«Estaba enamorado de ella y perdí el control»

Momento en que un policía retira las esposas a Adrián. / v. vicÉns / agm
Momento en que un policía retira las esposas a Adrián. / v. vicÉns / agm

El joven acusado de asesinar de 50 cuchilladas a su exnovia en Canteras, en 2017, alega problemas mentales

Ricardo Fernández
RICARDO FERNÁNDEZ

«Yo estaba enamorado y perdí el control. Tomaba de todo para poder olvidarla. Me hacía daño a mí mismo». Con esta frase, formulada ante el tribunal del jurado, Adrián S. C., el acusado de la muerte a cuchilladas de su exnovia, Rosa María Sánchez, en septiembre de 2017 en la diputación cartagenera de Canteras, vino ayer a resumir su estrategia de defensa y las supuestas razones, si es que se les puede llamar así, que habrían desencadenado el brutal crimen.

En el transcurso de la primera sesión del juicio que se celebra en la Audiencia Provincial de Murcia, Adrián negó haber concebido un plan para acabar con la vida de su excompañera sentimental y todas sus explicaciones se orientaron a que habría actuado en un estado de enajenación, sin conciencia de lo que hacía.

«Es la maldad brutal sin finalidad alguna, salvo la de hacerla sufrir», resumió en su primer alegato el abogado de la acusación particular

A preguntas del fiscal, relató que inició en abril de 2016 una relación con Rosa que duró alrededor de un año y medio, de los que los seis o siete primeros meses los pasaron en la casa familiar de Canteras. En febrero de 2017 se marcharon a Málaga «porque no me sentía cómodo ahí. Tenía ataques de ansiedad porque no estaba acostumbrado a vivir en el campo». Un largo silencio siguió a la pregunta del fiscal sobre las razones por las que se rompió la relación. «¿Fue usted o fue ella?», le insistió el representante del Ministerio Público, a lo que el acusado respondió: «Fuimos los dos. Ella quería que nos volviéramos a Cartagena y yo me iba a ir, pero un día ella se marchó y me dejó solo. Eso me sentó muy mal». Tanto como para haber comenzado a ingerir fármacos psicotrópicos sin control, que además -dijo- mezclaba con alcohol.

«Me eché a llorar»

Recordó que en julio, cuando viajó por vez primera a Cartagena para tratar de recuperar a su exnovia, la Guardia Civil lo envió de vuelta a Málaga. «Me subió al autobús y me eché a llorar». Negó haberla amenazado por teléfono con mensajes como «si no eres para mí, no serás para nadie». Lo único que admitió es haberle mandado un mensaje de WhatsApp en el que le reprochaba que «me has olvidado en dos días y estás por ahí 'tirando' -«follando», aclaró- y eso es de guarras». El fiscal le interpeló si es que no pensaba que ella tenía derecho a reiniciar su vida. «Sí», señaló escuetamente.

Sobre la manera concreta en que se produjeron los hechos, refirió que subió a la habitación de la chica con ayuda de una escalera extensible que había comprado y «ella se asustó al verme y comenzó a gritar llamando a su abuela». Negó que llevara un cuchillo jamonero en la mochila y afirmó que las armas blancas las cogió cuando apareció el abuelo y se dirigió hacia él con una silla. Entonces, el acusado habría entregado los cuchillos a la abuela de Rosa, «pero la mujer se envalentonó y vino a por mí y entonces se los quité». Dijo no recordar haber acuchillado a su antigua compañera. «Solo sé que el cuchillo me lo quise clavar yo. Yo no quería quitarle la vida; me sentía mal».

De esta forma, insistió en que quiso suicidarse y se lanzó desde la azotea de la casa. «Estoy muy arrepentido y pido perdón a la familia», aseguró sorpresivamente, sin que nadie le interpelara al respecto, antes de pasar a relatar que desde su infancia sufre múltiples problemas psiquiátricos, como dificultades para controlar sus impulsos y brotes psicóticos. «He intentado matarme muchas veces en prisión. Me he tomado puñados de pastillas para matarme; he hecho de todo».

Adrián, que llegó a esposado y custodiado por dos policías a la sala de vistas, pudo declarar sin los grilletes gracias a que el magistrado presidente, José Luis García, aceptó la petición formulada en ese sentido por el letrado defensor. «¿Se portará usted bien, verdad?», espetó el juez al acusado.

Cogidas de las manos

De esta forma se fue desarrollando el interrogatorio al encausado por el salvaje asesinato de Rosa María Sánchez, la muchacha de 22 años que aquel 25 de septiembre de 2017 recibió cincuenta cuchilladas en la casa de sus abuelos en Canteras. Un grupo de familiares y amigas de la víctima, entre las que se encontraba su hermana, asistieron llorosas y conmocionadas al juicio, estremecidas por un relato de la agresión que, por más que estuviera impregnado de jerga forense, resultaba difícilmente soportable. Cogidas de las manos entre sí, trataban de infundirse ánimos suficientes para afrontar tan duro trance.

El joven malagueño afronta una petición de 31 años de prisión por presuntos delitos de asesinato, allanamiento de morada y amenazas, como las que habría enviado a la chica, horas antes del crimen: «Solo eres para mí», o «te vas a enterar. Ahora que me has bloqueado, voy a ir a por ti, chavala».

Ya fuera de forma largamente premeditada, como sostiene el fiscal y la acusación particular, ya fuera con la razón perdida por un arrebato, como insiste la defensa, lo cierto es que Adrián acabó asestándole a la mujer medio centenar de puñaladas con tal brutalidad que uno de los cuchillos se partió contra el cuerpo. Las súplicas de la joven gritando por su vida no fueron atendidas.

Las acusaciones sostuvieron ayer que todas las cuchilladas las recibió la mujer mientras estaba todavía viva, lo que ofrece una idea del grado de sufrimiento al que fue sometida. «Es la maldad brutal sin finalidad alguna, salvo el de hacerla sufrir. Quería que la última imagen que tuviera en su vida fuera la de él», señaló el abogado que representa a la familia de la víctima, Emilio Cerezuela, mientras se dirigía al jurado popular.

Hoy continuará el juicio con las declaraciones de varios testigos, entre ellos los abuelos y los padres de Rosa María.

El padre de la víctima se abalanzó sobre el presunto autor

Al término de una primera sesión del juicio en la que la tensión se había sentido por todos lados, debido a la presencia de muchos familiares y amigos de la víctima, se produjo un serio incidente en los pasillos de la Audiencia Provincial. El padre de Rosa María no pudo contenerse cuando Adrián era conducido hacia los calabozos y se abalanzó sobre el presunto asesino, al grito de «¡hijo de puta, te tengo que matar¡». La rápida reacción de un policía local de paisano, que presta labores de seguridad en el Palacio de Justicia, evitó males mayores al interponerse en su camino.