El filón fenicio de Mazarrón

El filón fenicio de Mazarrón

Los últimos hallazgos apuntalan la relevancia del yacimiento arqueológico de La Isla, con un potencial científico y turístico todavía por explotar

Miguel Rubio
MIGUEL RUBIO

La bruma de misterio que envuelve la presencia de aquellos navegantes surcando las aguas de la bahía de Mazarrón comienza a disiparse. Los recientes hallazgos arqueológicos señalan que los fenicios que arribaron a este punto del litoral hace 2.700 años, atraídos por la riqueza mineral, no se limitaron solo a un intercambio de mercancías con los indígenas. «Encontraron un entorno ideal, con abundantes recursos naturales y formado por un grupo de islotes que le ofrecían protección, y acabaron por quedarse durante dos siglos», concluye Juan Pinedo, arqueólogo e investigador del Centro de Estudios del Próximo Oriente y la Antigüedad Tardía (Cepoat) de la Universidad de Murcia.

Al experto, responsable de la última campaña de excavación en la isla de Adentro, no le quedan dudas de que la pequeña ensenada (la zona de baño más familiar de Mazarrón) fue un fondeadero con una intensa actividad comercial. Los dos pecios hallados en los años noventa del pasado siglo (uno expuesto en el Arqua de Cartagena y el otro pendiente de su rescate) serían la prueba más evidente de aquel trasiego portuario. Pero representarían solo «la punta del iceberg» -en palabras del concejal de Cultura, Ginés Campillo- de unos vestigios históricos de calado, aún por confirmarse.

Una investigación apunta a que la bahía acogió una de las primeras colonizaciones en la Península Ibérica, junto a Cádiz y Málaga

Pinedo sostiene que La Isla se alzó como un «punto neurálgico» de aquella lejana civilización de navegantes, a la altura de los asentamientos localizados en Cádiz, Málaga y Almuñécar (Granada). Para el investigador, los promontorios que van desde El Castellar, en la desembocadura de la rambla de las Moreras, hasta el Cabezo del Faro, entonces separados de la costa y hoy transformados en tómbolos, pudieron albergar sus factorías, residencias y sepulturas. Sería todo un descubrimiento, porque en el territorio regional no han aparecido restos de ciudades fenicias. La hipótesis que ronda por la cabeza del arqueólogo es que la isla de Adentro albergaría el poblado y que al otro lado de la pequeña ensenada, en el Cabezo de Arráez, estaría la necrópolis. Un colgante de oro hallado en 2017 bajo el mar vendría a apuntalar esa posibilidad. «No es una pieza que la lleve un marinero, más bien pertenecería a un rico comerciante y fue enterrado con ella», cree Pinedo. La joya es similar a otra hallada en una necrópolis de Málaga y fechada en el siglo VII antes de Cristo.

El arqueólogo Juan Pinedo sostiene que hubo una presencia de dos siglos, y sitúa una necrópolis en el Cabezo de Arráez

Un encuentro fructífero

El científico compara el encuentro entre ambos pueblos con el choque que supuso la llegada de los españoles al continente americano en 1492, aunque con una destacada diferencia. «Los fenicios no eran guerreros. Aunque se han hallado puntas de lanza en los pecios de La Isla y del Bajo de la Campana [San Javier], ellos eran comerciantes, no conquistadores», explica. Esta civilización, originaria del actual Líbano, se expandió a partir del año 1.200 antes de nuestra era por todo el Mediterráneo -y más allá, porque llegaron a subir por la costa portuguesa hasta Galicia, en busca de recursos naturales, principalmente metales-, para surtir a los grandes imperios con los que no podían competir militarmente: asirios y egipcios. Así que para asegurarse de alguna manera su inmunidad, estos marineros rastreaban el litoral, navegando a cabotaje, a la búsqueda de la mercancía más preciada por sus poderosos vecinos: plomo y plata, principalmente.

