Ramón Gaya, desde la intimidad

El pintor murciano Ramón Gaya./
El pintor murciano Ramón Gaya.

Pre-Textos publica la correspondencia que el pintor mantuvo con sus amistades durante más de 50 años

ROSA MARTÍNEZ

«Ramón Gaya dio mucha importancia a las cartas, a escribirlas y a recibirlas, sobre todo si eran para o de sus amigos», redacta el novelista, poeta y ensayista leonés Andrés Trapiello en el prólogo de 'Cartas a sus amigos', nuevo volumen de la colección 'Clásicos contemporáneos' que sobre el pintor murciano acaba de publicar la editorial Pre-Textos. «A través de ellas podemos imaginarnos 'toda' su vida», asegura Trapiello de una correspondencia que ha de considerarse, dice el autor de 'Ayer no más' (Destino, 2012), «tan importante como sus ensayos».

Contiene cerca de 300 cartas que Gaya envió a una treintena de amigos, entre los que figuran Juan Guerrero Ruiz, Luis Garay, Juan Ramón Jiménez, María Zambrano, Luis Cernuda, Juan Gil-Albert, Salvador Moreno, Tomás Segovia, Teresa de la Serna y Luis Marsans. Todas ellas se incluyen en una edición iniciada por el hispanista y gran amigo del creador murciano Nigel Dennis, y retomada a la muerte de este por la viuda del pintor, Isabel Verdejo, verdadera artífice del libro. Sobre ella ha recaído la transcripción de las cartas, de cuya conservación tuvo constancia en vida el propio Gaya. Fueron recuperadas por Dennis del archivo Juan Guerrero Ruiz, depositado en la Sala Zenobia-Juan Ramón de la Universidad de Puerto Rico, en la década de los 80. La negativa entonces del pintor, recuerda Verdejo, impidió su publicación: «Él quería que antes se editaran sus escritos», expone. Estos se recogen en el volumen 'Obra completa', editado por Pre-Textos en 2010 y en el que figuran los tres tomos que Gaya editó con sus escritos en la década de los 90.

El libro que acaba de publicar el sello valenciano completa este título con la correspondencia que el pintor mantuvo a lo largo de su vida con sus amistades más queridas, y en la que se aprecian, señala Verdejo, tres etapas bien diferenciadas. La primera de ellas abarca los años de juventud del artista murciano entre 1927 y 1936, y está marcada por las cartas a Guerrero Ruiz, principalmente. Una segunda etapa es la que comprende los años 1948 y 1953, tras la vuelta a Europa de Gaya, después de su largo exilio en México. La última se extenderá de 1955 a 1978.

Junto con las cartas, el libro reproduce gran parte de las fotografías que de Gaya conservaba la Universidad de Puerto Rico, así como diversos manuscritos y tarjetas postales firmados por el pintor y que Carmen Hernández-Pinzón, sobrina nieta de Juan Ramón Jiménez, puso a disposición de Verdejo y de la editorial. Se trata, apunta la viuda del pintor, de un material muy valioso que recibieron cuando la edición ya estaba decidida, y que les obligó a replantearse el diseño de la misma. Además de las fotografías, incluye cartas de Pedro Flores, Garay y Cristóbal Hall que Gaya ya no pudo revisar, indica Verdejo, quien para la elaboración de esta recopilación epistolar, que comenzó con Dennis en 2011, ha contado «con la ayuda de todos los amigos de Ramón».

'Cartas a sus amigos', afirma Verdejo, muestra al «Ramón Gaya más íntimo. Cuando uno escribe a sus amigos lo hace desde la intimidad. Esta obra es casi una autobiografía de su vida», mantiene. La idea también la subraya Trapiello en su prólogo: «Leídas de corrido, estas cartas dan la impresión de que nos hallemos ante una biografía, o cuando menos ante un autorretrato. Lo extraño es que esa autobiografía involuntaria (nada más alejado de Gaya que el propósito de contarnos 'su' vida, ya que pocas cosas desdeñó tanto como la Historia) esté hecha apenas con un puñado de cartas escritas en diferentes momentos y sin continuidad».

Acercarse a ellas ha sido para Verdejo un ejercicio más que laborioso: «A pesar de haber vivido con Ramón durante 30 años, trabajar con su material me producía mucho respeto; sobre todo porque son cartas muy personales». Ahora, dice, «me da mucho gusto ver el libro, y creo que a él también le habría gustado. Ramón era una persona con la que se podía hablar de todo. Escuchaba maravillosamente y sus consejos tenían un valor inestimable. Para mí fue una fortuna conocerle y que pudiéramos vivir juntos. Hoy me sigue haciendo mucha falta», confiesa Verdejo, entre cuyos próximos propósitos figura la catalogación, junto con el Museo Ramón Gaya de Murcia, de la obra pictórica del artista.

Soledad

La edición de este libro, reconoce, de hecho, el responsable de Pre-Textos Manuel Borrás, «es un monumento al amor» posible solo «gracias al coraje de Isabel» y «a la labor meticulosa que esta ha realizado en la transcripción de las cartas»; misivas que Borrás define como «un fiel reflejo de las cuestiones que inquietaban al pintor, de sus ideas y de la soledad y el aislamiento que expresó en muchas ocasiones. Escribir a alguien que está lejos le permite poner en claro los pensamientos que luego volcará en sus libros».

Fechadas en Murcia, Madrid, París, Barcelona, San Fernando, México, Roma y Venecia, entre otros muchos lugares, estas cartas «nos acercan a la vida del pintor y nos ofrecen una imagen más humana». «Gaya -prosigue Borrás- dio mucha importancia a la amistad. Fue un hombre al que se le tachó de misántropo, pero todos los que le tratamos no podemos sino destacar su enorme humanidad. Era una persona muy exigente, pero con una gran humanidad», cuenta Borrás del pintor murciano, cuya figura y obra «crece en interés cada vez que se publica un libro sobre él», asevera.

Este último volumen, indica el editor, «viene a cerrar su 'Obra completa'». No obstante, adelanta Borrás, «estoy seguro de que a raíz de estas cartas van a aparecer nuevas misivas a las que no hemos tenido acceso», cartas inéditas, sostiene, de las muchas que escribió a lo largo de más de 50 años y en las que volcó gran parte de sus inquietudes artísticas y vitales. «Siento muchas ganas de empezar muchas cosas», le confesaría un joven Ramón Gaya a Juan Guerrero en 1927, en la primera de las muchas cartas que luego le remitiría.

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