RECORDANDO A RAMÓN GAYA

El Cuarteto Almus nos trajo a la memoria al ilustre pintor con su interpretación de uno de los cuartetos más bellos de Mozart

OCTAVIO DE JUAN

La cercanía de las sedes en que tuvieron lugar los dos recitales que simultáneamente se celebraron el pasado lunes, en el Museo Ramón Gaya y en el Aula de Cultura de la Fundación CajaMurcia, permitió al comentarista la asistencia alternativa a cada uno de ellos con los gratificantes resultados que cabía esperar de esta alternancia que comenzó con la asistencia al recital de 'Jovenes solistas de la Región de Murcia', que presentaban las renacidas Juventudes Musicales de Murcia y la intervención de la pianista Paula Puche Bernal, recién distinguida con uno de los primeros premios de la decimosexta edición del concurso Entre Cuerdas y Metales, organizado por el Conservatorio de Cartagena y en el que actualmente realiza el último año de las enseñanzas profesionales. Los inevitables miedos de la pieza di sortita, como es costumbre nombrarla en el argot operístico, 'Córdoba', no pudieron con la desenvoltura mostrada por esta jovencísima pianista que completaría después su participación con obras de Turina, Balakirev y Ginastera.

Imposible me fue asistir a la actuación del pianista lorquino Lázaro Fernández Millán, dedicada principalmente a Chopin, pero sí que me cupo la fortuna de presenciar enteramente la de Pedro Fernández Millán, un joven violonchelista alumno del Conservatorio de Lorca, que con solo trece años afrontó con una excelente disposición y capacidad técnica, que lógicamente habrá de desarrollar, un comprometido programa en el que se incluía el primer tiempo del 'Concierto en Do mayor' de Haydn y obras de Joaquín Nin y David Popper, un clásico en la formación de los chelistas, que le auguran un futuro altamente prometedor.

Por su parte, el tradicional concierto navideño del Cuarteto Almus en el Museo Ramón Gaya nos traía el recuerdo del ilustre pintor que da nombre a la institución en la que ha depositado un importante legado, y a cuya condición de irredento mozartiano respondieron los componentes del Almus interpretando uno de los más bellos cuartetos de Mozart, si es que alguno no lo fuera, conocido por el apellido de su afortunado destinatario Franz Anton Hoffmeister, que gozó de la estima del genial salzburgués. El programa se completaría con las preciosas 'Tres Noveletten' de Alexander Glazunov, un compositor que deberíamos recuperar para nuestros conciertos. Un popurrí de arreglos de villancicos europeos pondría fin a este recital que, como viene sucediendo en su largo historial, desbordó el aforo del céntrico y activo museo capitalino.

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