«Iba de histaminas hasta arriba»

Agentes del Ucoma de la Guardia Civil, el pasado junio, durante un registro en las instalaciones de Ricardo Fuentes e Hijos. /Javier Carrión / AGM
Agentes del Ucoma de la Guardia Civil, el pasado junio, durante un registro en las instalaciones de Ricardo Fuentes e Hijos. / Javier Carrión / AGM

El sumario de la 'Operación Tarantelo' contra la pesca y el tráfico ilegal de atunes ofrece múltiples indicios de que la trama sacaba al mercado producto en mal estado. La Guardia Civil acusa a responsables del Grupo Fuentes de actuar «con un desprecio absoluto por la salud pública» y de provocar intoxicaciones alimentarias

Ricardo Fernández
RICARDO FERNÁNDEZ

El 15 de junio pasado, a las 7.09 horas de la mañana, los agentes de la Unidad Central de Medio Ambiente (Ucoma) de la Guardia Civil intervinieron la conversación entre Francisco S.L., uno de los hombres de confianza de la firma Ricardo Fuentes e Hijos, y un comercializador de pescado llamado Isidro. Este último le pedía que le mandara pescado, atunes, y que fueran de los buenos, «porque de lo del otro día todavía estoy haciendo abonos e incluso un cliente me acojonó, porque se había intoxicado la gente porque eso picaba. Teníamos que haber tirado los atunes (...). Yo lo hice con toda la buena fe, pero luego me arrepentí, porque vino uno que me dijo que eso son histaminas, que estaban llenos de histaminas, pero no lo relacionaron con nada. Pero si mandas a tres o cuatro al hospital, allí enseguida te hacen una alerta sanitaria, te paralizan la partida y luego nos metemos en un problema gordo todos».

Isidro sostenía que «eso tiene que ser porque el pescado está fondeado -la investigación ha desvelado que los atunes se capturaban ilegalmente en Italia y los mantenían sumergidos, para soslayar las inspecciones, hasta que se podían transportar sin riesgo-. El del sábado -añadía-, el primer día que los mandaste, el que yo no vi, había uno (de color) rojo Ferrari y es el que más problemas ha dado de histaminas; el 'sagancho' -la parte más oscura de la carne del atún- estaba descompuesto». Francisco le instó a que cuando eso ocurriera devolviera el pescado y le preguntó si no tenía material para hacer análisis e Isidro le respondió que no. «Si se los llego a hacer, ese iba de histaminas hasta arriba. Bueno, no va a pasar nada, porque eso ya se lo han consumido todo. Los dos malos los hicimos el sábado y el otro el martes; entonces, estamos ya a viernes y no creo que tengamos ningún problema».

Un cuadro tóxico que produce picores, náuseas y hasta dificultad respiratoria

En un atestado específico sobre los riesgos para la salud que entraña la comercialización de atún en mal estado, los especialistas de la Unidad Central de Medio Ambiente (Ucoma) de la Guardia Civil se centran básicamente en destacar los efectos que producen las histaminas. Se trata de moléculas generadas por agentes biológicos, como el de la putrefacción, que hacen que el aminoácido histidina se transforme en histamina por la acción de bacterias que liberan una enzima. Estas moléculas pueden generar en las personas una intoxicación que se caracteriza por enrojecimiento de la piel, picor, ronchas, náuseas, vómitos, diarreas y dificultades respiratorias en los casos más graves.

Este extracto de conversación, junto a otros muchos de similar calado que integran las diligencias del 'caso Tarantelo' contra la pesca ilegal de atún rojo y su puesta en el mercado con documentación presuntamente falsificada y, en algunos casos, en deplorables condiciones de salubridad, vendrían a demostrar -en palabras de los especialistas de la Ucoma- «el desprecio absoluto por la salud pública» con el que habría actuado esta trama, en cuya cúspide se encontraban presuntamente altos responsables del grupo empresarial murciano Ricardo Fuentes e Hijos.

