Así se desplomó el gigante Polaris World

Pedro García Meroño y José Luis Hernández, en 2004, durante la presentación del complejo Mar Menor Golf Resort./Martínez Bueso
Pedro García Meroño y José Luis Hernández, en 2004, durante la presentación del complejo Mar Menor Golf Resort. / Martínez Bueso

El administrador judicial del emblemático grupo inmobiliario solicita la inhabilitación de Pedro García Meroño y José Luis Hernández por concurso culpable y desvela los hitos de una caída que se prolongó durante casi una década

Ricardo Fernández
RICARDO FERNÁNDEZ

Cuentan los mitos que hubo una vez un gigante que era capaz de crecer por la propia fuerza de su voluntad y que, movido por su deseo de alcanzar la Estrella Polar, lo hizo tanto, y tanto, y tanto, que apenas era ya capaz de mantener el equilibrio. La letal paradoja consistía en que, cuanto más poderoso se creía, más vulnerable era en realidad. De manera que el día en que un temible huracán barrió la superficie terrestre, las criaturas más pequeñas pudieron hallar pronto y fácil refugio, mientras el descomunal coloso, que para ese momento ya rozaba con la yema de sus dedos la brillante joya de sus anhelos, era sacudido de un lado a otro y se tambaleaba sin asidero posible, hasta acabar siendo arrastrado a una caída que, desde tamaña altura, solo podía, por fuerza, ser mortal. Tanto y tanto había crecido que, cuentan los clásicos, tardó casi diez años en desplomarse por completo y, al hacerlo, fue arrasando muchas tierras y haciendas, y algunas nunca más volvieron a ser fértiles. A aquel gigante de desdichado fin sus padres, proféticamente, le habían llamado Polaris, por la estrella, y World, porque estaban convencidos de que un día conquistaría el mundo. Muy cerca estuvo de hacerlo.

Ahora, con los despojos del goliat repartidos por el suelo y sometidos a una triste evaluación para tratar de extraerles algún postrero provecho, quizás haya llegado el momento de recopilar antiguos e inéditos datos sobre su auge y caída. Y no tanto por una ingenua voluntad de intentar extraer de ello alguna enseñanza, que allá cada cual, sino por saciar la mera curiosidad de quienes asistieron a tal fenómeno y aún no han comprendido del todo cómo llegó a producirse.

La inspiración brotó en Florida El mismo sol que en Pacheco

El Grupo Polaris World nació en 2001, respondiendo al talento y al espíritu visionario de un entonces joven emprendedor pachequero, Pedro García Meroño, quien ya antes había dado con la fórmula del éxito con una empresa de generadores eléctricos y que, tras vender el negocio bien ricamente, se instaló durante un tiempo en Florida sin otro quehacer aparente que disfrutar de los réditos obtenidos. Allí andaba, tostándose al sol de los yanquis en una lujosa urbanización, cuando cayó en la cuenta de que el calorcito procedía del mismo astro rey que brillaba sobre su pueblo y que aquel concreto 'resort' en el que se había instalado, y en el que las casas costaban poco menos que un Potosí, lo podía construir él, igualito, igualito, sí, también en su pueblo.

Retornó a Torre Pacheco, tomó del brazo a quien entonces era allí el 'capo del ladrillo', Facundo Armero, y lo embarcó hacia Miami para que viera con sus propios ojos cómo trabajaban por allí sus colegas. «¿Qué te parece?», le dijo; «¿vamos p'alante?». Invirtieron hasta el último de sus ya muchos euros en adquirir pedregales y cuando sacaron a la luz el primer proyecto, más que vender casas se vieron despachándolas como si fueran barras de pan. Gritaron «¡Eureka!» y supieron que habían dado con la piedra filosofal del urbanismo en España.

Entre 2001 y 2006, el crecimiento de Polaris World fue prácticamente en vertical. Llegó a vender 3.000 viviendas al año y a facturar 800 millones de euros, a tener 2.000 trabajadores directos y a acumular 30 millones de metros cuadrados de terreno. Su actividad se extendió y diversificó hasta alcanzar innumerables servicios –jardinería, mobiliario, restauración, hostelería, limpieza...–, hasta el extremo de que el grupo, cuyas sociedades tractoras eran Polaris World Development SL y Polaris World Real Estate SL, llegó a estar integrado por 47 mercantiles.

Como cabeza visible de la gestión del negocio aparecía José Luis Hernández de Arce, un antiguo y prometedor empleado del despacho Garrigues que acabó ocupando el cargo de presidente del 'holding' empresarial. Por más que quienes llevaran la batuta fueran, en cualquier circunstancia, lo dos socios fundadores.

