«El fotógrafo debe estar siempre alerta y saber anticiparse a la situación»

«El fotógrafo debe estar siempre alerta y saber anticiparse a la situación»
Silvia Ferrer, fótógrafa

MINERVA PIÑERO

Silvia Ferrer (Murcia, 1986) lleva la fotografía en sus venas. Recuerda, como si el tiempo se hubiera detenido en el local que su padre regentaba, cómo empezó a utilizar las antiguas máquinas de revelado en su laboratorio y la emoción al entregar los esperados carretes a los clientes. Una tienda que más tarde heredó y convirtió en uno de sus estudios, donde ejerce como especialista en fotografía infantil y bodas, la ocupación en la que ha sido reconocida con numerosos galardones, como fue el Premio Nacional Principado de Asturias a la Mejor Fotógrafa de Bodas en los años 2012 y 2014. Contemplar el resultado y poder transmitir la emoción de una sonrisa y una lágrima es, asegura la profesional, «el fin de este arte».

¿Qué se valora en los concursos en los que ha sido premiada?

–El impacto visual y la novedad. También la técnica, la iluminación, el tratamiento, la composición y la historia que se quiere contar. Aspectos que deben estar bien llevados a cabo. El resultado tiene que ser una foto sin errores y atractiva.

¿Tres consejos a la hora de hacer una fotografía?

–Lo primero es saber cómo funciona la cámara; saber qué es lo se tiene en las manos. También es importante tener ciertas nociones sobre encuadres y posiciones, como puede ser la regla de los tercios. No se puede disparar al centro: hay que jugar con la composición y la perspectiva. Después, es necesario estar alerta y saber anticiparse a la situación.

¿Anticiparse?

–Sí. En las bodas, por ejemplo, siempre estoy pendiente de las reacciones de la gente antes de entrar a la iglesia. Cuando un invitado llega a un evento de este tipo, empieza a buscar a algún familiar para, después, sonreír al encontrarlo. Y el fotógrafo sabe que en ese momento va a saludar a alguien. De esta forma, se consiguen los planos robados, ya que prácticamente todos tenemos las mismas reacciones en situaciones semejantes.

¿Y qué aspectos recomendaría tener en cuenta a quienes pretenden contratar a un fotógrafo?

–Dos que son fundamentales. Uno sería que hubiera 'feeling' y confianza con el fotógrafo porque, al final, es una de las personas con las que más tiempo pasan los novios. Otro, sería buscar qué trabajos ha realizado anteriormente como profesional y no dejarse llevar por una única fotografía que le haya gustado al cliente.

¿Cuál es la mayor complicación a la que se puede enfrentar en su profesión?

–Que no haya una buena iluminación. Creo que más determinante que las personas que pueden estar delante de la cámara, más que la situación y el encuadre, la luz es un factor fundamental. Sin ella, es difícil que el fotógrafo capte lo que persigue.

¿Qué echa de menos de la cámara analógica?

–Lo que echo de menos es que hace unos años, como no existía la actual inmediatez, la gente estaba deseando que se revelasen sus fotos. Se esperaban con ansia. Ahora tenemos imágenes por todas partes, por las redes sociales como Facebook e Instagram, en los anuncios de la televisión... Antes solo contábamos con un carrete de 36 fotografías y con sus respectivos días de espera para poder ver el resultado. Una foto era un tesoro.

¿Qué atrezo utiliza?

–Si son sesiones de estudio, contamos con un almacén repleto de chismes. Los suelo utilizar en los trabajos de fotos que realizo con bebés.

¿Como cuáles?

–Todo lo que se puede imaginar. Asientos de diversos tamaños y tipos, flores, cestos para meter a los bebés, diferentes telas...

¿Qué escena le gustaría captar?

–Muchísimas. Me encantaría, por ejemplo, poder fotografiar a alguien que fuera extravagante por su forma de ser o de vestir; retratar a una persona a la que fuera difícil hacer posar. Me imagino, por ejemplo, a Trump: es raro, cae mal y dudo que me dejase hacerle una sesión a mi manera. Sería un reto personal. Y eso me gusta.

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