La amenaza silenciosa

JOSÉ MANUEL LÓPEZ NICOLÁS

Tenemos un problema. Un informe de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) desvela que el 68% de los adolescentes (10 a 18 años) de la UE ingieren bebidas energéticas. Entre ellos, el 12% presenta un consumo «crónico alto» de 7 litros al mes y otro 12% un consumo «agudo alto». Pero si este dato les parece llamativo, lean el siguiente: el 18% de los niños de entre 3 y 10 años son consumidores de bebidas energéticas. ¿Y en qué se basa el éxito de estos productos? En la gran cantidad de utilidades diferentes para las que son consumidos. Se emplean por alumnos para estudiar, por adolescentes y no tan adolescentes que las combinan con bebidas alcohólicas cuando salen de marcha, por deportistas para aumentar su rendimiento físico, por personas que necesitan mantenerse despiertas...

Pero como consumidores las preguntas que debemos hacernos son otras. ¿Presenta el consumo de estos productos riesgos sobre la salud? ¿Son los ingredientes de las bebidas energéticas inocuos? ¿Qué relación hay entre la ingesta de bebidas como Red Bull, Monster, Burn o Rockstar y la obesidad infantil? Analicemos los cuatro grupos principales de ingredientes presentes en este tipo de productos. Toda bebida energética que se precie contiene una serie de extravagantes compuestos en los que se basa gran parte de su publicidad. Me refiero a la taurina, la carnitina, el ginseng, etc. Sin embargo, según la EFSA ninguna de estas moléculas ha demostrado proporcionar beneficio alguno. No hay evidencias científicas de que la taurina tenga un efecto positivo sobre la funciones cognitiva, cardiaca o muscular... la taurina no da alas. Tampoco la L-Carnitina, otro ingrediente estrella, ayuda a una recuperación más rápida de la fatiga muscular, a reparar el tejido muscular esquelético o a aumentar la capacidad de resistencia. Lo mismo ocurre con el ginseng e ingredientes similares. Los informes de la EFSA son demoledores.

En la segunda categoría de ingredientes de las bebidas energéticas se encuentra la cafeína, un alcaloide descubierto por el químico alemán Friedrich Ferdinand Runge en 1819. Además de 'excitarnos', ¿tiene algún efecto positivo la cafeína? La respuesta oficial nos la da el Grupo de Expertos en Nutrición, Alergias y Dietéticos de la UE. La cafeína, en dosis de al menos 75 mg, sí que mejora diversos procesos cognitivos relacionados con un aumento de la atención, memoria o aprendizaje. Además, se ha demostrado cómo esta molécula favorece el ejercicio físico bajo determinadas condiciones.

¿Y cuánta cafeína hay en una bebida energética? La mayoría de estos productos presentan una concentración de 32 mg/100 ml. Teniendo en cuenta que los formatos que más éxito tienen se presentan en unidades de 500 ml, la cantidad total de cafeína es de 160 mg, más del doble de los 75 mg que establece la EFSA como límite mínimo para ser efectiva. Sin embargo, ¿puede ser este alcaloide negativo para la salud? Según la cantidad ingerida. Una sobredosis aguda de cafeína (no hablo de dosis letal) se alcanza al ingerir entre 300 y 400 miligramos dependiendo del peso corporal y del nivel de tolerancia a este compuesto del consumidor. Pasado ese umbral aparecen síntomas de inquietud, nerviosismo, insomnio, trastornos gastrointestinales... Pues bien, con solo dos unidades de Monster (las mismas que hacen falta para aumentar el rendimiento físico) se sobrepasa la sobredosis aguda de cafeína. Preocupante.

En la tercera categoría de ingredientes básicos de las bebidas energéticas tenemos una serie de vitaminas del grupo B como la niacina, el ácido pantoténico, la vitamina B6 y la vitamina B12. A pesar de que estos micronutrientes han recibido alegaciones positivas por parte de la EFSA, su presencia es meramente testimonial. Recientes estudios muestran que los españoles no solo no necesitamos suplementarnos con estos ingredientes sino que niveles elevados de estas vitaminas se encuentran en alimentos que consumimos diariamente.

Finalmente llegamos a la gran amenaza de estos productos: el azúcar. Negar a estas alturas la existencia de una correlación directa entre el consumo excesivo de azúcar y patologías como obesidad, diabetes, caries, enfermedades cardiovasculares, etc es absurdo.

La actual recomendación de la OMS es que el consumo de azúcares no debe sobrepasar los 50 gramos diarios. Un reciente documento de la OMS mantiene la misma recomendación pero, además, indica que si la ingesta diaria de azúcar se reduce a 25 gramos se obtendrán beneficios adicionales. ¿Y qué cantidad de azúcar hay en una sola lata de 500 ml de Burn? Ni más ni menos que 73 gramos, casi el triple de todo el azúcar diario recomendado por la OMS y prácticamente el mismo que se encuentra en 15 sobrecitos de azúcar. ¿Y respecto al valor calórico? Si una lata de Coca Cola tiene un valor energético de 139 Kcal (que ya es un disparate), una lata de 500 ml de la bebida energética Burn tiene 300 Kcal... ¡¡más del doble del valor energético de la Coca Cola y un porcentaje altísimo del valor calórico medio recomendado para la gran mayoría de las personas!! Este dato es tremendamente preocupante y más teniendo en cuenta que la población infantil y juvenil, los consumidores más habituales de bebidas energéticas, presenta altos niveles de obesidad.

Todos estos datos no dejan lugar a dudas. El consumo no responsable de bebidas energéticas debe ser frenado cuanto antes y para ello se necesita que las autoridades sanitarias tomen medidas urgentes. A pesar de ser productos legales, su composición y publicidad, en la que intervienen deportistas de elite a los que imitan millones de jóvenes, deben ser revisadas.

Estimados lectores, a lo largo de este artículo he intentado responder a muchas de las preguntas relacionadas con el mundo de las bebidas energéticas. Sin embargo, hay una cuestión para la que no tengo respuesta. ¿Cómo es posible que, estando demostrados sus efectos devastadores, un niño pueda comprar una bebida energética en cualquier establecimiento de alimentación sin ningún tipo de impedimento? Yo, personalmente, no lo entiendo.

 

Fotos

Vídeos