«Espero que el pedófilo que abusó de mí sufra en la cárcel por todo el dolor que me causó»

José Manuel Olmos durante el juicio, en diciembre de 2018. / V. V. / AGM
José Manuel Olmos durante el juicio, en diciembre de 2018. / V. V. / AGM

El hombre que forzó sexualmente a una niña de once años ingresará esta semana en la prisión de Campos del Río para cumplir tres años de condena

Raúl Hernández
RAÚL HERNÁNDEZ

Dice orgullosa que ya no se arranca mechones de pelo hasta casi quedarse calva. Que ya no piensa en autolesionarse, como aquel día en el instituto en el que se desolló el antebrazo, con la cuchilla de un sacapuntas, para escribirse la expresión 'I'm sorry' ('lo siento', en inglés). Que no volvería a tomarse todo el contenido de una botella de jarabe, con lo que obligó a su madre a llevarla a urgencias para que le hicieran una limpieza de estómago. Dice que eso ya pasó y que ahora es más fuerte. «Hay gente que no lo supera, pero me siento bien». Ha dejado los antidepresivos y las visitas al psicólogo por decisión propia. «Estaba cansada de recordar toda la mierda una y otra vez».

Sin embargo, Cristina -nombre ficticio- no duerme, no sale casi de casa y no va al instituto. Sigue tomando tranquilizantes para conciliar un sueño trastornado e irregular. «No logro descansar una hora seguida». Cristina no olvida la cara del pederasta. Ese hombre, José Manuel Olmos, de profesión panadero y vecino de la pedanía murciana de Beniaján, tiene hasta el próximo jueves para ingresar de forma voluntaria en la prisión de Campos del Río, donde pasará los próximos tres años. «Quiero que sufra allí por todo el dolor que causó», afirma Cristina.

Y lo que le hizo se explica en una frase, pero lo llevará en su cabeza «toda la vida». El exnovio de su madre abusó de ella casi a diario durante once meses. Él tenía 52 años. La niña, 11. Empezó en octubre de 2013 y acabó en septiembre del año siguiente, cuando la madre dejó la relación porque sospechaba que él le era infiel. La mujer no supo lo que había pasado hasta un año y medio después, cuando la adolescente de 14 años se autolesionó en el brazo y una profesora la encontró en el baño del instituto.

La angustia de Cristina comenzó cuando debía estar jugando con muñecas y «siempre que a él le apetecía». Se acercaba a ella con regalos, «pulseras y llaveros». Y palabras amables, «me las susurraba al oído». Y comenzaron los tocamientos. «Se bajaba los pantalones y me decía que le masturbara». Luego, las proposiciones sórdidas. «Sentados en el coche me dijo al oído que esa noche había soñado que me lamía mis genitales. Que algún día lo haría». Pasó a ponerle vídeos sexuales que grababa con otras mujeres, incluso con su madre, sin que ellas se enterasen. «Le gustaban más las niñas que las mujeres. En uno de los vídeos hacía sexo con una chica que acababa de cumplir los 18 años. Me dijo que ese fue su regalo de cumpleaños». Más adelante, fue él quien le manoseaba los pechos y los genitales. «Yo sabía que no estaba bien, pero tenía miedo de que mi madre se enterase. Pensaba que me echaría de casa o me daría en adopción».

Su madre asegura que vive por dos motivos. El primero se cumplirá en breve: «Verlo entre rejas». Con el segundo, se ha puesto manos a la obra: «Mientras tenga vida, lucharé para que la gente sepa quien es. No es la persona que aparenta ser. A nosotras nos engañó, y no quiero que ese pederasta vuelva a hacerlo», advierte.

El monstruo vuelve

Cristina trata de recomponer su vida. El año pasado estuvo saliendo con un chico de su edad, pero duraron pocas semanas. «No soportaba que me susurrara al oído. Me recordaba a él». Seis años después, el monstruo ha vuelto a su cabeza. Desde que le dijeron que estaba a punto de entrar en prisión, todo el escombro de recuerdos le ha vuelto a golpear. «Tengo miedo de que haga algo antes de ir a la cárcel. Pero no soy la débil de antes. Lo afronto y espero que se rehabilite. Y pido que si no lo hace, que no le dejen salir para que no le haga lo mismo a otras niñas», reclama la adolescente.

Por su parte, el abogado defensor, Ali Martínez, afirma que ha presentado un recurso contra el auto de ejecución de la sentencia, y está a la espera de que la Audiencia Provincial resuelva sobre esta apelación.