Mbia da el golpe en el descuento

Los jugadores del Sevilla celebran el pase a la final/
Los jugadores del Sevilla celebran el pase a la final

Un cabezazo del camerunés lleva el drama a Mestalla (3-1). El equipo de Emery jugará la final el 14 de mayo ante el Benfica

LUIS F. GAGO

Ficha técnica

Valencia: Diego Alves, Joao Pereira, Ricardo Costa, Mathieu, Bernat, Parejo, Keita, Feghouli, Vargas, Piatti (Fede Cartabia, min. 61) y Jonas (Barragán, min. 83).

Sevilla: Beto, Coke, Pareja, Fazio, Fernando Navarro (Alberto Moreno, min. 71), Mbia, Carriço, Vitolo, Rakitic, Reyes (Marin, min. 81) y Bacca (Gameiro, min. 65).

Árbitro: Milorad Mazic (Serbia). Tarjetas amarillas a Bernat, Feghouli, Diego Alves y Carriço.

Goles:

1-0. Minuto 14. Feghouli.

2-0. Minuto 25. Beto, en propia puerta.

3-0. Minuto 65. Mathieu.

3-1. Minuto 93. MBia.

Incidencias: Partido de vuelta de semifinales de la Liga Europa, disputado en Mestalla. Lleno. En el partido de ida jugado en el Sánchez Pizjuán el resultado fue 2-0.

El Sevilla representará a España en Turín como finalista de la Europa League. Fue un partido trepidante, de los que crean afición. Lo hará por méritos propios. Venció en un último suspiro. MBia remató de cabeza y clasificó al Sevilla cuando en Valencia se celebraba el pase tras dar la vuelta al marcador del Sánchez Pizjuán con un 3-0 espectacular. Era un partido de vuelta cargado de tensión desde el primer segundo después del pitido final en el encuentro de ida. Pizzi, sabedor de lo que se iban a jugar en Mestalla, preparó durante la semana toda una mecánica de recursos mediáticos para presionar al Sevilla. En el bando visitante se pedía tranquilidad a los profesionales. Pero sobre todo se hacía de cara a Emery, deseoso de demostrar que no desfallecía en los momentos clave, como la leyenda urbana y negra le ha marcado en su corta trayectoria.

Salieron los dos clubes con las ideas claras. El Valencia asegurando los pases, sin precipitaciones, porque sabía que tenía 90 minutos para, al menos, igualar la eliminatoria. Los sevillistas con la intención clara del contragolpe. A los tres minutos Rakitic tuvo la primera ocasión de enseñar las armas con las que iban a la guerra que Mestalla tenía preparada para sus compañeros. Pero serían los valencianos los que mejor leyeron el inicio del duelo. Feghouli puso el primero de la noche. Entre él y Vargas dejaron en evidencia a Fazio para enseñar el camino hacia la final a una afición que vibraba a cada segundo que pasaba con el sueño de estar en Turín.

La cara de Coke reflejaba la ansiedad de un Sevilla que se veía sobrepasado ante el arrebato contrario. Los che eran superiores en todas las parcelas del campo. Beto era el único que mantenía una pausa en mitad de la tempestad que se estaba sufriendo a orillas del Mediterráneo. Muchos jugadores de Nervión estaban escondidos entre el césped, engarrotados por el nerviosismo. Esa falta de intensidad la aprovechó Jonas para empatar la eliminatoria con la ayuda del cancerbero portugués. Bernat se la puso desde la izquierda y el brasileño cabeceó con el alma para que nada le arrebatara la gloria.

El destino

El 2-0 en tan sólo media hora era un bálsamo para un graderío entregado. Los rojiblancos ni estaban ni se les esperaba. Reyes escenificó tal prueba cuando erró un gol cantado que Diego Alves, recuperado in extremis para echar una mano, agradeció haciendo la parada del año. En ocho días el Sevilla pasaba de jugarse un lugar en la Champions en Liga y otro en la gran final de Turín a perderlo todo. Emery estaba desencajado. Su halo de perdedor volvía a posarse sobre su hombro y él lo miraba como el condenado a muerte que pide un último deseo.

No se sabe bien qué diría Unai en los vestuarios. A unos hombres destrozados en lo moral y acabados en lo anímico. Lo que sí es seguro es el discurso de Pizzi. Exacerbado, meticuloso y con frialdad, una mezcla perfecta de mensaje para arengar a la masa que tenía delante totalmente extasiada. Entre los blanquinegros nadie quería abandonar el césped. Tenían los ojos enrabietados y el cansancio por el esfuerzo había pasado a un segundo plano. De ahí que salieran con la misma fuerza a la vuelta.

En una segunda mitad más comedida, con el trabajo bien hecho por parte valencianista, la sensación de un tiempo que pasaba más lento hizo acto de presencia en el sentir general. Hasta que el técnico sevillista hizo lo incomprensible. Sentó a Bacca para dar entrada a otro delantero. Hombre por hombre. Nadie entendió el cambio. Sí lo hizo Mathieu, que anotó el tercero mientras la defensa rival todavía pensaba en lo que había hecho su entrenador. Con el 3-0 el Valencia acariciaba el gran sueño. Sus seguidores lo festejaban. Revivían la noche mágica del Basilea y nadie les podía quitar la ilusión. Había lágrimas entre los 6.000 sevillistas que acudieron a la capital del Turia. Pero todo cambió a falta de un minuto y medio. En un descuento de locos. Un simple saque de banda representó el gran éxtasis sevillista. MBia marcó con la cabeza. Y Emery corrió como si su destino estuviera delante. Nadie se acordó del árbitro en esta ocasión.