Ojo con la economía

Es de esperar que el debate económico en la campaña no se limite a la bajada o no de impuestos. Acotar la discusión a la cuestión fiscal, siendo un tema no menor, es cortoplacista e insuficiente. La realidad es mucho más amplia y compleja

Alberto Aguirre de Cárcer
ALBERTO AGUIRRE DE CÁRCER

La campaña electoral del pasado 28-A fue cicatera en propuestas políticas y apenas puso el foco en asuntos que son especialmente relevantes para la Región, como el sostenimiento de los servicios públicos con un modelo de financiación autonómica que precisa de una reforma urgente. Hubo poca sustancia y mucho tacticismo (algunos partidos se movieron bien en esas aguas, otros naufragaron de forma estrepitosa). Al final, gran parte del interés informativo quedó reducido a comprobar hasta qué punto acertarían los sondeos, que daban de inicio como ganador al PSOE. Muchos esperaban un batacazo demoscópico, especialmente del CIS de Tezanos. Ya no solo por el alto número de indecisos y de volatilidad política. También por la desconfianza suscitada por los cambios metodológicos introducidos en el CIS, que la oposición directamente atribuía a intenciones maliciosamente partidistas. Pero las encuestas, especialmente la del CIS, no se alejaron mucho de la realidad.

Lo llamativo es que, dos días después de las elecciones generales, el INE hizo público el dato de crecimiento económico en las distintas comunidades autónomas a lo largo de 2018 y lo que vimos fue que todas las predicciones de los prestigiosos servicios de estudios de los bancos y de acreditados grupos académicos de investigación cometieron un fallo garrafal, al menos con la Región de Murcia. Lejos de encabezar el despegue económico nacional, nuestra Comunidad fue la que menos creció, según el INE. Toda una sorpresa mayúscula porque, a finales de 2017 y en el primer trimestre del 2018, los economistas del BBVA y los de Ceprede vaticinaban que el PIB regional aumentaría por encima del 3%, situándonos a la vanguardia de los territorios más prósperos, en línea con los años precedentes. La realidad fue que nuestra economía creció la mitad de lo vaticinado, cosa que la Consejería de Hacienda no termina de creer y pide la revisión del dato.

Publicado esta semana por nuestro periódico, este relevante indicador macroeconómico no mereció el más mínimo comentario de los partidos, ocupados como han estado tras el 28-A en mirarse el ombligo, unos con satisfacción y otros con tremenda inquietud. Y tan preocupante es que pudiéramos haber sido la Comunidad con peor comportamiento económico como ese silencio de nuestros representantes públicos ante un hecho que merecería una mínima reflexión de quienes rigen nuestros destinos públicos. Puede, así lo espero, que el debate sobre la marcha de la economía y de nuestro modelo productivo regional se esté reservando para la campaña de las autonómicas. Pues no estamos ante un asunto menor. Históricamente, la economía murciana era muy predecible. Cuando el ciclo nacional era positivo, la bonanza se acentuaba en la Región. Por el contrario, si llegaba una crisis, la ola de la recesión batía aquí con más intensidad. O algo ha cambiado o estamos ante una anomalía singular. Según el INE, la causa de ese crecimiento menor al del resto del país fue un comportamiento peor del esperado del sector energético, de la construcción y de los servicios (el turismo, fundamentalmente). Curiosamente, el primer trimestre de este año empezó como el del pasado año: con la Región liderando el crecimiento (un 0,9%), según la Agencia Independiente de Responsabilidad Fiscal. Pero si se repite lo ocurrido en 2018, dando por buena la cifra del INE, llegará el verano y otras comunidades aprovecharán mejor el tirón turístico, especialmente aquellas que además reactivaron más intensamente el sector de la construcción porque no tienen, como nosotros, casi 20.000 viviendas construidas que no hallan salida. Las cifras de empleo mejorarán a lo largo de este año (la última EPA fue positiva), pero proporcionarán una imagen distorsionada de la realidad económica regional, ya que muchos de los nuevos puestos de trabajo, más de diez mil, serán producto de las distintas ofertas de empleo público y los que genera el tejido productivo son de bajo perfil salarial. Varios expertos que hoy analizan la situación en las páginas de 'La Verdad' apuntan a la baja productividad, con sectores de escaso valor añadido, como causa primera de los pies de barro de nuestra economía.

Es de esperar que el debate durante la próxima campaña no se limite a la bajada o no de impuestos. No es un asunto baladí, pero acotar la discusión económica a la cuestión fiscal es cortoplacista e insuficiente. La realidad es mucho más amplia y compleja. Eliminar el impuesto de donaciones y sucesiones (precisamente entró en vigor en enero de 2018) fue una medida de justicia fiscal que habrán notado muchos murcianos en sus bolsillos, pero no tuvo una incidencia significativa en el crecimiento de la economía regional. Por tanto, al margen de reducir trabas burocráticas para la actividad empresarial y ofrecer un clima fiscal apropiado para la generación de riqueza y empleo, habrá que hacer más, mucho más, para recortar la brecha que nos separa de la España rica en términos de productividad y competitividad. Ahora que nos pedirán de nuevo el voto para la Asamblea y los ayuntamientos deberíamos exigir a cambio propuestas más rigurosas y pensadas en materia económica y laboral. A no ser que nos dé lo mismo aparecer, como es costumbre, a la cola de las estadísticas nacionales.