Cruz Roja ayuda a pagar facturas a 364 familias en situación de pobreza energética

Martirio, en la sede de Cruz Roja de Molina de Segura. / javier carrión / agm
Martirio, en la sede de Cruz Roja de Molina de Segura. / javier carrión / agm

Los beneficiarios se redujeron en más de un tercio el año pasado, en parte por el acogimiento de muchos usuarios al bono social de las compañías eléctricas

Pedro Navarro
PEDRO NAVARRO

Quitarse el pesado abrigo al cruzar la puerta de casa y calentarse los pies en el brasero; darse una buena ducha de agua caliente, de las que casi enrojecen la piel; caminar un buen rato bajo un sol de justicia y correr para colocarse debajo del chorro del aire acondicionado en un caluroso día de verano. Para muchos ciudadanos, estas acciones pueden parecer poco más que pequeños placeres cotidianos. Para otros suponen todo un lujo, pese a constituir casi una necesidad. Esto es lo que se conoce como pobreza energética, un concepto que trajo la crisis de 2008 y del que una buena cantidad de murcianos no han conseguido todavía desprenderse a día de hoy. Incluso, un reciente estudio de Cruz Roja afirma que más de la mitad de los españoles que se encuentran en esta situación tienen que elegir entre comer adecuadamente o mantener una temperatura confortable en casa durante el invierno.

Un total de 364 familias de la Región obtuvieron en 2018 ayudas de Cruz Roja para abonar alguna factura del agua, la luz o el gas, lo que les permitió sobrellevar los meses más fríos y el sofocante verano sin cortes en el suministro. La ONG, a través del Proyecto Atención Urgente a las Necesidades Básicas, afrontó así el pago de 1.168 recibos, de los que se hizo cargo directamente.

Hay que recordar, por un lado, que otras entidades como Cáritas realizan una labor similar en este ámbito y, por otro, que las organizaciones no gubernamentales son casi la última barrera de contención. Y esto es así porque muchas personas en peligro de exclusión social acuden a ellas cuando han agotado la posibilidad de obtener ayudas municipales o estas les han sido denegadas por diversas circunstancias. «Hay muchas familias que llevan ya demasiado tiempo dentro de una bolsa de pobreza y que siguen viniendo periódicamente, pero el año pasado nos encontramos con gente con ingresos aún más bajos», señala Ana Marín, responsable del Programa de Personas de extrema vulnerabilidad de Cruz Roja.

Las asignaciones para alimentación, destinadas a la compra de productos frescos, aumentaron un 20%

Marín explica que al inicio de la recesión, buena parte de sus usuarios eran vecinos que se encontraban especialmente entrampados y no podían cumplir con los plazos de sus elevadas deudas; ahora, el grueso de los demandantes de ayuda se corresponde con personas con muy escasas rentas.

Más información

«Numerosas personas han capeado la crisis durante todos estos años, pero finalmente sus lazos sociales o familiares se han debilitado y se han visto abocados a pedirnos auxilio», remarca. «Tenemos usuarios recién llegados, que tenían un negocio y que viven incluso en urbanizaciones de alto nivel como La Alcayna o La Quinta, pero que ahora se encuentran en quiebra y no saben qué hacer porque no pueden pagar su vivienda ni venderla. Aquí se sigue destruyendo empleo», añade Piedad Fernández, técnico de intervención social de la ONG en la Vega Media, que destaca el escrupuloso trabajo de los trabajadores de la entidad al valorar la veracidad y su encaje en los baremos de la situación de precariedad socieconómica.

Bonificaciones

Sin embargo, según datos provisionales, tanto las ayudas concedidas por Cruz Roja para el pago de recibos de suministros como el número de beneficiarios se redujeron en más de un tercio de 2017 a 2018. Los técnicos de la ONG han sido los primeros sorprendidos al ver esta estadística, que, según apuntan, podría tener varias causas. «En Lorca ha habido un descenso importante en el pago de recibos porque el año pasado se perdieron definitivamente los fondos destinados a paliar las consecuencias de los terremotos de 2011», destaca Marín, que también atribuye parte del descenso, además de a ligeras reducciones de fondos, a una atenuación del problema en muchos casos particulares.

«Muchas personas han capeado el temporal durante la crisis, pero sus lazos familiares se han debilitado»

«Tanto desde las ONG como desde los Servicios Sociales y las propias compañías eléctricas, se ha informado e instado a la población más vulnerable a solicitar el bono social, que les permite bonificar la factura entre un 25% y un 40%; incluso un 100% si se encuentran en riesgo de exclusión social», explica. «Una factura de 30 o 40 euros es mucho más manejable», añade.

Productos sanitarios

Paliadas las apreturas energéticas, muchas familias deciden centrarse en afrontar el otro gran problema: el de mejorar la calidad de su alimentación. Mientras que los pagos de suministros han bajado, dentro del mismo proyecto -y bebiendo de los mismos fondos- han subido cerca de un 20% las ayudas a la alimentación, tras priorizar necesidades de los usuarios. Un total de 322 personas pudieron así obtener el año pasado, sin coste alguno, productos frescos, fundamentalmente, con los que mejorar el aporte de proteínas y vitaminas. A estos hay que sumar el apoyo prestado para adquirir productos sanitarios y de higiene básica. Cuchara o estufa. La labor de las organizaciones humanitarias trata de evitar que nadie tenga que elegir entre ambas dos.

«En verano, si no pones el aire acondicionado eres víctima»

La expresión 'abuela coraje' puede parecer poco más que un tópico. Pero tal calificativo se queda incluso corto en el caso de Martirio. Esta vecina de Alguazas, de 60 años, acoge eventualmente en su familia hasta a ocho miembros con escasos ingresos, incluyendo a dos hijos, un yerno y cinco nietos, dos de ellos en régimen de acogida, ante la imposibilidad de su madre de hacerse cargo de ellos. Sacar adelante a su clan con los menos de 500 euros que le reporta su pensión de viudedad y una ayuda intermitente de 360 euros de la Comunidad, por la tutela de los menores, parece casi un milagro.

Con tal nivel de afluencia en su domicilio, una factura de la luz de entre 80 y 100 euros se antoja corta, pero sus escasos ingresos no le permiten afrontarla sin renunciar a cubrir otras necesidades básicas, máxime si se tiene en cuenta que paga un alquiler de 350 euros. «Tuve que mudarme a una casa más grande para que pudiéramos vivir bien todos y para tener más cerca el colegio de los niños», explica la pensionista. Con este panorama, no basta con renunciar a caldear la casa en invierno. Es necesario pedir ayuda externa, como la de Cruz Roja, para evitar cortes de suministro. «Gracias a Piedad pude abonar la mayor parte de las facturas de agua y luz del año pasado», agradece, refiriéndose a la técnico de Intervención Social de la ONG.

Pero como Murcia no es Burgos, el problema de consumo energético se agudiza en los meses estivales, y no en el invierno. «Ahora no enchufamos casi nada, un poco el aire caliente y una estufa de resistencia en los momentos más fríos del día, pero en general sobrellevamos una temperatura poco confortable», comenta Martirio, que remarca cómo su factura mensual se puede disparar hasta los 150 euros en julio y agosto. «Como dice mi hijo, si no pones el aire acondicionado eres víctima. El calor de aquí es insoportable», puntualiza. A pesar de todo, y según proclama, sus nietos «no pasan falta ninguna». «Comen bien; en mi casa están en la gloria bendita», gracias a su esfuerzo y a las ayudas de su particular ángel de la guarda, Piedad, de Cruz Roja.