Evedasto Lifante cae en su propia casa tras más de dos años huido de la Justicia

Los agentes de Aduanas conducen hasta la cárcel a Evedasto Lifante, que se cubre la cabeza dentro del vehículo, reclamado por fraude fiscal. / nacho garcía / agm
Los agentes de Aduanas conducen hasta la cárcel a Evedasto Lifante, que se cubre la cabeza dentro del vehículo, reclamado por fraude fiscal. / nacho garcía / agm

El empresario emprendió ayer el camino a prisión para cumplir una pena de cinco años y tres meses por un fraude fiscal de casi 1,9 millones de euros

Ricardo Fernández
RICARDO FERNÁNDEZ

Llevaba más de dos años fugado sin, en apariencia, haber llegado a moverse de su propia casa. Pero la suerte se le acabó ayer a Evedasto Lifante, el otrora próspero empresario de los áridos y antiguo pedáneo del PP en la pedanía abanillera de Barinas, donde siempre fue uno de sus vecinos más queridos, de forma que acabó cayendo en manos de los agentes de Vigilancia Aduanera de Murcia y emprendió el ineludible camino hacia una prisión que tantos esfuerzos ha empeñado en tratar de evitar.

Lifante estaba huido de la Justicia desde hacía dos años largos, después de que fuera condenado en firme a la pena de cinco años y tres meses de prisión por dos delitos contra la Hacienda Pública, así como al pago de multas e indemnizaciones que sumaban cinco millones de euros. Mientras en enero de 2017 el juez le ponía en situación de busca y captura, su abogado, Fidel Pérez Abad, aseguraba que la única explicación que su cliente había ofrecido es que se marchaba para tratar de reunir ese dinero para saldar la deuda con el fisco y que, cuando lo lograra, se entregaría.

Con el paso de los meses quedó claro que, o bien nunca iba a conseguir ese dinero, o bien jamás confió en obtenerlo, pero que ciertamente no iba a dar señales de vida por voluntad propia. De forma que los agentes de Aduanas, dependientes de la Agencia Tributaria, se tomaron su localización como una cuestión propia, teniendo en cuenta que el fraude afectaba directamente a su negociado. De ahí que se pusieran a investigar para tratar de dar con su paradero y que se centraran principalmente en la finca de Barinas en la que tenía su residencia pues, con sus en torno a tres hectáreas rodeadas de altos muros, ofrecía unas inmejorables condiciones para mantenerse a cubierto y, además, rodeado de su familia.

La finca de Barinas, de unas tres hectáreas y con dos edificaciones, está rodeada de altos muros

Orden de entrada y registro

Las gestiones policiales cristalizaron días atrás, cuando los aduaneros hallaron datos fiables de su presencia en ese recinto y reclamaron una orden de entrada y registro al juez de lo Penal número 6 de Murcia, Antonio Alcázar, que fue quien lo condenó en primera instancia y a quien por tanto correspondía la ejecución de la sentencia.

En su auto, el magistrado autorizaba a contar con el refuerzo de la Guardia Civil, si es que era necesario, y a proceder a la inmediata detención e ingreso en prisión del fugado si es que, como se acabó confirmando, era localizado en ese lugar.

La irrupción de los agentes en la finca, en la que se levantan dos edificaciones, se tradujo en el inmediato arresto de Lifante, tras lo cual se procedió a realizar un exhaustivo registro de toda la hacienda en busca de bienes que puedan servir para cubrir parte de las multas que le fueron impuestas. La intervención policial finalizó hacia las cuatro de la tarde, cuando el empresario, con el rostro tapado por una manta, fue introducido en un coche camuflado y emprendió el camino hacia el centro penitenciario.

Ahora, Evedasto Lifante tendrá que empezar desde cero a purgar esa pena, con el hándicap que además le supone haber estado fugado y que puede condicionar sus opciones de disfrutar de permisos y del tercer grado penitenciario cuando se den las circunstancias para ello.

La sentencia estableció que Evedasto Lifante y su empresa Yacimientos del Mediterráneo SL eludieron en los años 2005 y 2006 el pago a Hacienda de casi 1,9 millones de euros. En concreto, 700.007 euros en el primer ejercicio y 1.186.068 en el segundo, en ambos casos por no haber realizado las autoliquidaciones por el Impuesto de Sociedades (IS). Estos fraudes fiscales tenían su origen en las operaciones de compraventa que Lifante efectuó en torno a una zona de monte situada en el partido de La Zarza, en el término de Abanilla, con una superficie de 259 hectáreas, que oculta unas envidiables reservas de mármol.

Por esos impagos al fisco, el juez le impuso las mencionadas penas de cinco años y tres meses cárcel y el pago de una multa de tres millones de euros y de una indemnización de 1.886.076 euros.