El proceso judicial, que se inició en 2016 para disolver la compañía inmobiliaria, da sus últimos coletazos

A finales de 2006, se produjo uno de los hitos más importantes en la historia del Grupo Polaris World, con la salida de uno de ellos, Facundo Armero, debido a las discrepancias crecientes e irreconciliables que mantenía con García Meroño. Vendió por unos 300 millones las acciones que poseía a través de Suelos Industriales La Hita, y emprendió nuevos negocios en solitario, casi todos de corte inmobiliario, que acabarían teniendo el mismo desdichado futuro que la mayor parte de las grandes empresas del sector.

PricewaterhouseCoopers expone en un exhaustivo informe que, en mayo de 2012, ya se daban todas las circunstancias para que la compañía hubiera acudido al concurso voluntario de acreedores; no lo hizo hasta octubre de 2016, después de más de cuatro años «de auténtico vía crucis»

Por su parte, García Meroño aprovechó la coyuntura para reforzar su posición en el Grupo Polaris, ya que el 7% de las acciones de Armero fueron adquiridas a través de la sociedad Roswell Capital SL. Esta mercantil se había constituido unos días antes y, aunque estaba liderada por José Luis Hernández, todo hace pensar que el objetivo era lograr que García Meroño acabara haciéndose con casi el 60% del capital.

El resto de las participaciones de Armero fueron adquiridas por los fondos de inversión Emtwo Investments SL –hoy Participaciones Inmobiliarias del Sureste SL–, controlados por la familia Muñoz Beraza, que se hizo con un 20% de Polaris, y a los fondos extranjeros Credit Suisse Real Estate Capital Parners.

Un huracán en forma de crisis Las ventas se desploman

Sostienen algunos expertos que, para ese momento, el mercado inmobiliario ya había emitido las primeras señales de alerta, aunque nadie pareció haberlas escuchado y el mundo entero parecía empecinado en seguir hinchando la burbuja. El resultado conocido fue que en 2008 pegó la gran explosión y que la onda expansiva se llevó por delante, como en el chiste, casi hasta la intemperie. El drástico frenazo en las ventas de viviendas y el consiguiente desplome de los ingresos sorprendió a Polaris World con una deuda financiera de 1.200 millones de euros –el último préstamo lo había firmado en julio de 2008, por 241 millones, para ampliar el complejo Mar Menor Golf Resort–, cuyos vencimientos estaba muy lejos de poder atender en esa coyuntura.

En mayo de 2009, con la amenaza cierta de la quiebra planeando sobre el grupo inmobiliario, Polaris World se vio forzado a negociar con un grupo de bancos –Banco de Valencia, Bancaja, CAM y Banco Popular– una importantísima reestructuración de su deuda, lo que logró con el elevadísimo coste de despojarse de una gran parte de su activo inmobiliario en favor de esas entidades. En concreto, tuvo que desprenderse de miles de viviendas, millones de metros cuadrados de suelo, campos de golf y hasta del hotel del complejo Mar Menor.

El denominado 'Acuerdo Marco', suscrito con esas entidades el 22 de mayo de 2009, recogía algunos pactos, hasta ahora desconocidos, como el de otorgarle una moratoria de tres años al grupo inmobiliario, durante los cuales quedaría en suspenso la amortización de capital y una reducción del tipo de interés para la deuda viva que aún quedara pendiente.

Un trabajador desmantela las banderolas de la urbanización Condado de Alhama, en 2006.
Un trabajador desmantela las banderolas de la urbanización Condado de Alhama, en 2006. / Vicente Vicéns / AGM

El objetivo era insuflar al 'holding' el oxígeno suficiente para sobrevivir hasta que, como todos rogaban que ocurriera, mejorara lo suficiente la situación de la economía mundial y, específicamente, del mercado inmobiliario en España.

De salir todo conforme a lo planificado, Polaris World llegaría a mayo de 2012 con unas recuperadas expectativas de negocio y con una deuda pendiente de apenas 192 millones, frente a los más de 1.200 que arrastraba en 2009. Pero nada de lo esperado acabó ocurriendo.

Declaración de preconcurso Solo habían pasado 7 meses

Pese al pacto alcanzado con los bancos, el grupo seguía en la UCI y las cuentas indicaban que se iba a cerrar 2009 con un Fondo de Maniobra negativo de 172 millones de euros. En diciembre, apenas siete meses después del 'Acuerdo Marco', quince sociedades, entre ellas Polaris World Development y Polaris World Real Estate, los dos mascarones de proa del imperio, acudían al juzgado y presentaban la denominada declaración de preconcurso de acreedores, en virtud del artículo 5 bis de la Ley Concursal.

Ello daba tres meses a la empresa de García Meroño para volver a negociar con los acreedores, básicamente los mismo bancos, una deuda ya vencida que no podían saldar.

Esta primera 'bola de partido' se acabó salvando con la entrega de otra importante partida de activos inmobiliarios, con lo que la compañía se quedaba todavía más tocada. En abril de 2010, Polaris World presentaba en el Juzgado de lo Mercantil número 2 de Murcia un escrito garantizando que había superado su situación de insolvencia.

