Ecologistas en Acción denuncia nuevos vertidos al Mar Menor por los recientes episodios de lluvias

Contaminación en la rambla del Beal, en su desembocadura en el Mar Menor, en una imagen de archivo./J.M. Rodríguez / AGM
Contaminación en la rambla del Beal, en su desembocadura en el Mar Menor, en una imagen de archivo. / J.M. Rodríguez / AGM

Reclama actuaciones conjuntas y coordinadas de Medio Ambiente de la Región de Murcia, Ministerio para la Transición Ecológica (CHS) y ayuntamientos ribereños, para medidas concretas de vertido cero a la laguna

EP

Ecologistas en Acción denuncia nuevos vertidos al Mar Menor con motivo de los recientes episodios de lluvias intensas y reclama actuaciones conjuntas y coordinadas de Medio Ambiente de la Región de Murcia, Ministerio para la Transición Ecológica (CHS) y ayuntamientos ribereños, para medidas concretas de vertido cero al Mar Menor.

«No bastaba solo con el aumento de la turbidez en los últimos días, las recientes e intensas lluvias han vuelto a arrastrar a través de las ramblas, entre ellas la del Albujón, fangos contaminados con nitratos de los suelos agrícolas del Campo de Cartagena, metales pesados de la Sierra Minera por las escorrentías de las rambla de Ponce y del Beal y, para postre, la contaminación por aguas fecales de la depuradora de Torre Pacheco», destaca la organización en un comunicado

Ante esta situación, Ecologistas en Acción volvió a dirigirse ante la Dirección General Medio Ambiente y Mar Menor, y el resto de administraciones para reclamar que «no permanezcan impasibles y silenciosas» ante estos nuevos episodios de contaminación del Mar Menor, patrimonio de toda la ciudadanía murciana, y que actúen de una manera decidida y urgente.

«El riesgo aumenta ante un Mar Menor cuyo ecosistema se encuentra dañado severamente y debilitado por todas las agresiones que, en forma de contaminación, llegan a la laguna. Su deterioro se ha convertido en un tema crónico en el panorama del medio ambiente», subraya la organización.

Añaden que la contaminación por nitratos y otros fitosanitarios usados en la agroindustria del Campo de Cartagena fueron la causa principal del proceso de eutrofización que provocó que el Mar Menor se convirtiera en una sopa verde en 2016. A esto se suma la contaminación por metales pesados de la Sierra Minera que llega la cubeta sur del Mar Menor cuando se producen escorrentías por lluvias en la Ramblas de Ponce y del Beal.

Un estudio de investigadores de la UMU revela que, solo en 2015, se dispararon en la zona sur los niveles de nutrientes y de Plomo y Zinc, lo que supone un riesgo potencial para la salud pública y un proceso acumulativo de vertidos en la laguna. Además, por último, están los episodios de vertidos de ayuntamientos de la zona como el reciente de aguas fecales de Torre Pacheco.

Ecologistas en Acción hace referencia a un reciente informe del Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil (Seprona) en el que se estimaba que solamente trece desalobradoras vertieron a la laguna 3,8 millones de metros cúbicos de salmuera (que equivaldrían aproximadamente a 1.900 piscinas olímpicas).

«Los problemas de contaminación no se solucionarán si no se establece el vertido cero, atacando las diferentes fuentes en origen, y con soluciones basadas en la naturaleza y arquitectura del paisaje, más que en impactantes y costosas infraestructuras, por lo general bastante ineficaces, y que a la larga acaban por abandonarse debido a los altos costes de mantenimiento».

En este sentido, el plan de vertido cero del Ministerio para la Transición Ecológica «debe terminar sus trámites administrativos y evaluaciones medioambientales, pero es imprescindible un acuerdo de todas las administraciones implicadas, para coordinar sus esfuerzos y comenzar su ejecución de manera urgente, manifiesta la organización».

Para Ecologistas en Acción, «el Mar Menor se ha convertido en el paradigma de un modelo insostenible y depredador, que genera beneficios para unos pocos y socializa las costosas pérdidas ambientales y económicas para toda la ciudadanía». Un modelo que no ha tenido en cuenta los impactos ambientales hasta que la laguna nos está dando avisos continuados, «y aun así no se le pone remedio», concluye.