El fiscal pide 364 años para una banda lituana que robaba vehículos de lujo

Un guardia civil, con material tecnológico intervenido en la operación. /G.C.
Un guardia civil, con material tecnológico intervenido en la operación. / G.C.

Los sospechosos, que vendían los coches en la antigua URSS y en África, reinvertían los beneficios en el tráfico de drogas

Ricardo Fernández
RICARDO FERNÁNDEZ

El escrito de calificación formulado por el Ministerio Fiscal, en el que se piden elevadísimas penas de prisión para los veinte presuntos integrantes de dos organizaciones criminales lituanas, dedicadas a la sustracción de coches de lujo y a su posterior venta en África y países del Este de Europa, permite conocer cómo funcionan este tipo de bandas especializadas. Unas redes delictivas que desde hace años despiertan el temor de cualquier propietario de un vehículo de cierto valor y que, sin embargo, en tan escasas ocasiones han podido ser perseguidas con éxito y desmanteladas.

Las diligencias judiciales, que han concluido con el señalamiento de un juicio de tres meses de duración que debe arrancar en septiembre, se iniciaron hace ya una década, cuando la Guardia Civil obtuvo las primeras informaciones sobre la actividad de uno de estos grupos, que había convertido Murcia y Almería en su particular territorio de caza.

Todo apuntaba a que en esta zona estaban operando delincuentes altamente especializados, pues eran capaces de burlar los sistemas de seguridad de los vehículos merced al uso de llaves falsas y, especialmente, de dispositivos electrónicos de su invención, con los cuales lograban interferir las ondas radioeléctricas de los mandos a distancia y duplicarlas. Igualmente, conseguían alterar las centralitas electrónicas, cambiando los códigos de acceso y arranque, con lo que podían abrir los coches y arrancarlos sin emplear apenas fuerza alguna.

Las organizaciones usaban las vías de Londres, París y Marsella para trasladar los automóviles a otros países en contenedores

Fijación con los Land Cruiser

Aunque los integrantes de la organización llevaban meses sustrayendo vehículos de gama media-alta, con especial fijación por los Volkswagen Passat y algunos todoterrenos de gran cilindrada como los Toyota Land Cruiser, no fue hasta agosto de 2009 cuando los agentes especializados en delincuencia organizada del SDOA dieron un paso trascendental en sus pesquisas. Ocurrió cuando uno de los supuestos delincuentes sustrajo un Toyota Land Cruiser en San Pedro del Pinatar y lo trasladó a un aparcamiento subterráneo de la localidad almeriense de Cuevas de Almanzora. Allí se dejó estacionado, a la espera de que se dieran las circunstancias para cambiarle las matrículas y los números del bastidor y poder trasladarlo a otro país con documentación falsa, procedente de robos en vehículos del mismo modelo o de otros coches que habían sido dados de baja. En este estacionamiento, fue localizado el vehículo por la Guardia Civil que, en vez de recuperarlo y devolverlo inmediatamente a su dueño, le instaló una baliza y comenzó a seguir sus movimientos con discreción. El siguiente lugar de parada fue un chalé de San Juan de los Terreros, en Pulpí, en el que acabaron produciéndose las primeras detenciones de esta operación.

A partir de ese momento, parte de la actividad del grupo delictivo se trasladó hacia la zona del norte de Alicante, donde siguieron presuntamente inmersos en las mismas actividades. Los agentes constataron, asimismo, que una parte importante de los beneficios que obtenían con el tráfico ilegal de coches lo destinaban a la adquisición de drogas, principalmente hachís, pero también cocaína, al objeto de multiplicar sus ingresos.

Incautaciones de droga

El 1 de diciembre de 2009, los guardias civiles lograron interceptar un Volvo en Almería, cargado con 72 kilos de hachís, y, quince días más tarde, repitieron éxito al detener una furgoneta, en la autovía de Almería a Murcia, con otros 77 kilos.

Un mes más tarde, ya en enero de 2010, se procedió a explotar la operación y a detener a una decena de presuntos miembros, entre quienes se encontraba Romas K., su presunto líder. Entre los efectos intervenidos, se encontraban un buen número de coches, de documentación y matrículas falsificadas, aparatos para extraer códigos de los vehículos, decenas de llaves de automóviles, 54.500 euros en billetes de 500 y un kilo de cocaína.

Redes interconectadas

Para ese momento, la Guardia Civil tenía ya enfilada a otra presunta banda de robo de coches de lujo, cuyo líder sería Giedrus B. y que mantenía estrecho contacto con la primera organización desmantelada. Este grupo, centrado sobre todo en los Honda CRV, actuaba en apariencia entre las provincias de Alicante y Valencia y solía utilizar las vías de Reino Unido, París y Marsella como paso previo antes del traslado definitivo de los vehículos a los países en los que eran vendidos.

La banda fue desarticulada el 5 de febrero de 2010, después de que los investigadores hubieran seguido un Honda CRV sustraído hasta el taller de Sueca (Valencia), donde en apariencia iban a prepararlo para sacarlo del país. Cuatro presuntos integrantes fueron arrestados, después de tratar de escapar por los tejados.

La Fiscalía les atribuye ahora presuntos delitos de organización criminal, robo con fuerza continuado, falsedad documental continuada, receptación continuada, contrabando continuado y dos delitos de tráfico de drogas. Las peticiones globales de condena suman 364 años de prisión para los 21 encausados, destacando los más de veinte años de cárcel que se solicitan para los presuntos jefes.

Aunque en los últimos días se ha tratado de llegar a una conformidad entre el Ministerio Público y las defensas, finalmente no se ha alcanzado. Una de las razones estriba en que varios acusados están huidos.