Enoexperiencia en Cehegín

FRANCISCO J. NAVARRO

En la calle Mayor de Cehegín, en la vía blasonada, se apretujan los palacios de los Chico de Guzmán, los Ruiz de Assín, los Marín de Cuenca o los Ahumada. Y junto a este último, el de los Álvarez-Castellanos, desde 1860 propiedad de la Asociación Cultural Casino de Cehegín. Días pasados fui invitado a impartir una conferencia por Miguel, su presidente, y a participar en una cena de maridaje en la terraza descubierta del Casino. La llamaron Verano Di-vino, y es ya la quinta edición de Vinos Frescos para el Verano. Una enoexperiencia de los cinco sentidos ya que la cata en nariz, en boca y a la vista estuvo acompañada de guiños sensoriales para el tacto y el oído. Al frente el sumiller José Sánchez.

María Bastida Abril a la guitarra nos versionó 'Someone like you', de Adele, mientras bebíamos un Begastri Blanco 2014 que nos evocó a los obispos de la sede episcopal begastrense que acudieron a los concilios de Toledo allá por el siglo VII.

Los platos, elaborados con arte por Mari Carmen Martínez Sánchez, empezaron a llegar sin prisa para emparentar con los cinco vinos que de novios hacían: sushi verde de Cehegín relleno de atún en sashimi; pincho de atún rebozado con sepia, pimiento de padrón y piquillo, y para el tacto, tostas de navaja con bacon fundido y quezás con pan de cristal. El Cepas del Zorro 2014 nos trasladó al bosque de la infancia con su fructuosidad de bayas rojas, mientras María entonaba adaptada 'Entre dos aguas', de Paco de Lucía. Salvador, maestro de ceremonias, enunciaba el dicho latino «los hombres se invitan no para comer y beber, sino para comer y beber juntos». Entre versos nos dejamos conducir por la tendencia slow food y la Luna nos daba la una mientras descorchábamos un Viña Elena Familia Pacheco Roble 2013. Las damas sentían fresco, los hombres, bochorno del Sureste, quizás el brandy Cardenal Mendoza.

A la vista, la vega verde del Argos y más allá la ermita de la Virgen de la Peña, otrora castillo de Canara. Al oído, cuerda de fondo mientras nos recitaban de León Felipe '¡Qué lástima! Poema autobiográfico': «¡Qué lástima / que yo no tenga una casa! / Una casa solariega y blasonada» en Cehegín.

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