En 2009, la mercantil se desprendió de buena parte de su enorme patrimonio inmobiliario para rebajar su deuda con los bancos

Pero el tiempo avanzaba y, pese a la moratoria otorgada por los bancos de la que disfrutaba el grupo, la situación seguía siendo crítica. De ahí que cayera como un mazazo el anuncio de la Agencia Tributaria de que existía una deuda de casi 15 millones de euros por el Impuesto de Sociedades de 2009.

Aunque nunca se perdía la esperanza en que al curso siguiente la situación mejoraría, los administradores de la firma tenían que admitir con el cierre de cada año que los planes de negocio no se habían cumplido y que el panorama era cada vez más oscuro.

Mayo de 2012 llegó sin que los rayos de sol hubieran hecho su aparición por lado alguno y el alzamiento de la moratoria no hizo más que recrudecer los muchos problemas que se encontraban irresolutos. Ni podía atender a los vencimientos previstos en la deuda bancaria, ni tampoco a la deuda tributaria, ni siquiera a las cuotas de las comunidades de vecino que tenía que saldar por su todavía extenso parque de viviendas, ni a los impuestos locales como el IBI...

En un exhaustivo informe presentado por PricewaterhouseCoopers, el administrador judicial del concurso de acreedores, al que finalmente acabó viéndose abocada la compañía en 2016, deja constancia de que en mayo de 2012 todos los datos ya indicaban que Polaris World era un cadáver. Como el gigante del mito, estaba ya muerto, pero era tan grande que tardaba mucho en desplomarse sobre el suelo. Y señala que, con el fin de la moratoria y la constatación de que no se podía pagar la deuda, hubiera sido ese el momento propicio para acudir al concurso de acreedores. Pero nada de eso se hizo.

La espera ante lo inevitable Demandas entre los socios

Los más de tres años que siguieron hasta que Polaris World acudió al Juzgado de lo Mercantil para reconocer la quiebra solo fueron «una espera ante lo inevitable», tal como describe el administrador concursal. Otra expresión que utiliza, no menos acertada, es la de «un auténtico vía crucis». Elija cada cual la que prefiera.

En el ejercicio 2013, hubo impagos reconocidos de más de 12 millones de euros y, en 2014, el incumplimiento de las obligaciones de pago del préstamo principal y de los intereses ya ascendía a 82,2 millones.

Como a un boxeador sonado, los golpes le llegaban por todas partes y no atinaba a ofrecer defensa alguna. En junio de 2015, la Agencia Tributaria levantaba un acta de infracción por el Impuesto de Sociedades de 2008 a 2011 y Polaris World se veía obligado a reconocer impagos de más de diez millones.

Por si algo faltaba, uno de los grandes socios de la compañía, Participaciones Inmobiliarias IEC del Sureste, la sociedad de la familia Muñoz Beraza, presentaba una reclamación judicial para que condenaran a Polaris World Development a devolverle 9,3 millones de un préstamo.

Desenlace y cierre El golpe postrero

En octubre de 2016, Polaris World presentaba en los juzgados de lo Mercantil de Murcia la declaración de concurso voluntario. Era el desenlace de una muerte anunciada casi una década antes. De toda la deuda acumulada, que fuentes solventes cifraron entonces en unos 350 millones, la circunstancia más reseñable es que nada de ella correspondía a reclamaciones salariales. Como siempre antes había hecho, Pedro García Meroño había velado hasta el último instante para que sus empleados, en la medida de lo posible, no acabaran pagando una parte del desastre.

Ahora, la administración concursal acaba de cerrar el asunto referido a una de las sociedad, Polaris World Desarrollos, con una petición a la magistrada del Juzgado de lo Mercantil número 2 de Murcia para que condene a Pedro García Meroño y a José Luis Hernández por concurso culpable. Considera el experto que, con sus decisiones –como la de retrasar la declaración del concurso–, los dos administradores agravaron la insolvencia de la compañía y perjudicaron a los acreedores. Y reclama que sean inhabilitados durante diez años para administrar bienes ajenos, así como que asuman la cobertura total del déficit concursal o, en su defecto, que abonen una indemnización de 1,5 millones.

El último cascote conocido del coloso, que no parece que vaya jamás a acabar de desmoronarse.

No están acusados de delito alguno, sino de una administración inadecuada del grupo

La petición formulada por la administración concursal para que Pedro García Meroño y José Luis Hernández del Arce sean condenados por concurso culpable no implica que hayan cometido delito alguno. Lejos de cualquier relación con el ámbito penal, todo el procedimiento se desarrolla en un juzgado de lo Mercantil, que solamente podría castigarlos con una pena de inhabilitación para administrar bienes ajenos, por espacio de diez años, y con una posible obligación de asumir indemnizaciones por 1,5 millones. El administrador les acusa de haber tardado demasiado tiempo en declarar el concurso voluntario de acreedores.