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María Jesús García busca los informes recabados en la búsqueda de su tío abuelo, que fue fusilado en 1940 en Valencia.
María Jesús García busca los informes recabados en la búsqueda de su tío abuelo, que fue fusilado en 1940 en Valencia. Javier Carrión / AGM

Las cuentas pendientes del franquismo en la Región de Murcia

Historiadores y asociaciones insisten en que, medio siglo después del fallecimiento del dictador, son muchas las medidas necesarias para reparar la dignidad de las víctimas del régimen

Domingo, 16 de noviembre 2025, 07:10

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«Españoles... Franco ha muerto». La histórica frase con la que Carlos Arias Navarro, con cara circunspecta y gesto lastimero, anunció al país el fallecimiento del dictador cumple ya medio siglo. Este jueves, 20 de noviembre, se conmemoran cincuenta años de un momento histórico marcado a fuego en la memoria de muchos que supuso el fin de un largo régimen y el inicio de la transición a una democracia que comenzaba a desperezarse. El aniversario de esa fecha, en la que los españoles paladeaban ya la excitación de volver a votar -en libertad- tras más de cuarenta años sin hacerlo, sirve de punto de partida para reflexionar sobre la metamorfosis que ha sufrido la sociedad española y murciana en estos años, pero también sobre las cuentas pendientes que, inciden las asociaciones de memoria histórica, siguen aún encima de la mesa pese a que es mucho lo que ha llovido desde entonces.

A José Antonio Cobacho la muerte del dictador, en el otoño de aquel lejano 1975, le pilló cursando sus últimos años en la Facultad de Derecho de la Universidad de Murcia (UMU), de la que acabaría siendo rector entre 2006 y 2014. «Éramos conscientes de que la situación iba a cambiar. Había mucha actividad. La gente hablaba de la situación del régimen y de los cambios que podía haber», remarca el catedrático de Derecho Civil. «En los núcleos de la universidad, como en la sociedad, había gente que no estaba a gusto con lo que había y gente que sí, pero en realidad todo el mundo ya atisbaba que íbamos a asistir a un cambio histórico. Se vivió con mucha intensidad y emotividad».

El mapa de las fosas

Sin Estado
No intervenida
Exhumada total
Desaparecida
Trasladada al Valle de los Caídos
Dignificada

Un cambio esperado

Cobacho, que a día de hoy preside el Consejo Económico y Social (CES) de la Región, remarca que el fallecimiento de Franco abrió la puerta a un tiempo de efervescencia social, palpable en la Región, en el que comenzaron a surgir personalidad políticas de muy diversos signos. «Asistimos a un cambio político de gran calado», remarca.

La exeurodiputada popular Cristina Gutiérrez Cortines coincide con Cobacho en que la de Franco fue la crónica de una muerte anunciada y que esa circunstancia, de alguna forma, marcó el cambio que se iba a abrir paso en las décadas siguientes. «Desde dos años antes, por lo menos, había conciencia de que esto acababa», explica esta catedrática de Historia del Arte de la UMU. «Toda la sociedad se movilizó. Todo el mundo estaba interesado en qué podía ocurrir después de la muerte de Franco. La gente que normalmente no formaba parte de las asociaciones o no acostumbraba a participar en política comenzó a reunirse y a crear plataformas». En este punto destaca la puesta en marcha de La Real Sociedad Económica de Amigos del País de Murcia -La Económica- que, asegura, se convirtió en un foro de debate para voces de todo signo y que eludió los límites de asistentes que, aún en la postrimería del franquismo, marcaban las reuniones sociales.

Gutiérrez Cortines considera que «una cosa muy buena es que entonces no había que defender el pasado, sabíamos que iba a quedar atrás. Todos partíamos de cero, con lo cual, era muy fácil ponerse de acuerdo con los demás». En este sentido rememora algunas experiencias como una visita a La Económica de dos personas que habían estado presos durante años en el pueblo de Franco. «Ellos decían que querían olvidar aquello porque lo que importaba era que no hubiera de nuevo otro conflicto bélico y que querían ponerse de acuerdo».

La exeurodiputada remarca que ahora «todo el mundo está intentando recuperar el pasado» frente a esas personas que, remarca, «eran conscientes de que el proyecto común estaba por encima de su experiencia personal». A su entender, «todo se ha vuelto más individualista, una visión donde estoy a ver qué me diferencia del vecino». En aquellos años, sostiene, «todo era ver qué tenemos en común, qué debemos dejar a un lado y qué no (...). Ese es el espíritu de la Transición que, muchas veces, es lo que justifica una cierta nostalgia. Entonces era fácil construir el futuro. El proyecto era un común: sacar a España adelante».

