Baño de HRC en las Termas

Marc Márquez/
Marc Márquez

Doblete de Márquez y Pedrosa en Argentina, por delante de un Lorenzo desarmado

MIGUEL SESÉMadrid

Jorge Lorenzo estaba sonriente y encantado tras ser tercero en el GP de Argentina de MotoGP. Cualquiera que conozca al mallorquín pensará que es una broma o que se ha rendido, dos posibilidades habitualmente alejadas del carácter del bicampeón. Sin embargo, hay un poco de todo eso en su reacción tras la visita del Mundial a Termas de Río Hondo, que si no cambia el nombre por Termas de Río Honda es porque así tendrían que llamarse la inmensa mayoría de trazados del campeonato. Una salida fabulosa, plagada de emoción y que mandó a las HRC a la sexta y la séptima posición fue lo más interesante de lo que llevamos de año, pero apenas fue un espejismo. Cuando la calma volvió a reinar en el bello circuito sudamericano, y a pesar de que Lorenzo ya se había escapado en la primera posición, todos los actores del campeonato entendieron que sería cuestión de tiempo que Márquez cazase al fugitivo y que la única duda sería si Pedrosa iba a llegar a tiempo para firmar un doblete. Ambas cosas ocurrieron para regocijo de Nakamoto, para preocupación de Dorna y para el desaliento de los aficionados objetivos, que sueñan con un Mundial igualado y que se volvieron a topar con una realidad imparable, más si cabe a los lomos de una Yamaha.

Temeroso del desenlace pero obligado por las exigencias del guion a dejarse el alma sobre la moto, Lorenzo se dedicó a lo mejor que sabe hacer:tirar como un poseso después de una salida fulgurante, esta vez con el semáforo ya en verde. Dos errores indignos de su nivel, el de Catar cayéndose en la primera vuelta y el de Texas escapándose de la salida lastraban su moral y a la M1, que iba desgastando el neumático empeñada en abrir un hueco que fue grande, pero ficticio. Detrás el lío era monumental, con invitados como Iannone o Bradl y Valentino Rossi buscando resucitar. Márquez, tranquilo y con suficiencia, remontaba amparado en tres factores: su genialidad, la inigualable potencia de su moto y la permisividad de algunos de sus rivales. El caso más representativo fue el doble adelantamiento a Iannone, gracias a una frenada increíble, y a Valentino, que se había colado facilitándole de forma involuntaria las cosas a uno de sus supuestos rivales.

Lo del italiano merece capítulo aparte. No es que ni vea a Lorenzo en las carreras, es que tampoco es capaz de ejercer de escudero y complicarle la vida a sus enemigos cuando la ocasión lo requiere. Supo, eso sí, pelear hasta llegar a la cuarta plaza final, su techo siempre y cuando no haya incidentes entre los tres mejores pilotos de la categoría a día de hoy. Muy por delante del doctor, concretamente una decena de segundos, Marc se puso a rueda de Lorenzo y la sensación fue de bucle temporal infinito. El de Cervera, que había prevenido de una carrera más calmada debido al supuesto desgaste de las gomas, se puso tras Lorenzo y aguardó hasta que faltaban nueve vueltas para el final.

Antes, como si Carmelo Ezpeleta le estuviera hablando por un pinganillo que no existe reclamándole algo de emoción, jugueteó con su desventaja para que los aficionados no cambiasen de canal o se fueran para casa. El 93 se ponía a rueda, se quedaba acuatro décimas y se volvía a acercar con la sensación de que lo único que le incomoda correr con el freno de mano echado. En la parte positiva, es perfectamente consciente de que su binomio con la HRC le hace más de medio segundo más rápido que cualquiera de sus rivales en más de la mitad de los circuitos del Mundial. Argentina no fue una excepción y Márquez pasó cuando quiso al frente. En un parpadeo ya le sacaba más de un segundo a Jorge, que probablemente maldecía su suerte dentro del casco y a quien en la pizarra enseguida le mostraron no su desventaja respecto a Márquez, sino la renta frente a un Pedrosa que se acercaba. Fiel a su táctica, miga a miga y bastante por detrás de su colega de garaje, el 26 recortaba medio segundo por vuelta a Jorge, un corredor con las piernas atadas y con un contrato por firmar para el año próximo. Dani sí ejerce a la perfección el papel de escudero. Resignado a su suerte después de que le metieran en su equipo a un animal insaciable, Pedrosa va recogiendo los cadáveres que deja Márquez para seguir sumando, de veinte en veinte, y esperar que un guiño del destino sea por fin a su favor. La táctica pasiva es el complemento perfecto para HRC, que cuenta con dos pilotos fiables y máximos candidatos al título, uno por agallas y otro con la calculadora en la mano.

Tres carreras y tres victorias de Márquez es lo que deja el Mundial de MotoGP. Al margen de teorías conspirativas, de culpas a los neumáticos y de vueltas de tuerca de los equipos, el campeonato es ya una copa monomarca entre Márquez y Pedrosa. Lorenzo, descalzo y en inferioridad de condiciones, no puede competir contra ellos.