Madre, escúchame; quería decirte que...

Marisa López Soria y Josefina Soria, en una de las últimas fotografías de la escritora, tomada en 2008. /
Marisa López Soria y Josefina Soria, en una de las últimas fotografías de la escritora, tomada en 2008.

Marisa López Soria, hija de Josefina Soria, la recuerda con motivo del homenaje poético que hoy se le rinde. El Museo Ramón Gaya celebra el Día Mundial de la Poesía con el 'Homenaje a Josefina Soria', que tendrá lugar entre las 10.00 y las 22.00 horas

ANTONIO ARCO

«Un mar lleno de peces me navega. / Abro a la vida sus compuertas altas / y en resplandor me anego». Así comienza 'Hora prima', el primer poema de 'Es mi fiesta y lloraré si quiero', un libro póstumo de Josefina Soria, nacida en Albacete en 1926 y afincada en Murcia durante la mayor parte de su vida, que llegó a su fin en abril de 2010. El poemario, una pequeña joya literaria que, además, esconde entre sus páginas dos ilustraciones del prestigioso diseñador gráfico Isidro Ferrer -Premio Nacional de Ilustración 2006 y Premio Nacional de Diseño 2002-, fue editado, dentro de su colección Acanto, por el Grupo de Literatura 'La sierpe y el laúd', que desde Cieza realiza una atractiva y entregada labor cultural. Hoy, en el Museo Ramón Gaya, con motivo de la celebración -por adelantado- del Día Mundial de la Poesía, tendrá lugar el 'Homenaje a Josefina Soria'. A partir de las diez de la mañana, y hasta la diez de la noche, se irán sumando al evento amigos, escritores, familiares y lectores para llevar a cabo una lectura pública de sus mejores versos y otros escritos.

Qué. 'Homenaje a Josefina Soria', con motivo de la celebración del Día Mundial de la Poesía.

Dónde. Museo Ramón Gaya. En Murcia.

Cuándo. Hoy. Lectura de poemas y otros textos de la autora. De 10.00 a 22.00 horas.

Organiza. Museo Ramón Gaya.

Con motivo de este 'Homenaje', la hija de Josefina Soria, la también escritora Marisa López Soria, reflexiona, a través de recuerdos y vivencias actuales, sobre la figura de su madre. «Yo no sé cuándo dejan de doler las pérdidas, o si alguna vez dejan de doler. Aunque, menos mal, el dolor se mitiga al mezclarse con lo cotidiano», dice Marisa López Soria. Y habla de pérdidas, en plural, porque, para ella, tanto su madre, Josefina Soria, como su padre, Marcelo López, son indisolubles. «Ambos continúan tan ciertos en mi vida -explica- que solo puedo hablar de presencias. Es más, tengo un sueño recurrente y muy muy agradable. Marcelo abre la puerta de casa y su sonrisa simpática me da la bienvenida con aquel cachete en la mejilla y su '¿qué hay, moza?'. Josefina aguarda detrás, en un segundo plano, feliz de verme también, pero a la zaga, que la nuestra nunca fue sencilla dependencia». Con ella, recuerda, «me llega el olor a delicia (podría ser a empanadilla o bizcocho) que sin duda mi madre prepara. A continuación siento en mi cuerpo, uno a uno, ay, el tacto acariciador y benéfico de sus prietos abrazos».

-Y ahora, ¿qué siente?

-En la actualidad, es fantástico, me ocurre que cuando voy a un centro invitada, a un instituto o colegio, a menudo me encuentro con alguien que la escuchó, que la conoció, que la leyó y, cómo no, quedó prendada de ella y de su voz. Y es que Josefina era una mujer seductora y bellísima, por dentro y por fuera. Así que la presencia de mi madre es constante. Dedicarme a escribir fue para ella una grata sorpresa que siempre alentó. Personalmente echo de menos sus sabias y exactas correcciones, su elegancia, su cocina, su mirada limpia, la hermosura de su presencia y su verbo y, sobre todo, ya digo, nuestros abrazos.