Al doctor en Historia por la UMU Antonio Martínez Ovejero el fallecimiento del dictador le pilló con 28 años y un pasado como «militante antifranquista» que le acabaría llevando a cortas estancias en varias prisiones, entre ellas la Cárcel Vieja de Murcia. «No me dio mucha pena su muerte, esa es la verdad», ironiza. «El problema es que a partir de ahí nadie sabía lo que iba a pasar (...). Se hizo una transición que todo el mundo dice que fue ejemplar, pero desde luego lo que no fue es pacífica». Tras la exhumación del dictador del Valle de los Caídos en octubre de 2019, Martínez Ovejero considera que son muchas las cuentas pendientes que persisten todavía con las víctimas del régimen. «Aquí hay memoria para todos los gustos. Hay una memoria republicana, una socialista, una franquista... Cada uno tiene la suya, pero la historia es la historia», remarca el catedrático. «La historia debe caminar hacia la objetividad».

El legado que Franco dejó en la Región fue nefasto para miles de familias que vivieron en sus carnes una dura represión que dejó una larga lista de víctimas. Según los datos recopilados por Martínez Ovejero, al menos 1.885 murcianos murieron «a causa de la violencia política franquista», bien fusilados, en campos de concentración o en cárceles (por enfermedad, malos tratos, suicidios, etcétera) entre 1939 y 1948. «Hay gente en la extrema derecha y en la derecha extrema que no aguanta que se levanten los cadáveres porque esto lo que hace, en el fondo, es poner en cuestión el discurso franquista de la paz, pero es una asignatura que sigue pendiente».

Inscripción falangista

Pirámide truncada

Placa franquista en una iglesia

Lugar: En la Catedral de Murcia, junto a la portada de las Cadenas.

En la pared del templo aún se puede leer ‘José Antonio Primo de Rivera, ¡presente!’.

Lugar: Cementerio de San Javier.

Lugar: Iglesia de San Pablo en Abarán

Monumento a Calvo Sotelo, General Sanjurjo, General Mola, Primo de Rivera y a los Caídos por Dios y por España.

Homenaje a un falangista

HASTA 211 VESTIGIOS FRANQUISTAS QUE PERSISTEN EN LA REGIÓN

Placa de ‘los Gloriosos Caídos por Dios y por España’ en uno de sus muros exteriores.

Lugar: Autovía A-30, Km 153,6 en sentido Cartagena.

La Federación de Asociaciones de Memoria Histórica considera este monumento, en el Puerto de la Cadena, como “el más provocativo e insultante” de los vestigios franquistas que persisten en la Región. Es un homenaje al falangista Manuel Bruquetas, fusilado en 1936.

Calle Almirante Carrero Blanco

Es una de las 31 calles con nombres vinculados al franquismo que la Famhrm señala en la localidad de San Pedro del Pinatar.

Placa falangista

Centro educativo con nombre franquista

Ibáñez Martín fue ministro de Educación Nacional entre 1939 y 1951, una figura clave en la creación del sistema educativo franquista.

Placa franquista en un instituto

Lugar: Jumilla.

Lugar: Iglesia del Salvador de Jumilla.

Placa de homenaje a José Antonio Primo de Rivera, entre otros.

Lugar: San Pedro del Pinatar

La Famhrm reclama la retirada también de la placa franquista del IES Arzobispo Lozano en Jumilla.

Lugar: Instituto IES José Ibáñez Martín de Lorca.

Fuente: Federación de Asociaciones de Memoria Histórica de la Región.

La fosa 113 en Paterna

Para María Jesús García esa cuenta pendiente tiene un número: 113. Es la fosa del cementerio valenciano de Paterna en la que busca desde hace años al murciano Francisco Mármol Gallego, un tío de su abuela que murió fusilado -en enero de 1940- a los 54 años. «Era veterinario, castraba animales y se fue a la zona de huerta de Valencia, a L'Alcúdia», explica. «Mi padre siempre tuvo claro que quería encontrarlo».

A partir de 2017 los trabajos en este cementerio valenciano permitieron recuperar más de medio centenar de cuerpos en esa fosa, pero solo una mínima parte pudieron ser identificados. En el caso del familiar de María Jesús, al no haber tenido descendientes ha sido por ahora imposible la confirmación de su identidad, aunque su nombre figura en Paterna en una placa de recordatorio de todas estas víctimas. «Para mí es un tema de justicia social, un sentimiento de que esto tiene que resolverse», concluye María Jesús rotunda.

