Y tras 18 años, halló su ángel

Y tras 18 años, halló su ángel

Sergio García logra su 'major' al dejar atrás, de la mano de su futura esposa, ríos de negatividad

RODRIGO ERRASTI

18 años después de brillar en Augusta, Sergio Garcia ya es 'major'. 2017 será el año más recordado de su vida; ese en el que logró un grande tras 74 intentos meses, antes de casarse con Angela Akins, una periodista de 32 años con la que lleva un año y medio de relación. Los que mejor conocen a 'El Ninio', como le llaman en Estados Unidos, creen que ambos hitos en la vida de Sergio están muy relacionados. A sus 37 años ya tiene su chaqueta verde, como su querido Seve Ballesteros y un José María Olazábal con el que compartió ceremonia privada en 1999 siendo el mejor amateur. Durante todos estos años Sergio, el más joven en pasar el corte en un torneo del circuito Europeo y en formar parte del equipo continental en la Ryder, era la esperanza patria para lograrlo. Siempre parecía cerca de hacerlo, pero terminaba fallando en su intento. Ganaba torneos (suma 33 su carrera), pero no el ansiado 'major'.

Pasó a dudar de sí mismo, le dolían las críticas y no terminaba de asentarse personalmente, ya que sobre todo las dos rupturas con la australiana Morgan Leigh Norman le destrozaron su moral. «Nunca podré ganar aquí», llegó a decir en Augusta, lugar que llegó a odiar. Volvió a despuntar en 2013, justo cuando inició una relación más seria con la alemana Katharina Boehm. Pero aquello se rompió y volvió a caer.

Se llegó a tomar un descanso, buscando una estabilidad que no terminaba de encontrar hasta conocer a Ángela, a finales de 2015, y presentó oficialmente unos meses después en el Open de Valderrama. Ella, hija del exjugador de fútbol americano Marty Akins y que trabaja desde años en 'Golf Channel', le cambió la manera de ver la vida. La clave, según él mismo, «mucho trabajo» y también «ayuda». De un psicólogo, de «Ángela, familia y amigos». Volvió a ser feliz y su juego a alegre. Incluso cuando falla algún golpe. «Ahora miro al campo de otra manera».

En Augusta luchó contra un gran Justin Rose pero sobre todo lo hizo contra sus propios miedos. El domingo siempre se le había atragantado en los 'majors' pero transmitía una sensación zen. Sus primeros nueve hoyos fueron impecables. «El Masters no empieza hasta los segundos 9 hoyos del domingo», dice el dicho. Ahí empezaron los problemas. Un par de 'bogeys', pero no hubo gestos de desesperación. Miraba de reojo a Angela y siguió a lo suyo. En el hoyo 13 los agoreros, muchos de ellos incluso fans de Sergio, se temieron lo peor cuando su salida acabó en los matorrales. Lo compensó con una magnífica recuperación.

Llegó al 18 igualado y un fallo de Rose le concedió su particular 'match point'. Un 'putt' de tres metros, pero la caída no fue la adecuada. Incredulidad entre el público americano, que ha mostrado más cariño por Sergio incluso que en España. Error y 'playoff'. Seguro que pensó en el Británico de 2007, cuando en Carnoustie tuvo el 'major' a un golpe pero falló un 'putt' que obligó a un hoyo extra en el que el irlandés Padraig Harrington le robó la gloria.

Antes de este nuevo desempate, en la rampa camino de la salida del 18, chocó su mano con Angela, consciente de que aquel momento podía ser un punto de inflexión. Que en la cabeza de su futuro esposo no debía aparecer la palabra fracaso. Era el 9 de abril, el día que su amigo Severiano hubiese cumplido 60 años. «Estoy seguro de que me ha echado un par de manos durante esta vuelta». Y jugó el 'playoff' con la jerarquía de Ballesteros. La gloria debía ser suya. Tenía dos opciones pero su primer 'putt' fue perfecto. Se agachó y se agarró la cabeza, gesto que a la vez hizo Angela. Curiosa casualidad. Y tras abrazar a Rose, gritó Sergio a modo de liberación. Está centrado y en la mejor edad. Tras 74 intentos, ya se ha desbloqueado. «Ha sido una semana increíble, voy a disfrutarla por el resto de mi vida». Es feliz y se siente querido. Dio las gracias a sus amigos, entre ellos Luis Figo y José Andrés, pero sobre todo a Angela, «mi prometida». El US Open es en junio, días antes de su boda, que incluirá un rodeo. Avisa que la chaqueta verde no le cambiará: «Sigo siendo el mismo, igual de bromista».

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