Los talibanes de la nutrición

MARTA GARAULET

Desde que comencé mi vida profesional, hace ya más de dos décadas, he visto cómo se proscriben alimentos o componentes en la dieta. Recuerdo en los años 90, más exactamente cuando llegué a EEUU en el año 1989: entonces la palabra colesterol se asemejaba al demonio. Cuando acudía al supermercado me encontraba etiquetas rojas de peligro que ponían 'No colesterol'. Había huevos sin colesterol, carnes sin colesterol, aceite sin colesterol, hasta ¡agua sin colesterol! Fuimos testigos de un fenómeno social, la colesterofobia. Así, una de las mayores injusticias que hemos vivido en lo que se refiere a alimentos ha sido el rechazo total hacia el huevo. Como consecuencia de esta actitud, el consumo de huevos en España disminuyó de forma drástica en los 90, quedándose reducido a casi la mitad. Y es que se culpaba a los huevos de aumentar las concentraciones de colesterol en la sangre. Sin embargo, hoy en día sabemos que el colesterol de la dieta, al ser una molécula de gran tamaño, se absorbe mal y que, independientemente del colesterol que ingiramos, el cuerpo, si está sano, va a ajustar sus valores óptimos de colesterol. Muchas personas ignoran que sus organismos necesitan del colesterol para funcionar y que sin él morirían.

Más tarde le vino la mala fama a la grasa: la grasa engorda. Todo debía ser desnatado, leche, quesos, embutidos... y aunque es cierto que en España se toma exceso de grasa, no podemos culpar a la grasa de nuestro exceso de peso. La obesidad es algo mucho más complejo y a pesar de los grandes esfuerzos de la industria alimentaria en la reducción de grasa, cada día estamos más gordos.

Y ahora vivimos la fobia a los carbohidratos, ¡Los azúcares son el enemigo público! Llegamos al absurdo de escondernos para tomarnos un bollo, un pastel o una coca cola. El pan, base de la trilogía mediterránea, también ha caído en desgracia. Hace un tiempo se me ocurrió poner en Twitter una foto mía con una barra de pan en las manos; tuve que anular la cuenta por el número de insultos e improperios que recibí.

Tenemos muchos otros ejemplos de alimentos proscritos que hasta ahora eran esenciales en la alimentación española: la leche, las carnes, algunas frutas. Llegaremos al absurdo de no poder comer.

Aunque la mayoría de los mensajes nutricionales presentan un fundamento científico, no debemos ser talibanes de la nutrición. Llevados al extremo nos puede llevar a la locura, a la obsesión. Te aconsejo que comas con lógica, con moderación, sin sentimiento de culpa, que comas de todo, que te acerques a nuestra dieta mediterránea, y ante todo que disfrutes del placer de la comida.

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