«¡Feliz cumpleaños! Te voy a hacer un regalo que no olvidarás en toda tu vida»

E., la exnovia del joven británico que se quitó la vida en directo, ayer, en Fuente Álamo, con las denuncias que ha presentado. / PABLO SÁNCHEZ / AGM
E., la exnovia del joven británico que se quitó la vida en directo, ayer, en Fuente Álamo, con las denuncias que ha presentado. / PABLO SÁNCHEZ / AGM

El británico que retransmitió su suicidio en directo por una red social planificó los hechos con la supuesta voluntad de causar el máximo daño a su exnovia, cuya vivienda y coche había destrozado horas antes

Ricardo Fernández
RICARDO FERNÁNDEZ

«Hola, E. En primer lugar, ¡feliz cumpleaños! Segundo, siento lo que te hice en la casa; no tenía que haberlo hecho. Pero te voy a hacer un regalo por tu cumpleaños. Voy a hacer un vídeo en Instagram en directo y sé que te va a gustar y que te vas a acordar de mí el resto de tu vida. Te quiero». La chica leyó el mensaje de su exnovio y se conectó a la red social. Se temía lo peor. Y lo peor, pensaba, era que su antiguo compañero acabara cumpliendo sus amenazas de difundir públicamente unas fotos íntimas en las que se la veía desnuda. Por un instante, confiesa, se le cruzó por la cabeza la posibilidad de que su exnovio estuviera pensando en suicidarse, pues asegura que unos días antes ya lo había intentado. «Se metió en el coche de mi madre y conectó el tubo de escape con el habitáculo del vehículo a través de una manguera», rememora E.. La rápida reacción de unos amigos evitó males mayores.

«Pensaba que iba a colgar unas fotos mías desnuda», explica la mujer, que ahora recibe amenazas de muerte de quienes la culpan del suceso

La mujer desterró ese pensamiento y abrió Instagram mientras se preparaba mentalmente para llevarse un disgusto por ver su intimidad mancillada en las redes. Lo primero que vio fue un mensaje que decía: «Espera, no ha funcionado». Después llegó otro. «Esto va dedicado a E. Feliz cumpleaños. Te vas a acordar». Y seguidamente comenzó la emisión de un vídeo en directo, que el varón estaba difundiendo a través de su móvil, en el que se le veía preparando una cuerda con la aparente intención de ahorcarse. «No se atreverá», se dijo. Pero antes de que pudiera reaccionar, el hombre ya estaba suspendido en el aire. «Tiré mi móvil, porque no podía ver aquello, y creo que cogí el teléfono de mi madre y comencé a llamar a la Guardia Civil para pedir ayuda», explica.

El agente que atendió la llamada preguntaba por la calle en la que se estaba produciendo el suceso, pero E. no la recordaba. «Salí corriendo hacia su casa, vi el nombre de la calle y volví a llamar a la Guardia Civil para darles el dato. También avisé a un vecino que vivía encima de la casa para que intentara socorrerlo. Pero cuando llegaron los agentes dijeron que ya no había nada que se pudiera hacer», explica.

«Me envían mensajes para pedirme que me suicide, me amenazan con matarme...»

Con la desconexión del teléfono móvil del fallecido por parte de un guardia civil se ponía el colofón a un suceso tan dramático como insólito: la retransmisión en directo de su propio suicidio por parte de una persona, aprovechando las infinitas posibilidades que ofrecen las redes sociales y la escasa capacidad de control que en muchos casos las define.

Solo el principio

Pero para E. era solo el principio. El último mensaje que le envió su novio -«te voy a hacer un regalo y te vas a acordar de mí el resto de tu vida», que ya está en poder de la Guardia Civil-, unido a otros sucesos ocurridos en las horas previas y a la cuidadosa elección del momento para quitarse la vida -el día del cumpleaños de su exnovia- apuntan claramente a que el propósito de ese hombre era, más que un postrero intento de búsqueda de notoriedad, el de causar el mayor daño posible a su exnovia. Se habría tratado de una sofisticada y rebuscada forma de maltrato. El hombre, incapaz de asumir la ruptura, buscaba en apariencia marcar a su exnovia de por vida. Estigmatizarla. Hundirla.

Y lo peor del asunto es que, de alguna forma, al menos en parte, parece que así está ocurriendo en estos primeros días. «Estoy en tratamiento psicológico, como también mi hijo. Tomo pastillas y ni aún de esa forma consigo conciliar el sueño. Y estoy recibiendo múltiples amenazas desde su entorno, diciendo que fui yo quien le animé a hacer eso, que me tengo que suicidar yo, que si no me voy del pueblo me van a matar...», relata mientras muestra las denuncias que ha presentado ante la Guardia Civil por estos hechos.

La mujer, que ha aceptado hablar con 'La Verdad' en un intento de evitar seguir siendo criminalizada y de aclarar exactamente lo ocurrido, explica que llevaba casi dos años conviviendo con ese hombre, de origen británico, cuando el pasado mayo decidieron romper la relación. «Fue una decisión mía», admite.

En apariencia, su excompañero había acabado asumiendo la situación e incluso habría iniciado una nueva relación afectiva. «Pero a finales de agosto se presentó en casa de una amiga para decirle que me echaba de menos y que quería hablar conmigo. Quedamos y le dije que no iba a volver», indica. Fue entonces, presuntamente, cuando el varón comenzó a amenazarla con difundir unas fotos íntimas suyas en las redes sociales. «Un día me llamó y me dijo que mirara la foto de su perfil. Había puesto una foto mía, desnuda. Le pedí que la quitara y lo hizo».

La madrugada del viernes 30 de agosto, en plenas fiestas de Fuente Álamo, se dedicó supuestamente a seguirla por los bares de la localidad y a enviarle mensajes pidiendo una reconciliación. «A las siete de la mañana me llamó para avisarme de que había entrado en mi casa y me la había destrozado». Cuando E. llegó a su domicilio se lo encontró patas arriba: las puertas arrancadas, la televisión rota, un acuario reventado... Los daños fueron tasados por un perito en unos 2.300 euros.

«Estaba viendo lo que había hecho cuando empezó a destrozar mi coche, que estaba aparcado en la calle. Le chocó con el suyo y luego rompió todas las ventanillas y las lunas con una piedra. Yo le dije que había llamado a la Guardia Civil, pero él me dijo que no le importaba, que le daba igual. Y se entregó».

Una orden de alejamiento

Tras permanecer detenido unas horas, el hombre fue conducido a un juzgado de Cartagena, donde no solo reconoció los hechos, sino que incluso añadió que había golpeado a la mujer. «Era mentira; nunca me tocó», explica ella. Un dato que evidencia que para ese momento todo le daba igual, pues ya habría adoptado la decisión de quitarse la vida. El juez le impuso una orden de alejamiento de 300 metros.

Eran cerca de las once de la noche cuando E., que se estaba arreglando para salir a celebrar su cumpleaños, recibió el mensaje de su exnovio. Le anunciaba un regalo que jamás olvidaría. Y muy probablemente acertó, pues la propia mujer admite que es muy difícil que algo así llegue algún día a borrarse de su mente. Pero lo que sí tiene claro es que va a luchar para que esto no acabe por hundirla, para no terminar convertida en la otra víctima de este trágico asunto. «Yo no soy responsable de lo que hizo. Le quise mucho y aún le quiero, aunque no aceptaba volver con él».

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