«Me embistió y salí despedido desde el carril bici hasta la mediana»

Juan Vives con su bicicleta en Santiago de la Ribera. / g. carrión
Juan Vives con su bicicleta en Santiago de la Ribera. / g. carrión

Juan Vives aún arrastra secuelas después de que una furgoneta lo arrollara el verano pasado en San Javier

Alicia Negre
ALICIA NEGREMurcia

Juan Vives tardó meses en poder encaramarse de nuevo a su bicicleta. Una furgoneta lo embistió de lleno cuando circulaba por un carril bici de la zona de San Javier y aún arrastra numerosas secuelas fruto de aquel golpe. «Salí despedido hasta la mediana», recuerda. «Gracias al casco salvé la vida». Este aficionado al ciclismo batalla, cada vez que rueda de nuevo, con el dolor y con un temor que ya no le abandona. «Ahora cuando llego a un cruce y me pasa un coche cerca siento miedo», reconoce. «No sé si con el tiempo se me pasará».

Ya hace más de una década que a Juan le invadió la pasión por el ciclismo. Aquella mañana del 3 de agosto del verano pasado se levantó temprano para hacer unos kilómetros. Eran alrededor de las nueve de la mañana cuando circulaba por un carril bici de la zona de Vistalegre, en San Javier. «Una furgoneta accedió a la vía principal por dirección prohibida», recuerda. «Solo miró en la dirección en que venían los coches -el carril bici era de doble dirección- y cuando salió me llevó por delante». Fruto del impacto, este ciclista salió disparado varios metros y quedó tendido en el asfalto, inconsciente. «Me rompió el manillar y una rueda», explica. «Me partió el casco, pero, si no lo hubiera llevado, me rompo el cráneo».

Cuando recobró la consciencia, Juan asegura que el conductor, lejos de asumir su culpa, le recriminó que circulase por allí. «Todos nos equivocamos, pero esa reacción fue lo que peor me sentó».

«Me partió el casco, pero, si no lo hubiera llevado, me habría partido el cráneo. Me salvó la vida»

Tras cinco meses de intensa rehabilitación, este ciclista pudo, en Navidad, retomar su afición. El accidente ha dejado a Juan secuelas en un codo y una protusión cervical, pero sobre todo la conciencia de su propia vulnerabilidad. «Aquí no hay una cultura de respeto al ciclista», lamenta. «En otros países, como Bruselas y Holanda, el uso cotidiano de la bicicleta es mayor y lo tienen más asumido».

 

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