El creador indómito

Isidoro Valcárcel Medina, en la instalación que realizó en T20 en 2007./
Isidoro Valcárcel Medina, en la instalación que realizó en T20 en 2007.

PEPA GARCÍA

Reconocido como el más importante artista conceptual y padre del arte performativo, Isidoro Valcárcel Medina abomina repetir y mucho más repetirse, una cuestión en la que diagnostica la principal enfermedad del arte actual.

Por eso nunca hará una exposición antológica o retrospectiva lo más parecido fue Ir y venir (Barcelona, Murcia y Granada, 2003), 18.000 fichas en las que había silencios; Tiempo, pensamientos, sentimientos y meditaciones que originaron su obra desde 1954 hasta 2003; y Contratiempo, la percepción que entonces tenía de esa creación; y desearía, confiesa entre risas, que los museos estuvieran vacíos. Además, considera que el hecho de que haya colas a las puertas de un centro de arte no implica que el arte interese a la gente, ni que haya «una inquietud invencible».

A este hombre camino de su octava década de vida nació en 1937 en Murcia le interesa el ahora y no el ayer, las cosas viejas que considera su obra pasada. Critica ferozmente el mercadeo del arte y dice no haber vendido ninguna obra en sus seis décadas de creación ininterrumpida. «El arte está supersobrevalorado», considera. De hecho, confiesa, «es más difícil escapar del dinero que de la policía», algo que ha perseguido denodadamente a través de sus creaciones inaprensibles.

Detesta el ambiente artístico, la dejación de la obligación creativa de los artistas, y su docilidad y sometimiento a las instituciones. Un mal endémico de la sociedad actual, que considera que siente placer al someterse: «Mientras la gente no tiene que pensar y deducir, está domesticada», afirma.

Artista humanista, como se define, no cree en la especialización porque no se llega a ser especialista en nada, y prefiere «tocar todas las teclas porque todas las teclas nos tocan a nosotros».

Su risa franca y amplia no deja lugar a dudas, la diversión está en la génesis de sus obras, un estado de ánimo que le invita a implicarse y que le vacuna contra el cansancio, el que sí le produce tener que explicar su obra.

Libre por definición «he hecho lo que me ha dado la gana», creativo por naturaleza, indómito por principio y coherente contra todo pronóstico, piensa seguir ninguneando los premios recibió el Nacional de Artes Plásticas 2007 y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes 2014, que son «agradables pero no cambian nada»; creando, porque «crear no tiene fecha, da lo mismo que llueva o haga sol»; y «combatiendo lo establecido, lo conocido, a las instituciones, la oficialidad. Todo lo que yo pueda hacer se resume en seguir en el combate contra la comodidad».