Miguel Gallardo: «El dibujo es mucho más entendible que la palabra para un autista»

Miguel Gallardo, con ilustraciones suyas de fondo, en una foto de archivo. / M. G.
Miguel Gallardo, con ilustraciones suyas de fondo, en una foto de archivo. / M. G.

«Mi hija María ha cambiado mi filosofía sobre la ilustración, sobre el cómic y sobre la vida», afirma el ilustrador

Fuensanta Carreres
FUENSANTA CARRERES

Referente del cómic 'underground' de la transición, Miguel Gallardo (Lérida, 1955) es el padre de 'Makoki', uno de sus personajes más recordados. Por encima de aquello, el ilustrador es el orgulloso padre de María, hoy ya una joven autista con y por la que escribió el cómic 'María y yo'. Convertida después en documental, la obra se adentra en el autismo a través de la aventura psicodélica que supone para padre e hija su viaje a Gran Canaria para pasar las vacaciones en un resort. Autor de portadas para el 'Herald Tribune' y 'The New York Times', Gallardo encontró en el dibujo la mejor forma de comunicarse con su hija, que, tras pasar de los veinte años, le enfrenta ahora al mundo del autista adulto y a la preocupación por su futuro. El día 22 de noviembre estará en Murcia para participar en las jornadas educativas Proyecto Aula (PAula), un foro impulsado por 'La Verdad' e ideado por el educador y gestor cultural Miguel Ángel Cayuela. Las inscripciones para asistir al congreso, con aforo limitado, pueden formalizarse en https://paulaeducacion.com.

-Entre el Miguel Gallardo padre de 'Makoki', referente de la movida, y Miguel Gallardo, padre de María, ya una adulta autista, media una vida...

-Tuve la suerte de pillar lo del cómic en un momento histórico muy interesante, la transición, e hicimos un lenguaje nuevo para toda una generación, y sobre todo, sobre todo, nos lo pasamos superbién; nos pasamos de la raya un montón también, pero sobrevivimos. La burbuja del cómic hizo que no hubiera mercado después, y yo básicamente me dediqué a la ilustración. En 2005 hice el cómic de 'María y yo'. La diferencia entre esas dos épocas evidentemente es María, mi hija autista, que no puede dejarte indiferente. El dibujo empezó a ser una forma de comunicarme con ella, y gracias a dibujar para María cambió mi filosofía sobre el dibujo, sobre el cómic y sobre la vida.

«Tienes que pasar un duelo por el hijo perfecto que esperabas, y después por la aceptación del que tienes»

-¿Le ha supuesto una forma de catarsis, de ejercicio terapéutico?

-Después del éxito del cómic 'María y yo', y del documental posterior, empecé a salir de casa y de la mesa de dibujo, y empecé a dar charlas y a hablar con padres en el ámbito de la discapacidad y del autismo. También empecé a intentar que la gente dibuje, que es una misión imposible. Todos aprendimos a dibujar, igual que aprendimos a escribir, pero cuando somos mayores nadie se mete con nuestra forma de escribir, pero con el dibujo todo el mundo es muy sensible. El dibujo es una herramienta de comunicación superbuena que todo el mundo puede utilizar.

- 'Yo no sepo dibujar', titula su charla en PAula.

-En realidad todos sabemos dibujar, y en el campo del autismo está muy bien que los padres dibujen porque es una forma de comunicación muy rápida con los hijos; podemos utilizar el pictograma, pero el dibujo es más rápido y mucho más eficaz.

El día 22 estará en Murcia para participar en las jornadas educativas Proyecto Aula (PAula)

-El diagnóstico de autismo marcó el inicio de un camino como padre que aún anda...

-Para nosotros el diagnóstico fue una liberación, porque no lo tuvimos hasta los ocho años, muy tarde. Entre medio, la madre de María ya estaba convencida de que tenía autismo. Fue, como para todos los padres, una larga carrera de obstáculos. Al principio hay muchos sentimientos negativos, de negación, de buscar culpables -que si no crees en Dios no le puedes echar la culpa, así que acabas echándotela a ti-, y luego tienes que pasar por un proceso de duelo por el hijo que estabas esperando perfecto, que iba a ser ingeniero industrial, y la aceptación del hijo que tienes. Ahí empiezas a levantar cabeza.

-El dibujo es para los autistas una forma de comunicación casi más efectiva que el lenguaje verbal...

