de género, la resolución pacífica de conflictos...

-En las nuevas generaciones las cifras tampoco mejoran.

-Efectivamente. Personas que tenemos cierta edad pensábamos que con los cambios que se han producido en la sociedad habría un cambio. Sin embargo, continúan esas cifras tan elevadas. Encontramos muchas adolescentes que ven normal ese control por parte de su pareja del teléfono móvil y además lo justifican. Ese es el problema de muchas relaciones de violencia: la justificación.

«El riesgo es una de las valoraciones más difíciles de hacer porque conlleva la evaluación de muchos factores»

-En el caso del parricida de Castellón, la mujer había solicitado una orden de protección para ella y sus hijas que no se le concedió. ¿Hasta qué punto es efectivo el análisis de riesgo en estos casos?

-El riesgo es una de las valoraciones más complicadas de hacer porque conlleva la evaluación de muchos factores. Cuando una mujer pone una denuncia, lo primero que se hace desde la Policía es hacer un análisis de su riesgo. En casos de riesgo alto o extremo, se puede solicitar al Instituto de Medicina Legal la valoración del riesgo urgente, que se tiene que hacer a 72 horas y solo está atribuida a los médicos forenses. Desde la psicología forense consideramos que realmente se queda muy escasa esa valoración porque no tiene en cuenta aspectos de la personalidad. Realmente hay que hacer una evaluación muy extensa, con multimétodos. Tenemos que contrastar la información que estamos recabando con distintas fuentes. Es una valoración que conlleva mucho tiempo. No basta con 'tiene armas, toma drogas...'.

-No es tan fácil como un test.

-Efectivamente. Todo eso son potenciadores, y hay que tenerlos en cuenta, pero tenemos que analizar cuál es la situación emocional de esa persona que, además, es dinámica. Hoy puede estar bien, pero tenemos que saber también cuál ha sido su recorrido para hacer una proyección. Porque en el fondo lanzamos al futuro una proyección sobre la base de cuál ha sido su historia, cómo se ha ido comportando... Para eso necesitamos tiempo.

-¿Hasta qué punto intervienen ustedes en esas valoraciones? Creo que el porcentaje es algo escaso.

-La evaluación urgente del riesgo está atribuida solo al médico forense. Sí que entramos en la valoración integral de los casos de violencia que se nos solicita desde los juzgados. Interviene el médico forense, el trabajador social y los psicólogos. Cada uno debe evaluar los aspectos que corresponden a su campo de conocimiento. Analizando tanto a la víctima como al agresor, en algunos casos también a los niños, se aborda la situación de manera integral. Esto da mucha riqueza a la hora de hacer el análisis, pero conlleva necesidades de personal. Coordinarse tres profesionales para hacer una valoración de manera tan extensa es difícil.

-¿Hay señales que pueden advertir del riesgo, por ejemplo, de que alguien haga daño a sus hijos?

-Hay señales, pero en cada caso hay que analizarlas de una manera específica. Si queremos hacer un patrón que nos sirva para todo, va a ser imposible. Este padre, si resulta que ya ha agredido a la madre, ha agredido a los hijos porque la forma de reprenderlos es a través de castigo físico, eso va correlacionar... No. Normalmente eso no va a correlacionar con otra situación más grave. Por eso hay que valorar el riesgo de una manera individualizada. Entendiendo que el acierto total nunca lo vamos a tener, tenemos que conseguir la excelencia en nuestro trabajo. Consiste en una buena formación, que haya una buena coordinación y que todos hablemos el mismo idioma. Hay que tener, además, una buena formación en violencia de género. Si no conoces las reacciones de la víctima, a veces puede pasar que, entre comillas, no te la creas. Ante una situación extrema se espera que la persona se derrumbe y llore, sin embargo, nos encontramos ocasiones en las que la persona lo cuenta con una entereza que sorprende. Tendremos que analizar por qué esta persona tiene esa forma de expresarse. Puede ser que esté embotada emocionalmente y no sea capaz de explotar a nivel de sentimientos. Cada persona es diferente. Por eso, son muy malos los estereotipos, los clichés, las ideas preconcebidas que podemos tener a la hora de hacer las evaluaciones. Tenemos que ir con una perspectiva de folio en blanco.

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