«La humanización es la asignatura pendiente en nuestra economía»

Álex Rovira, ayer. AGM/ J. CARRÍÓN /
Álex Rovira, ayer. AGM / J. CARRÍÓN /

El divulgador, escritor y consultor, Álex Rovira, reivindica el liderazgo empresarial de la «inteligencia colaborativa» frente al de «yo mando, tú ejecutas»

Zenón Guillén
ZENÓN GUILLÉN

El economista, consultor y escritor Álex Rovira (Barcelona, 1969) volvió a sacar ayer todas sus dotes comunicativas en Murcia para inspirar, motivar y comprometer en favor de una visión más humanista del desarrollo productivo. Y lo hizo en una conferencia ante más de 200 cargos intermedios del Grupo Huertas que participaron en la jornada anual de esta empresa de automoción.

-Tras la profunda crisis que se ha vivido, ¿cree que se ha aprendido la lección para salir reforzados?

-Algunos sí y otros no. Porque no fue una crisis, fue una estafa, un robo de la élites financieras y de la clase política corruptas. Y aunque lo acontecido ha hecho a muchos más conscientes, sobrios y solidarios. Ahora, esa situación crítica generada no ha llevado a un criterio común. Porque muchos no habrán aprendido la lección. Por lo que vendrán más crisis. Así que es muy importante que hagamos pedagogía a nuestros hijos de valores con valor: de cómo gestionar bien, de no especular y de tantas cosas.

-¿Cómo se puede ayudar a los más damnificados en estos años, sobre todo, a los desempleados?

-El Estado tiene que aplicar realmente políticas eficaces, pero, por supuesto, los emprendedores, la gente que tenemos trabajo también tenemos que darles oportunidades. Algo que no solo pasa por darles un trabajo, sino por formarlos y capacitarlos, tanto cognitiva y operativamente como emocionalmente, para que sepan que pueden prosperar. Tenemos que darles un plan de vida, de promoción. Debemos asumir que la humanización es la asignatura pendiente en nuestra economía. Como decía José Luis Sampedro: «Tenemos que trenzar». Se trata de ser más sobrios, de repartir mejor la renta, de ir a tasas de fiscalidad mayor para las rentas altas.

-Pero la desigualdad está disparada.

-Debería ser imposible que una multinacional tenga una tributación al 8%, mientras la clase media trabajadora llega al 50%. Pero, ¿dónde estamos, de qué estamos hablando? Por lo tanto, tiene que haber una nueva ética profunda de respeto a la persona, de generación de empleo desde la voluntad de compartir la riqueza. No puede ser que una Sicav pague un 1%.

-Sin embargo, no parece que exista una predisposición a ese cambio.

-Hay de todo. Depende de las personas. Porque hay quienes buscan su supervivencia, su rentabilidad, pero tienen una vocación de servicio a su comunidad, de mantener puestos de trabajo. Conozco algún director general que se bajó el sueldo un 50%. Y aunque son los menos, lo son.

-¿De qué manera se desarrollará el nuevo liderazgo de las empresas?

-Históricamente venimos de un liderazgo del estilo del capataz: yo sé, tú no sabes, yo mando, tú ejecutas, y este modelo seguirá prevaleciendo en algunas organizaciones, pero yo creo que se impondrá otro basado en la capacitación de las personas y en la inteligencia colaborativa, buscando organizaciones mucho más autónomas. Se trata de relaciones no tanto de acatamiento sino de autonomía, y con una visión compartida, consensuada, con una cultura potente.

-¿Y qué es la cultura empresarial?

-Hay que entenderla como la integración de un conjunto de hábitos que hemos creado entre todos y que hemos ido haciendo una pedagogía. Y creo que el liderazgo empieza por la creación de una cultura, a partir de la búsqueda de la excelencia en lo que tiene que ver con las competencias emocionales y sociales, cognitivas, operativas, creativas, del compromiso en una visión compartida y éticas. Y cuando se fragua todo este conjunto en un estilo propio es cuando se consigue que las organizaciones prevalezcan a largo plazo.

-Pero, ¿los empresarios tienen claro la importancia de este valor?

-Entre la gente joven hay ya una mirada distinta. Algunos llegan a la responsabilidad social corporativa para vender más, pero otros lo hacen desde una profunda convicción. Así que no se puede generalizar, pero lo interesante es que al mirar las rentabilidades hay una clara evidencia de que las organizaciones que buscan esta consciencia del respeto al talento tienden a tener crecimientos más sostenibles, a retener más el talento y a crear mejores climas laborales. Por lo tanto, el salario financiero pasa, incluso, a un segundo plano a veces porque hay un salario emocional y de pertenencia. Es un modelo que emerge, muchas veces de corte cooperativista, y que se traslada cada vez más a las estructuras tradicionales.

-Precisamente, el cooperativismo es un rasgo de esta Región.

-Sin duda, es un modelo muy importante, que ha dado un impulso a la economía murciana, sobre todo, en el sector primario, siendo un referente a nivel mundial.

-¿Cree que podría aprovecharse mejor el potencial de la cultura agraria y de la huerta que tiene esta tierra?

-Por supuesto que sí. Desde esa singularidad habría que poner en valor la transformación estructural que se ha hecho de la economía y de los procesos en esta Región, a partir de un instinto de supervivencia y prosperidad. Aunque eso no se ha puesto aún en valor como un sello propio, pero yo si fuera un gobernante de este territorio, haría de eso un activo.

-En cuanto al sector tecnológico, ¿estamos preparados y formados?

-No. Las nuevas generaciones están muy metidos en la tecnología, pero falta humanización. Porque una sin la otra no te llevan a una transformación sostenible. Y creo que existe poca reflexión sobre la cultura y la ética. Así que lo importante no es la tecnología en sí misma, sino cómo tú la integras en la cultura.