«Si mandas a 3 o 4 al hospital, enseguida te hacen una alerta sanitaria y nos metemos en un problema gordo»

Después de hablar con Isidro, Francisco se pone al habla de uno de sus jefes, Juan Pedro Fuentes, y le pone al tanto de la situación. Le informa de que «del camión nuestro de ayer, el 50% salió 'chocolate' (en mal estado). Y Juan Pedro le conmina a adoptar precauciones: «La situación, del tema del Seprona, el rollo está en llevar cuidado con el tema, porque tenéis pescado no...». «Correcto», le responde Francisco, quien añade: «Lo que me preocupa es el tema de la histamina también, porque Isidro me ha dicho que ha pasado una semana malísima y la cosa es que era el mejor pescado».

- ¿Ahora tenéis ahí 40 pescados malos?, -le interroga Juan Pedro.

- Correcto. Está guardado en una cámara, en el fresco.

- Pues tener cuidado. ¿Se han ido los camiones italianos?

- Sí.

Siempre según los atestados policiales, a los que 'La Verdad' ha tenido acceso, los integrantes de este presunto grupo delictivo llevarían largo tiempo actuando «a sabiendas de que ponen en el mercado de alimentación humana un pescado en mal estado sanitario, que procede de capturas furtivas en el Mediterráneo, en concreto en Italia, y que es trasladado a España sin documentos de trazabilidad de ningún tipo -los llamados eBCD/ICCAT- y sin los controles sanitarios correspondientes e indispensables para su comercialización».

En estos casos, cuando se trata de atunes que habían sido pescados furtivamente y cuyas características organolépticas (olor, aspecto y sabor) se encontraban ya comprometidas, el modo de actuación habría consistido en trasladarlos a las instalaciones de la firma en Murcia, donde el pescado era troceado, congelado y se le aplicaban presuntamente unos aditivos «que permitían enmascarar el aspecto y el olor para ponerlo a la venta». Este presunto proceder, con el empleo clandestino de sustancias químicas para camuflar el deterioro del pescado, explicaría frases como la reproducida antes, en la que se hablaba de una carne de color «rojo Ferrari».

El problema estriba en que, según advierten los agentes del Ucoma, la congelación no acaba con el proceso de producción de histaminas -moléculas surgidas en los procesos de descomposición orgánica que pueden producir graves intoxicaciones-, pues solo lo paraliza y se reactiva una vez que la pieza es descongelada. Ello implica un peligro para la salud pública.

«Han sido dos malestares»

Tanto es así que la investigación del 'caso Tarantelo' habría permitido obtener indicios de que el riesgo de intoxicaciones no se quedó en un plano meramente teórico, sino que hubo consumidores que llegaron a sufrir problemas de salud. En una conversación captada el 11 de junio pasado entre otro de los presuntos lugartenientes de la compañía Ricardo Fuentes e Hijos, Eduardo L., y una empleada llamada Elisa, el primero le cuenta que han etiquetado el pescado con la etiqueta FAO 34, cuando debía llevar la de FAO 31, y le explica que «en el lote del congelado ya lo he puesto correcto». Cuando la mujer le pregunta si se alguien ha resultado intoxicado, Eduardo le hace saber que «han sido dos malestares».

Cuatro días más tarde, Eduardo L. habla con Francisco S.L. y este le dice que «vaya mierda de atún rojo, el nuestro 50% malo». Eduardo le responde que «el mío también, Llevará unas 58 piezas y buenas tiene 21, pero aunque no valgan para tronco ni valgan para venderlas como frescas, ¿para que valgan para...? Que no esté el pescado fermentado, que aunque esté falto de color que sea vendible».

El 18 de junio, Francisco S.L. habla con uno de los máximos responsables del grupo atunero, Juan Pedro Fuentes, y este le pregunta qué tiene para él. Francisco le contesta que «tengo lo que rechazaron, los 40 que rechazaron y que te han llegado dos camiones del mismo esta noche». Juan Pedro Fuentes le dice: «Quiero un camión y los que salgan malos del otro camión».

En otro contacto entre Francisco S.L. y un tal Isidoro, este le informa de que «he vendido el pescado a ocho euros, pero he vendido pescado que no teníamos que haber vendido, porque en las manos te picaban y estaban corrompidos. Los habrán tenido ahí fondeados, escondidos, para después sacarlos; ya sabemos cómo funciona esto». Paco le responde que «sobre todos con los italianos; no te puedes fiar de uno». Y añade que «los he podido vender a ocho euros; a ver a qué precio te los puedo dejar».

