Golpe policial a una red de tráfico de seres humanos con cinco detenidos en la Región

Agentes de la Policía Nacional, junto a uno de los detenidos, durante uno de los registros. / Policía Nacional

La organización captaba inmigrantes ilegales en Almería para llevarlos hasta Francia y Bélgica en rutas de autobús que pasaban por Murcia y también utilizaban para traficar hachís

EP

Agentes de la Policía Nacional, en colaboración con Europol, desmantelaron una red criminal dedicada principalmente al tráfico de seres humanos y a la sustracción de menores de los centros de protección, con destino a Francia y Bélgica, según informó el Ministerio del Interior. En total hay 29 personas detenidas, cinco de ellas en la Región.

La red utilizaba autobuses de empresas ubicadas en Marruecos, España y Francia, cuyo punto de partida era el Puerto de Almería. La organización contaba con un grupo de captadores especializados por nacionalidades: marroquíes, argelinos, malienses y sirios. Uno de sus miembros sustraía a menores malienses de un centro de protección de Almería para ser traficados a Europa.

Además, empleaban los autobuses para el tráfico de hachís, contrabando de tabaco y especies cinegéticas, ocultando las mercancías en huecos que creaban de manera expresa para ello. La investigación finalizó con la detención de 29 personas, en su mayoría marroquíes. De ellos, 26 fueron detenidos en España (11 en Almería, 5 en la Región, 3 en Alicante, 3 en Barcelona, 2 en Valencia, 1 en Tarragona y 1 en Bilbao) y tres en Francia.

De ellos, once ingresaron en prisión provisional sin fianza. Tras catorce entradas y registros, se intervinieron más de 33.000 euros, diversa documentación, material informático, más de 200 kilogramos de hachís, un vehículo y un remolque. La investigación comenzó cuando la Policía de Francia comunicó a la Policía Nacional que un ciudadano español había sido detenido por conducir un autobús donde viajaban 22 inmigrantes irregulares, entre ellos seis menores de distintas nacionalidades africanas.

Por ello, se inició un operativo en diversas ciudades españolas con la finalidad de identificar a los miembros de una organización criminal que estaban favoreciendo la inmigración clandestina haciendo uso de empresas de autobuses ubicadas en Marruecos, España y Francia. También se descubrió que el administrador único de las empresas era un ciudadano marroquí, presunto jefe del entramado criminal.

Rutas internacionales con parada en Murcia

Desde el Puerto de Almería, varios de los detenidos captaban a inmigrantes que acababan de llegar a España en patera o de otra forma clandestina. Después, les ofrecían llevarles en autobús hasta Francia o Bruselas, cobrándoles hasta tres veces más que a un pasajero regular.

Estos captadores formaban grupos especializados en nacionalidades, divididos en marroquíes, argelinos, malienses y sirios. El grupo que se encargaba de los malienses se dedicaba a sustraer menores extranjeros no acompañados de un centro de protección de Almería. Para fugarse del centro, los menores empleaban la violencia contra los trabajadores sociales.

Además, en Almería, la organización criminal contaba con los servicios de una persona que ofrecía alojamiento a los inmigrantes irregulares en sus pisos a cambio de una elevada contraprestación económica, ya que les hacían pagar por dormir hacinados en habitaciones. Los captadores no se limitaban a estas prácticas, pues también controlaban el contrabando de tabaco, tráfico de hachís y especies cinegéticas en el puerto.

Las 'taquillas black'

Desde Almería, los autobuses iniciaban dos rutas, una con destino a Estrasburgo (Francia) y otra con destino a Bruselas (Bélgica). Ambas tenían numerosas paradas a lo largo de la costa mediterránea para la subida de más inmigrantes. Estas paradas son las denominadas 'taquillas black' y se situaban en hoteles o locutorios, conocidos por los inmigrantes, que se localizaban en Murcia, Alicante, Barcelona y Tarragona. Llegaron a profesionalizar el negocio en las estaciones de autobuses de Madrid, Barcelona y Murcia, contando con sólidos contactos criminales que les conseguían pasajeros irregulares y menores extranjeros no acompañados.

Para diversificar su negocio y obtener mayores beneficios, la organización criminal empleaba los autobuses también para el tráfico de hachís, contrabando de tabaco y tráfico de especies cinegéticas. La red contaba con una infraestructura al servicio de otras organizaciones criminales, elevando los contactos al ámbito trasnacional. Los agentes encontraron grandes cantidades de dinero ocultas en huecos de los autobuses.

Para poner fin al entramado criminal, se diseñó un operativo policial con el objetivo de emprender 14 entradas y registros simultáneos en domicilios y locales asentados por los detenidos: seis en Almería, tres en Murcia, una en Alicante, dos en Barcelona, una en Tarragona y una en Francia.