Juan Pablo no quiso ser un héroe

Juan Pablo, sentado en la banda sobre una pelota, observa cómo sus compañeros se entrenan en La Manga Club, en diciembre de 2009. Estaba apartado del grupo. /
Juan Pablo, sentado en la banda sobre una pelota, observa cómo sus compañeros se entrenan en La Manga Club, en diciembre de 2009. Estaba apartado del grupo.

Juan Ignacio quiso dar una última oportunidad al delantero que marcó el gol del ascenso en Alcoy, pero él no la aprovechó. El fútbol ya no era su prioridad

FRANCISCO J. MOYA

Con su histórico gol en El Collao, Juan Pablo Ruiz (Puebla del Río, Sevilla, 1982) le cambió la vida a toda una generación de aficionados cartageneros. Y pudo habérsela cambiado también a sí mismo. Ese tanto (el décimo y último de los que anotó en sus 33 partidos como albinegro) significó que su contrato quedara automáticamente renovado, activándose la cláusula por ascenso. Lo mismo pasó con los contratos de sus compañeros Viyuela y Samuel.

La diferencia entre estos dos últimos y Juan Pablo es que el entrenador que llegó al club ese verano, el alicantino Juan Ignacio Martínez (JIM), se empeñó en que Juan Pablo se quedara en el club, pese a la oposición del entonces director deportivo, un David Buitrago que ya conocía las rarezas del ariete sevillano y que había sufrido en sus carnes la tormentosa relación de Juan Pablo con Fabri González, entrenador del Efesé hasta febrero de 2009. Ya en verano chocaron muchísimo. Hubo más. Por ejemplo, en Semana Santa, con Jémez al mando, Juan Pablo se fue a Sevilla sin permiso del club para salir de costalero con su hermandad de toda la vida.

El caso es que se impuso el criterio de Juan Ignacio Martínez, quien sí dio el visto bueno a las rescisiones de contrato de Samuel y Viyuela. Pero quiso que Juan Pablo, un héroe para la 'Efesemanía' que ese verano empezaba a nacer, se quedara en la plantilla de Segunda A, para competir por un puesto con Toché. Un mes le duró a JIM su paciencia con Juan Pablo.

«Por parte del club ya había dudas y no querían que se quedara. Pero es un futbolista del que yo guardo en mi retina muy buenos momentos suyos de cuando jugaba en el Algeciras, y también del tiempo que estuvo en el filial del Sevilla [28 goles en 105 partidos]. Por eso, recuperarlo para el Cartagena fue un reto personal que yo asumí», explicó JIM en agosto de 2009.

Pero no pudo. «La gente se preguntará cómo en tan poco tiempo tomo la decisión de darle la baja, pero es que ya no necesito más. Durante el trabajo de pretemporada, le he mandado muchos mensajes a nivel personal y en las sesiones de vídeos me he centrado mucho en él. Pero no responde. No se activa. Por eso, creo que no puede seguir con nosotros y así se lo trasladé hace unos días, con todo el dolor de mi corazón, porque es una persona que ha pasado a la historia del club por el gol del ascenso», alegó el técnico de Rabasa.

Una salida fea

Y el divorcio entre Juan Pablo y el Cartagena no fue amistoso, ya que el sevillano estuvo varios meses entrenando en solitario e incluso denunció a la entidad ante Magistratura por no permitirle trabajar junto a sus compañeros. Cuando al final lo readmitieron en el primer equipo, se cambiaba con sus compañeros pero no le permitían entrar en el terreno de juego. En febrero de 2010 se marchó al Mestalla y luego jugó un par de años en el Écija, colgando las botas con solo 30 años para dedicarse a su verdadero pasión: la tauromaquia.

Es el chófer del torero Morante de la Puebla, a quien le gestiona varias fincas y le lleva otros negocios. Dejó el fútbol muy joven «porque me llevé una decepción enorme en Cartagena, con compañeros y con otra gente. Y con la llegada de la crisis, vi que no merecía la pena seguir en el fútbol», contó el propio Juan Pablo en su última entrevista con 'La Verdad'.

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