La batalla de María Jesús se suma a otras muchas, como la que lleva años librando el investigador Rufino Garrido, uno de los integrantes de la Federación de Asociaciones de Memoria Histórica de la Región (Famhrm). Junto a su mujer, ha escudriñado en los últimos años hasta 16.000 expedientes solo de las personas que estuvieron entre las rejas de la antigua prisión provincial de Murcia, la conocida como Cárcel Vieja. Uno de ellos fue su padre, que falleció en el año 2000 no sin antes dejar constancia de una historia que Garrido no está dispuesto a dejar caer en el olvido. «Él estuvo en la prisión de Murcia desde noviembre del 39 hasta octubre del 42», explica rodeado de documentos. Tras ser condenado a veinte años de prisión menor, el padre de Rufino vivió muchos años recluido en este centro, en el convento de las Agustinas y en el penal del puerto de Santa María, en Cádiz. Tras un periodo en libertad, regresó al penal murciano, donde seguía ingresado cuando nació su primer hijo. A través de las notas que su padre escribió estando entre rejas, Garrido reconstruye la historia de una familia, la suya, marcada por la represión franquista y en la que varios de sus tíos fueron asesinados por el régimen. «Creo que se debe dar a conocer todo lo que lo que sucedió aquí en Murcia durante la guerra y la represión que provocaron una vez que finalizó y entró la Cuarta División de Navarra», remarca. Garrido incide, además, en la importancia de conservar algunos símbolos de aquellos años, como la Cárcel Vieja de Murcia. «Queremos que se mantenga la zona en la que estuvieron recluidos los republicanos para que quede constancia de lo que ocurrió dentro», subraya. «También sugerimos que se pongan unos paneles con los nombres de todas las personas que fusilaron estando en la cárcel y que fallecieron con enfermedades o por hambre».

El historiador Antonio Martínez Ovejero frente a la fachada de la antigua prisión provincial de Murcia, la Cárcel Vieja, en la que llegó a estar interno durante la represión. Vicente Vicéns / AGM

El cartagenero Pedro María Egea Bruno, catedrático emérito de Historia Contemporánea en la Universidad de Murcia, también incide en la necesidad de recordar la etapa de represión franquista en la que, asegura, se dieron «14.000 sumarios con 30.000 inculpados, 1.500 fusilados y dentro de ellos 13 mujeres, trece rosas murcianas». El especialista en la materia hace hincapié también en el papel que jugó la Cárcel Vieja en esos años. Sostiene que el edificio, previsto para albergar a unas 400 personas, llegó a recluir en algunos momentos hasta 3.000 reos. «La situación era extrema», remarca.

Un catálogo pendiente

Más allá de los fusilados y represaliados durante el franquismo, la Federación de Asociaciones de Memoria Histórica de la Región incide en la importancia de que se retiren más de doscientos vestigios franquistas presentes en calles, edificios y plazas de la Comunidad para cumplir con la Ley de Memoria Democrática impulsada por el Gobierno de coalición de PSOE y Unidas Podemos hace ya más de tres años.

«Lo que más nos preocupa es que los elementos contrarios a la memoria democrática que sean visibles, que estén en lugares tanto públicos como privados, se eliminen de una puñetera vez», remarca Bernardo Sánchez, presidente de la Federación. Sostiene que «el problema en la Región es que tenemos un Gobierno regional insumiso con las leyes que no le interesan», y subraya que «por supuesto la Ley de Memoria Democrática no le interesa para nada».

El presidente Pedro Sánchez anunció recientemente que, a finales de este mes de noviembre, se haría público el catálogo de símbolos franquistas a retirar que contempla la normativa. A falta de conocer el texto, todo apunta a que estos 211 símbolos recopilados por la Famhrm estarán incluidos en la lista. Conforme a ese análisis, 39 de los 45 municipios de la Comunidad mantendrían aún símbolos a retirar.

Entre ellos, la Federación destaca como «el más provocativo e insultante» el monumento erigido junto al Puerto de la Cadena, en la A-30, en homenaje al falangista Manuel Bruquetas, fusilado en 1936.

Otro de los símbolos más conocidos es el que se encuentra en una de las paredes de la Catedral de Murcia: la inscripción 'José Antonio Primo de Rivera, ¡presente!». El catedrático Egea incide en este punto en que «ha habido tiempo suficiente para haber quitado, cuando se hizo la reforma de la catedral, esa frase que es un insulto a la democracia».

Sánchez señala numerosos ayuntamientos de la Región, incluso algunos con mayoría absoluta socialista, donde aún persisten este tipo de elementos. «Hace falta dos cosas fundamentalmente para cumplir la ley: tener voluntad política y valentía».

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