En la Antigüedad clásica la higuera fue un árbol muy estimado, y su madera se empleó en la fabricación de estatuas, como las de Príapo o Hermes, dioses de la fertilidad. Los romanos siempre sostuvieron que la loba dio de mamar a Rómulo y Remo bajo una higuera, y por eso lo consideraron un árbol sagrado.

Esa imagen de fertilidad que nos transmite la higuera a través de la Historia deriva de la capacidad de este árbol de generar abundantes frutos, los higos, en climas semiáridos; aunque los higos, en realidad, no son un verdadero fruto sino una infrutescencia compacta. Lo que denominamos 'higo' es un receptáculo que contiene cientos de frutos. Son las menudas y abundantes semillas de las que la pulpa está llena sus verdaderos frutos.

La mayor parte de las higueras que cultivamos son partenogenéticas, escogidas porque no es necesaria su polinización; solamente en el Mediterráneo oriental se continua con el cultivo de la variedad 'esmirna', que necesita de caprificación, consistente en amarrar una rama de higuera con higos masculinos, denominados 'cabrahígos' -no comestibles-, en las higueras hembras productoras para que las avispas de la especie 'Blastophaga psenes' realicen la polinización. Alguna solitaria higuera de 'cabrahígos' podemos encontrar en la huerta de Murcia.

De higos a brevas, nos señala el aforismo, haciendo referencia a las higueras bíferas o reflorecientes que producen dos cosechas al año, la primera a finales de primavera dando brevas, y la segunda a finales de verano dando higos. Frente a ellas, las uníferas, que dan solo una cosecha, la de higos cuando el verano se hace otoño.

Turquía es el mayor productor de higos en el mundo, con un 26% de la producción mundial. Europa, en su conjunto, con una producción del 9% a nivel mundial se sitúa por detrás de países como Egipto, Marruecos, Argelia e Irán. Y España es el primer productor de higos de la Unión Europea y el segundo mayor exportador tras Alemania, produciendo el 3% a nivel mundial.

Existen más de ochocientas variedades de higueras en el mundo. El francés Pierre Baud, en la Provenza, departamento de Vaucluse, y el español Montserrat Pons, boticario de Llucmajor, Mallorca, con su finca Son Mut Nou, son los mayores coleccionistas de variedades.

En Murcia hemos utilizado la variedad 'calabacita', pequeña, redonda y sabrosa, para producir bombones de higo, bañados en chocolate y rellenos de chocolate, trufa o praliné. Todo un capricho.

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