Monchi, el último superviviente de un equipo legendario

Monchi, director deportivo del Sevilla. /
Monchi, director deportivo del Sevilla.

El Sevilla afronta el reto de conseguir su tercera Liga Europa con un equipo completamente renovado respecto al que se coronó en Eindhoven y Glasgow

LUIS F. GAGOSEVILLA

En sus tiempos de mandamás, Jesús Gil se vanagloriaba de hacer una renovación completa de su Atlético al término de cada temporada en la que el equipo no daba el rendimiento esperado. Dictaba sentencia a través de frases lapidarias en los medios de comunicación de los que siempre fue asiduo como "no quedará ni el utillero". El Sevilla, que este miércoles luchará en Turín por conquistar su tercera Liga Europa, se ha sometido de la mano de Monchi a cirugía estética total con respecto a aquel equipo que ganara entre los años 2006 y 2007 todo lo que pudo conseguir, excepción hecha de la Liga.

El que fuera portero de la entidad nervionense decidió en el verano de 2013 dar un golpe encima de la mesa. José María del Nido lo llamó a su despacho. Dijo a su mano derecha que él iba a ser quien tomara el timón de una nave que pronto tendría un nuevo capitán y precisaba de un contramaestre capaz de enderezar la barcaza. Monchi hizo una limpieza general dentro del plantel. Limpia que comenzó un par de años antes con la marcha de los grandes jugadores que dieron los mejores momentos a una afición ansiosa por celebrar más títulos. Kanouté, Luis Fabiano, Martí, juntos a otros compañeros, dejaron paso a contrataciones que no rindieron. Para la presente campaña solo iban a quedar Palop y Navas de aquel equipo campeón. Y al final ni ellos.

El primero llevaba dos años en la confirmación de que el tiempo pasa para todos, incluido el 'héroe de Donetsk'. El portero puso a rumbo hacia Alemania con la conciencia tranquila y el corazón rojiblanco. «El Sevilla ganará en Turín». Lo dice por la ciudad del Guadalquivir a la que siempre vuelve, sobre todo cuando toca la gran fiesta local de la Feria. El otro protagonista escucha en una ciudad casi sin sol como Manchester el himno del Centenario para volver a esos viejos tiempos. Jesús Navas conquistó el domingo su primer título liguero. Se quitó la espina de no haberlo hecho aquel mágico 2007 con su equipo de toda la vida. Ahora, con el City haciendo historia y él en el Olimpo de la Premier, solo tiene sus ojos, como buen sevillista, puestos en Turín. «Vamos a vencer. Será duro, pero nadie nos frenará». Habla en primera persona del plural. Porque el que nace bajo el escudo sevillista no deja de serlo pese a miles de kilómetros de separación.

Ni en la foto

En mitad de esta tempestad que dejaba muchas bajas dentro de la planta noble del Pizjuán, Monchi mandó a tierras rusas a su segundo de a bordo, Víctor Orta, ahora en el Zenit de San Petersburgo. Desde el frío confirma que siente envidia sana de lo que de nuevo se va a vivir en unos días. También añoran aquellas temporadas los últimos olvidados siempre en una entidad: los utilleros. «Allí estaré con mi carné, pero esta vez no saldré en la foto», sonríe uno de los vivió la emoción de la tanda de penaltis en Glasgow. «Es como dicen, nadie nos podrá robar la ilusión», comenta otro de los fisios que vio en posición de privilegio la primera final dónde comenzó todo, en Eindhoven. Hasta Jesús Gil se reiría de la irónica vida. Los utilleros ya no salen en los carteles junto a las estrellas.

En el Phillips Stadium, con miles y miles de sevillistas en las gradas, el Sevilla apabulló al Middlesbrough, el 10 de mayo de 2006. El equipo nervionense tocó la gloria con Palop en portería; Alves en el lateral derecho, David en el izquierdo, Javi Navarro y Escudé en el centro de la zaga; Martí y Maresca como dueños del doble pivote, Navas por banda derecha y Adriano en la izquierda; en punta de ataque estuvieron Saviola y Luis Fabiano, quien finalmente dejó a Kanouté sentado de inicio en el banquillo de los suplentes. Salió todo a la perfección y la victoria se selló con los goles de Luis Fabiano, Maresca (2) y Kanouté.

Un año después, de Eindhoven se pasó a Glasgow. Más al norte aún. En Escocia. Fue la competición, sin duda, de Palop.

Primero, el portero le dio al Sevilla la clasificación a los cuartos con un gol de cabeza en el último segundo en Donestsk. Y después le dio el título por penaltis en la final de Hampdem Park ante el Espanyol. El Sevilla jugó aquella final con Palop; Alves, Javi Navarro, Dragutinovic, Puerta; Martí, Poulsen, Maresca, Adriano; Kanouté y Luis Fabiano. De ese equipo que hizo historia bajo la dirección de Juande ya sólo queda el espíritu de Puerta.