La gestión de Luis Enrique ya se cuestiona

Luis Enrique, en París. /
Luis Enrique, en París.

El Barça evidenció en París que todavía está en construcción y que su técnico tendrá difícil poder cumplir su ideario sin enfrentarse a 'vacas sagradas'

NACHO BOLÍVAR

La primera derrota del Barcelona de Luis Enrique tras un inicio de temporada 'trionfant' reabre debates que parecían cerrados tras la marcha del nunca bien ponderado Tata Martino: unos hacen referencia a la valía de la plantilla en determinadas posiciones, sobre todo en defensa, y otros, todavía más preocupantes para el famoso entorno azulgrana, se refieren a la forma de gestionar el grupo por parte del técnico asturiano. A pesar del buen momento de Messi, el Barça mostró desajustes en el Parque de los Príncipes. A pesar de no haber encajado gol alguno en seis jornadas de Liga, el equipo aún está en construcción. Salvo la frivolidad de la portería, donde apostó por el alemán Ter Stegen e insistió en una rotación Liga-Champions que puso de moda Carlo Ancelotti, Luis Enrique evitó hacer experimentos al principio y apostó por un once repleto de 'vacas sagradas'. Confirmó el preparador gijonés que desconfía de Gerard Piqué, suplente por segundo partido consecutivo, y que, igual que le ocurrió a sus antecesores, Marc Bartra no termina de convencerle. Mascherano completó un Mundial extraordinario con Argentina jugando de mediocentro, pero Luis Enrique le quiere de central, donde fracasó ante la rapidez de un París Saint Germain que, sin la referencia de un nueve como Ibrahimovic, jugó con tres puñales como Lucas Moura, Pastore y Cavani. A Mathieu le vino grande París. Le faltaron contundencia, seguridad y acierto en la salida de balón.

En los laterales, ambos muy ofensivos, el Barça tiene un serio problema. Hubo fases en las que Dani Alves y Jordi Alba subieron a la vez y quebrantaron uno de los mandamientos del fútbol. Sobre todo el brasileño, arriesgó en conducciones y regates innecesarios. En el centro del campo, Busquets actuó al pésimo nivel del ejercicio pasado. Lento, fuera de sitio, sin la capacidad para presionar de antaño, dejó que el equipo se partiese. Y Rakitic también estuvo blando y algo cohibido en París. En estas circunstancias, mantener a Piqué y a Xavi en el banquillo es un problema, aunque el de Tarrasa tampoco cambió el 'tempo' de partido cuando entró. En ataque, Pedro pareció triste. Ni por asomo se acerca a esa versión desequilibrante y goleadora del tinerfeño. Munir y Sandro no fueron titulares pero sí recurrió a ellos como primeras opciones. La apuesta por los chavales de La Masia recibe el aplauso unánime al principio pero encuentra rechazo, desde dentro del vestuario y desde fuera, cuando los resultados no acompañan.

El antecedente romano

Los antecedentes de Luis Enrique en el manejo de estrellas no invita al optimismo culé. En la Roma dejó al equipo fuera de las competiciones europeas, «agotado» y enfrentado a la prensa en menos de un año. «Me voy porque estoy cansado. He dado el cien por cien, incluso cuando me faltaban las fuerzas. Ha sido bellísimo poder entrenar a la Roma, un gran orgullo y algo de lo que nunca me he arrepentido. Espero que el próximo no tenga que sufrir como yo», dijo Luis Enrique en su despedida.

Se le acusó de tener una mala relación con el viejo Totti. Se las tuvo tiesas con el capitán, suplente al principio e incluso alejado de alguna convocatoria pero sin renunciar nunca a su jefatura. «Totti me ha enamorado tanto que mi mujer está celosa. Fue un placer trabajar con Francesco», respondió el entonces técnico romano.

En la capital italiana hizo un máster de cómo conducir las dificultades. Todo lo salió mal. Ya en agosto, Iván de la Peña, que iba a ser su ayudante, se bajó de la nave. Bojan no rindió como se esperaba en su primera temporada fuera del Barça, sólo anotó siete goles y fue increpado; Stekelenburg no fue el muro infranqueable que se pensaba en la portería y Lamela y Osvaldo dieron más que hablar por los puñetazos que se dieron que por sus buenos partidos. Hasta los árbitros enfadaron a Luis Enrique. «No sé qué he hecho yo para merecer esta mierda», se quejó tras caer 1-2 en el derbi ante la Lazio.

Tras su primera derrota con el Barça, el joven técnico se responsabilizó de lo ocurrido, pero reconoció que su equipo falló en la presión y salida de balón y avisó a sus jugadores en general, sin particularizar, que «hay errores que no se pueden cometer». «Es una persona muy pasional, que vive visceralmente su trabajo y a quien los resultados influyen mucho», explica Franco Baldini, su director general en la Roma y hoy en el Tottenham.