-Para ellos es más entendible el dibujo que la palabra. La palabra es muy confusa, porque es algo que pasa en el espacio y el tiempo. Cuando hablas, las palabras se disuelven, y si te has perdido la primera parte de la frase, ya la has cagado. Yo en el colegio nunca me enteraba de nada porque perdía la atención. Sin embargo, un dibujo lo puedes ver todo el tiempo que quieras, lo tienes delante. Es una herramienta muy útil, yo la tenía a mano y la utilicé con María. A través del dibujo resolvemos problemas, hacemos agenda, resolvemos conflictos, y además, María ha empezado a dibujar.

-Después de 'María y yo' vino 'María cumple veinte años' hace ya cinco... Se habla y estudia mucho acerca del autismo en la infancia, pero nada cuando son adolescentes y adultos.

-Cuando son niños, son muy monos, como todos los niños. A María, por ejemplo, le gusta mucho pellizcar a la gente, y no es lo mismo que lo hiciera cuando era niña que ahora. Además, se ven pocos autistas en la calle, porque están en centros o están en las casas.

-¿Por qué salen poco a la calle?

-El autismo tiene dos rasgos complicados para los padres; la dificultad de comunicación con los demás, y la dificultad para entender las reglas sociales. María se pone a gritar en medio de la calle porque algo le ha fastidiado y a ella no le importa si la gente mira o no, y a veces los padres se retraen. Acostumbrarse a las miradas es complicado, y es duro; y más en el caso del autismo, que no tiene ningún rasgo externo. El libro es una forma de visibilizar también esa forma de vida. El autismo además no es algo que se cure, porque no es una enfermedad, pero los que más éxito tienen son los Asperger, que básicamente lo que hacen es disimular. Como hacemos todos, pero ellos lo hacen con muchas más dificultades. Imagina que todos los días cambian las normas sociales. Tú ahora sabes más o menos cómo funcionar, pero ellos no entienden. Es cagarla todo el rato.

- ¿Cómo ha cambiado su visión del autismo?

- Yo solo había visto la película 'Rain Man', y esa era mi idea. Ahora somos muy famosos, hay series sobre el autismo,'teds', aunque aún sigue habiendo muchos clichés. Gente que piensa que un autista es un niño mirando cara a la pared, o un genio de las matemáticas, y no todos son así.

-Su cómic 'María y yo' rompe con todos esos tópicos sobre el autismo...

-Sí, porque además María no es una historia de éxito; debo ser un desastre de padre, pero María no sabe leer ni escribir, ni se ata los zapatos, necesita ayuda para ducharse... Con todo, intentamos llevar una vida normal y corriente, y sobre todo, que María sea una niña feliz. Todos los padres lo procuramos nuestros hijos.

-Se aleja de los clichés incluso en su escenario, en unas vacaciones en un resort de extranjeros en Canarias...

-Yo no hice un libro para hablar del autismo, sino para hablar de María y de las aventuras que nos corremos. A través del libro la gente entiende algunas cosas. Nosotros a veces hacemos cosas muy psicodélicas, como irnos a un resort. Al final lo que me interesa es contar, y llegar a cuanta más gente mejor.

-¿Cuál es su motivación para tratar de llegar a tanta gente?

-La visibilización; como yo lo he entendido, quiero intentar que los demás lo entiendan. Y como yo tengo una herramienta como el dibujo, que es lo que he hecho toda la vida, intento cambiar esos tópicos.

-Dice que María recuerda los nombres de todas las personas que ha conocido a lo largo de su vida. ¿Es su forma de ordenar el mundo?

-Para María el mundo es muy confuso, es un sitio muy lioso, y ordenando a la gente y nombrándoles es una forma de poner un poco de orden. Cuando hacemos una fiesta con María, su preocupación es que venga todo el mundo que tiene que venir, y luego que se vaya todo el mundo que se tiene que ir. Hay que hacer una lista de la gente que ha venido, pero también otra de la que no ha venido.

-Propone no pensar demasiado en el futuro, sino en el día a día. Con todo, imagino que es inevitable no planificar el porvenir de un autista cuando sus padres ya no estén.

-En la agenda normal hay un día que, aunque los vas a echar de menos y todo eso, los hijos crecen, se casan... Pero en nuestro caso la protección tiene que llegar hasta la muerte. A nosotros nos ha llegado el momento en que estamos empezando a pensar qué fundaciones de tutela podemos buscar. Te tienes que preocupar cuando te llega el momento de preocuparte, si te preocupas antes tu vida es un no vivir. Cada momento tiene su preocupación.