Luego, Juan Pedro Fuentes telefonea a Eduardo L.P. y le pregunta para quién son los troncos de atún. Eduardo le da el nombre y le explica que «son cuatro troncos hoy, y seis el lunes de color chocolate para Sevilla. El de hoy es pescado flojo de color. Lo que ha sobrado lo he hecho troncos y lo he puesto a siete euros».

«Lucro y enriquecimiento»

En ese último extracto, en el que los dos interlocutores se refieren al precio del kilo de atún rojo, estaría clave de que esta presunta trama estuviera comercializando «ejemplares procesados y congelados, procedentes de capturas furtivas, indocumentados y efectuando los pagos en B», a lo que se añadiría el aparente mal estado sanitarios de algunas piezas. Y esa clave, en opinión de los investigadores y por toda lógica, no sería otra que la codicia. «El objetivo de los implicados es el lucro y el enriquecimiento, con la puesta en el mercado de ese producto, aún a sabiendas de que infringen todo todo de normativa sectorial e incluso penal, al ignorar que son ellos mismos los garantes de la puesta en el mercado de productos que no afecten a la salud humana», concluyen los especialistas del Ucoma en uno de sus atestados, dirigido al juez de la Audiencia Nacional que instruye el asunto.

'Topos' en la Administración

Para explicar cómo los presuntos integrantes de la trama podían estar actuando supuestamente de tal manera sin ser detectados, los investigadores apuntan en sus informes al hecho de contar con la presunta complicidad de funcionarios públicos. Días atrás, 'La Verdad' ya informó de que un agente, perteneciente a la Comandancia de la Guardia Civil de Murcia, estaba siendo investigado en estas diligencias por haber alertado a un directivo de Ricardo Fuentes e Hijos de que había un coche camuflado del Ministerio del Interior siguiendo sus movimientos. Este soplo estuvo a punto de dar al traste con meses de investigaciones sobre la 'Operación Tarantelo'.

Pero, además, el Ucoma alerta al juzgado de que, a través de las conversaciones intervenidas, se deduce que la compañía contaba presuntamente con la colaboración «de facultativos de la Administración Pública», inspectores veterinarios muy probablemente, «en cuanto a los controles que se realizaban sobre los ejemplares de atún rojo y sus partes», hasta el extremo «de que les avisan de las próximas inspecciones que realizarán, o incluso les solicitan que preparen las muestras que recogerán a posteriori». Una circunstancia que, de demostrarse, explicaría que esas prácticas supuestamente ilícitas no se hubieran detectado antes.

La firma sostiene que «atún malo» solo equivale a «de menor calidad»

La compañía Ricardo Fuentes e Hijos, a la que este periódico ofreció la oportunidad de dar su versión de los hechos, indicó que las referencias que se hacen entre empleados y responsables de la empresa a la comercialización de «atún malo» en absoluto se refiere a un pescado que esté en mal estado o que implique algún riesgo para la salud. «En el argot del sector hay muchos tipos de atún dependiendo del origen. Está el de máxima calidad, que es el 'bueno', el procedente de los viveros y que se destina incluso al consumo crudo, y que no es equiparable al que viene de almadraba o de palangre. Aunque nos podamos referir en este último caso a un pescado 'malo', solo quiere decir que es de inferior calidad, por más que esté en condiciones óptimas de ser consumido», indicaron.

Igualmente, un portavoz de la firma quiso reseñar que «la calidad siempre ha sido la máxima preocupación de esta empresa» y aseguró que «nunca hemos tenido un solo caso de intoxicación. Si hubiera existido cualquier riesgo para la salud pública, no estaríamos funcionando con normalidad, como lo estamos haciendo, porque habrían clausurado las instalaciones».

Aunque admitieron que siempre puede producirse «algún problema puntual, en esos casos se procede a retirar la mercancía y a destruirla y se puede constatar en algunas conversaciones intervenidas por la Guardia Civil».