Los cerros volcánicos que salpican la geografía regional llamaron la atención de estos marineros y hábiles negociantes; un espíritu emprendedor que algunos ven impregnado en el ADN murciano. Hallaron los preciados metales y, para conseguirlos, colmaron a los indígenas con piezas de cerámica, elementos decorativos y algunas 'baratijas'. Pero esas relaciones comerciales fueron más allá. Porque los fenicios también transmitieron sus conocimientos, como ha quedado demostrado en la arquitectura naval y la alfarería. Trajeron también algunas legumbres, la técnica del salazón del pescado, la viticultura y el olivo, además del alfabeto. Parece que ambas partes sacaron tajada de esta confluencia.

El negocio fue viento en popa con las comunidades locales, y los indicios apuntan a que los asentamientos provisionales en islas e islotes (para marcar una distancia de seguridad en caso de ataque de los indígenas) acabaron por consolidarse. La campaña arqueológica submarina realizada a finales del pasado agosto (la quinta edición del proyecto 'Mazarrón fenicio') en la zona norte de la isla de Adentro, dirigida por Pinedo y la profesora Helena Jiménez, ha permitido rescatar piezas y materiales más antiguos que los dos pecios. La cronología de las ánforas localizadas abarca desde los siglos VIII al VI antes de Cristo (los barcos están datados en el VII) por lo que este nuevo hallazgo «coloca a Mazarrón como una de las primeras colonizaciones fenicias en la Península Ibérica, junto a Cádiz y Málaga», explica el arqueólogo. Con la decadencia y la caída de las principales ciudades estado fenicias -el asedio de los babilónicos resultó determinante-, algunas de sus colonias emprendieron entonces un camino en solitario y la civilización púnica, fundadora de la actual Cartagena, tomó el relevo.

Cerámica y una joya de oro

El investigador sitúa a la Región como «el centro de la arqueología submarina fenicia», gracias a los dos pecios de La Isla y al del Bajo de la Campana, este último cargado de colmillos de elefante, estaño, cobre y galena. Sin embargo, de la presencia de vestigios en tierra firme apenas queda rastro en Mazarrón.

El desordenado desarrollo urbanístico en la costa estaría en parte detrás de esa pérdida, según Pinedo. El Cabezo del Gavilán conserva unos hornos de metal que ya estarían en funcionamiento en el siglo VII antes de nuestra era. Y en el museo de la Factoría Romana de Salazones, en el Puerto, se pueden admirar algunas piezas de cerámica, el colgante de oro hallado hace dos veranos y una punta de lanza. No obstante, la pieza más destacada, los restos del barco 'Mazarrón I', y materiales hallados en su entorno se exponen en el Arqua de Cartagena.

Ahora, el Ayuntamiento de Mazarrón no quiere que la otra embarcación, que se conserva íntegra bajo el agua, siga el mismo camino. Pretende que esa 'joya', tras su extracción y restauración, se quede en el municipio para convertirse en la estrella de un nuevo museo, en el Cabezo del Faro, dedicado a los fenicios. El equipo de gobierno ve un filón por explotar y cree que la presencia de esta antigua civilización puede convertirse en el principal reclamo para atraer no solo a turistas y aficionados a la arqueología, sino también a científicos y estudiantes interesados en la investigación de esta cultura.

Por eso, el concejal Ginés Campillo adelanta que el futuro museo (aún carece de proyecto y de presupuesto) deberá contar con unas dependencias auxiliares que permitan la celebración de congresos, seminarios y exposiciones relacionados con esa lejana civilización. De momento, el Consistorio ya se ha comprometido a seguir apoyando económicamente las campañas arqueológicas en La Isla, a la espera de más resultados, y, además, impulsará la participación de Mazarrón en la ruta fenicia del Consejo de Europa, un itinerario cultural pensado para descubrir el patrimonio y para promover valores como los derechos humanos, el diálogo y la diversidad cultural.

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