-¿Qué heredó de su madre?

-No sé qué tendré yo de influjo de madre. Ya quisiera, ¡presumiría! Lo que sí me dejó Josefina Soria, claramente, es la pasión por la palabra. Con ella aprendí a respetarla y a buscarle los orígenes, a recrearla e investigarla. Era un juego al que jugábamos con ella los hermanos. El diccionario, las enciclopedias, eran libros principales en casa, se les daba un uso extremo.

Yo recuerdo a mi madre recibiendo clases de latín para comprender mejor el lenguaje. Porque comprender, al fin, te hace competente y el lenguaje conforma el pensamiento; Josefina lo sabía. Así que en ese sentido su legado es el respeto y buen uso de la palabra. Esas joyas que yo elijo entre otras que están ahí, con las que conformo el texto para hacerlo mío, particularmente mío. Josefina me inició en esa devoción, como la ebanista que era ella del lenguaje. Con que no es baladí que yo sea una autora incapaz de rizar inútilmente la palabra, a la que por carácter le ando en juegos, pero en continuo aprendizaje y siempre en el intento de limpieza. Una concreción que encuentro en el género álbum ilustrado; ahí la palabra es esencial, no se permite el exceso en historias que cuando conseguidas, salvadas distancias, me recuerdan a la factura de un poema.

«Por cierto», llama la atención Marisa López Soria, «acabo de ver la preciosa exposición 'Manos', de Chelete Monereo [también en el Museo Ramón Gaya]. Tengo la fortuna de ser una de sus elegidas [para posar] y, qué increíble sorpresa, vistas mis manos en impresión, me han recordado tanto a las de Josefina... ¡una suerte!».

-¿Cómo surgió la idea del 'Homenaje a Josefina Soria'?

-A propuesta del Museo Ramón Gaya y de su director, Manuel Fernández-Delgado. Y del interés de amigos y admiradores de Josefina. Le aseguro que mi madre, allá donde esté, lo va a disfrutar. Este Museo quedaba próximo a su casa y era un lugar favorito para ella mientras vivió en Murcia. Por otro lado, al poco de conocerse la noticia, un nutrido grupo de poetas capitaneados por Antonio Marín Albalate, su amigo, ha hecho posible que se rescate del Archivo Municipal de Cartagena una entrevista filmada, la última que se le hizo un verano en Campoamor, apuntando ya su triste enfermedad. Ha sido dura tarea afrontarlo, pero finalmente han conseguido un documento entrañable con una Josefina espléndida. Con esto se recupera una voz valiosísima que verá la luz en un CD-libro que en gran parte financian Cultura y el Archivo Municipal del Ayuntamiento de Cartagena. Un libro que se presentará con todos los honores en el Centro Cultural Ramón Alonso Luzzy (otro espacio tan entrañable para ella), el día del aniversario de la muerte de Josefina, es decir, el próximo viernes 29 de abril. Cierto que los honores honran principalmente al que los procura, pero no puedo más que estar feliz y dar las gracias en nombre propio y de toda mi familia por este despliegue de afectos en torno a mi madre».

Entrad en su casa

Le comento a Marisa López Soria que 'Es mi fiesta y lloraré si quiero' es una belleza, sencillamente; una belleza que alberga emociones parecidas a las que pueden sentirse cuando te dejas acariciar por el viento que mece los nogales, o te adentras en el agua de las reservas marinas. Una fiesta de las palabras y los amaneceres cargados de esperanza. «Venid conmigo, entrad. Esta es mi casa», se lee en 'Abril'. «¡Soy yo la que amanece!», le confiesa al lector Josefina Soria en estos poemas, publicados dos años después de su muerte, que nos la acercan sin la menor tristeza, viva, cercana, con su lenguaje sin monotonía ni artificio. ¿Quién leerá hoy estos versos en el Museo Ramón Gaya?

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