El doctor Banville y Mr. Black

John Banville, en Madrid en febrero./
John Banville, en Madrid en febrero.

Belleza e ironía conviven en la prosa del recurrente candidato al Nobel, cuya obra «reflexiona sobre los secretos del corazón humano», según el jurado. El Príncipe de Asturias reconoce la maestría del narrador irlandés y su 'alter ego' en la novela negra

MIGUEL LORENCIMADRID.

El Príncipe de Asturias de las Letras 2014 fue para dos grandes creadores que, como Jekyll y Hyde, son una única persona. Cabría decir que lo comparten «el doctor Banville y Mr. Black». John Banville es el nombre que figura en el pasaporte irlandés del primer ganador, y con él ha firmado las magistrales novelas que lo convirtieron en recurrente candidato al Nobel y le otorgaron algunos de los grandes premios anglosajones. Su álter ego, Benjamin Black, carece de documentación oficial y escribe «siempre en verano» novelas negras, de intriga y más ligeras que deleitan a millones de lectores. Los dos perfiles de este Jano de las letras contemporáneas eran reconocidos ayer con el galardón de la Fundación Príncipe de Asturias, dejando en la cuneta a Murakami, McEwan o Salter.

Se lo adjudicaron por la «inteligente, honda y original creación novelesca» de Banville y por la aportación de «su otro yo» narrativo, «autor de turbadoras y críticas novelas policíacas». Cada creación de la dupla «atrae y deleita por su reflexión sobre los secretos del corazón humano», subrayó el jurado. «Su prosa -agregaba el acta- se abre a deslumbrantes espacios líricos a través de referencias culturales donde se revitalizan los mitos clásicos y la belleza va de la mano de la ironía».

La dualidad del mundo narrativo de 'Banville & Black' «muestra un análisis intenso de complejos seres humanos que nos atrapan en su descenso a la oscuridad de la vileza o en su fraternidad existencial», destacando cómo «cada creación atrae y deleita por la maestría en el desarrollo de la trama y en el dominio de los registros y matices expresivos».

El estilo de Banville se caracteriza por su precisa, elegante y poética prosa, nunca reñida con el humor negro, y que aligera sin perder exquisitez cuando firma como Black. Es su mayor preocupación como Banville y como Black. «Me importa poco quién mata al mayordomo; lo que verdaderamente importa es el estilo», asegura, de modo que «aunque se escriba sobre nada, hay que hacerlo con arte». Banville cumple su máxima a rajatabla. Trabaja despacio, esculpiendo cada frase y engarzándolas como un orfebre. Es «el escritor de lengua inglesa más inteligente», para George Steiner, Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, y se le tiene por el «heredero natural» de Vladímir Nabokov. «Escribir es como respirar», asegura el bicéfalo creador de exquisitos universos emocionales, siempre en busca de lo más hondo del alma humana en torno a la soledad, la memoria, la identidad o la sensualidad.

La candidatura de Banville se impuso a otras veintitrés procedentes de catorce países que optaban al galardón y entre las que figuraban el narrador británico Ian McEwan, el estadounidense John Salter, el japonés Haruki Murakami y los españoles Juan Goytisolo y Pere Gimferrer.

Nacido en Wexford, Irlanda, en 1945, John Banville acaricia el Nobel y atesora muchos de los grandes premios literarios en el ámbito anglosajón. Con 'El libro de las pruebas' (1989) fue finalista del Booker, que obtendría finalmente en 2005 gracias a su gran novela 'El mar', consagrada por el Irish Book Award. En 2011 recibió el prestigioso premio Franz Kafka, considerado antesala del Premio Nobel, y el año pasado recibió también el Premio Austriaco de Literatura Europea. El español Javier Marías lo nombró duque del Reino de Redonda, un reconocimiento personal a sus escritores admirados en 2012.

Sin formación universitaria, Banville trabajó de joven en la compañía aérea Aer Lingus. Entre 1968 y 1969 vivió en Estados Unidos y a su regreso a Irlanda se incorporó al diario 'Irish Press' hasta su desaparición en 1995. Ocupó luego la subdirección del 'Irish Times', el primer diario irlandés, del que también sería editor literario hasta 1999, y es habitual colaborador de 'The New York Review of Books'.

'Long Lankin', una recopilación de relatos cortos, fue su carta de presentación en 1970, a la que seguirían 'Nightspawn' (1971) y 'Birchwood' (1973). Con 'Dr. Copernicus' (1976), su premiada biografía novelada del astrónomo polaco, inició una serie sobre eminentes científicos como 'Kepler' (1981) y 'Newton' (1982) que cerró con 'Mefisto' (1986), revisión de Dr. Faustus y exploración del mundo de los números.

Con 'El libro de las pruebas' comenzó la trilogía que completa con 'Ghosts' (1993) y 'Athena' (1995), en la que el narrador es un asesino convicto. Su extensa bibliografía se completa con títulos como 'El intocable' (1997), 'Eclipse' (2000), 'Imposturas' (2002), 'El mar' (2005), 'Los infinitos' (2009) y 'Antigua luz' (2012), su última novela publicada en España.

Bajo el seudónimo de Benjamin Black, publica desde 2006 'thrillers' protagonizados por el patólogo forense Quirke. 'El secreto de Christine' (2007) abrió una serie con títulos como 'El otro nombre de Laura' (2008), 'El lémur' (2009), 'En busca de April', (2011), 'Muerte en verano' (2012), 'Venganza' (2013) -que llevará a la televisión la BBC- o 'La rubia de ojos negros' (2014), publicada aquí por Alfaguara y en la que asume el riesgo de resucitar al detective Philip Marlowe de Raymond Chandler.

El de las Letras es el quinto de los ocho galardones que concederá este año la Fundación Príncipe de Asturias, que en las últimas ediciones distinguió a Antonio Muñoz Molina, Philip Roth, Leonard Cohen, Amin Maalouf, Ismaíl Kadaré y Margaret Atwood.