«El ciudadano distingue cada vez más la imagen del 'matón de discoteca' con respecto a la del vigilante profesional»

Encarna Ortiz, junto a unos equipos de control de seguridad, en su empresa, ubicada en el polígono Oeste de Alcantarilla. / Nacho García / AGM
Encarna Ortiz, junto a unos equipos de control de seguridad, en su empresa, ubicada en el polígono Oeste de Alcantarilla. / Nacho García / AGM

Encarna Ortiz Asensio, presidenta de la Asociación de Empresas de Seguridad de la Región

Zenón Guillén
ZENÓN GUILLÉN

Encarna Ortiz Asensio (Lorca, 1972), licenciada en Derecho y máster en Dirección de Seguridad Privada y Protección del Patrimonio por el Instituto Universitario de la Administración de Empresas de la Universidad Autónoma de Madrid, preside la Asociación de Empresas de Seguridad de la Región (Aresmur), integrada en la patronal del metal Fremm. Dentro del sector desde 1995, cuando fue habilitada como vigilante por el Ministerio del Interior, mientras compaginaba sus estudios, ha ido subiendo peldaños hasta directora y jefa de seguridad, además de estar acreditada para impartir enseñanza en centros de formación. En el año 2002 relevó a sus padres en la empresa familiar y entró a ejercer como consejera delegada del Grupo Vigilant que, desde su sede central en el polígono Oeste de Alcantarilla, extiende sus múltiples servicios por toda la Región y otras provincias españolas, contando con 600 trabajadores.

-Se puede decir que usted se ha criado en el sector de la seguridad privada desde bien pequeñita.

-La verdad es que sí. Mi madre fue fundadora de la empresa familiar junto a mi padre. Emigraron desde Lorca a Barcelona, donde viví junto a mis dos hermanos hasta que tenía 11 años. En concreto, empezaron en el negocio de las mirillas, lo que les llevó luego a los productos de cierres de seguridad y a las alarmas, hasta patentar equipos. Aunque luego no tiraron por la fabricación, sino por la línea de servicios y la comercialización. Entonces llegó la vuelta a la Región y decidieron instalarse en Alcantarilla en una apuesta por la vigilancia.

«Habrá robots, pero creo que detrás de todo siempre habrá un ojo humano»

-¿Qué nivel de concienciación existe en la sociedad murciana en cuanto al valor que representa el servicio que ofrecen ustedes?

-Pienso que estamos en una zona de España donde hay una alta consideración sobre la importancia de la seguridad privada. En todo el arco mediterráneo existe mucha concienciación de que se necesita este servicio, y la sociedad aprecia nuestra labor. Y ya está muy generalizado utilizar nuestros servicios. Un ejemplo es que la Región tiene más empresas en este sector que toda Castilla y León.

-¿Cómo ve el eterno dilema de dónde se encuentran los límites entre seguridad pública y privada?

-No son incompatibles. Estoy convencida de que es más democrático y eficiente que urbanizaciones o celebraciones de eventos, como fiestas o todo tipo de espectáculos, se paguen su propia seguridad. ¿Por qué tenemos que pagarla todos los ciudadanos de nuestro bolsillo? Y es que al final no hacemos números, pero con nuestros impuestos debemos mantener la seguridad pública, pero no la celebración, por ejemplo, de un macroconcierto, ya que hablamos de muchos miles de euros en seguridad.

«Es más democrático y eficiente que eventos y urbanizaciones se paguen su seguridad»

-En cuanto al ámbito familiar, ¿cuál es la demanda de prestaciones? ¿Constatan un mayor crecimiento?

-Claro que crece. Quizás en el periodo de la crisis se notó también un bajón en la inversión y en la contratación, sobre todo en cuanto a la instalación de equipos. Afectó también mucho el parón de la construcción, porque ya se sabe que si no hay movimiento de viviendas, pues tampoco hay un desarrollo en este campo. Así que es verdad que los servicios se redujeron, pero se complementaron con medidas electrónicas. Aunque es cierto, igualmente, que existe una mayor concienciación en cuanto a no abandonar la seguridad. De ahí que algunas urbanizaciones invirtieran menos en mejoras y redujeran horarios (de los vigilantes), pero sin eliminarla del todo porque saben que ese valor añadido es muy importante para quienes deseen seguir viviendo en ese lugar y sentirse seguros. Se trata, por tanto, de un valor fundamental para muchos residenciales, así como para comunidades de propietarios y polígonos industriales.

Crecimiento de la facturación

-¿Existen datos concretos de cómo es esa evolución de incremento?

-En el conjunto del sector en España, en el último dato de mayo se reflejaba una subida de la facturación en torno al 2% en comparación con el pasado año. Una evolución positiva, que es parecida en el caso de la Región. Se trata de un crecimiento moderado, pero dentro de una tendencia constante en los últimos ejercicios.

-Y los empresarios, en general, ¿en qué medida contratan más los servicios que ustedes dan?

-Cada vez se aumenta más la facturación vinculada a las empresas, aunque también hubo bajas con la recesión económica por las suspensiones de pago y las quiebras. Sin embargo, es innegable que existen también muchas empresas que han seguido creciendo y que nos demandan más servicios de seguridad. En los polígonos contamos ya con cámaras, detección en determinadas zonas, en suma, videoverificación, que ayuda mucho en la labor de vigilancia.

-¿Qué sistemas son los que más se solicitan para su implantación?

-Se nota un cierto cambio en la demanda. Ahora ya no se pide tanto una instalación típica de detectores, sino que se combina más con equipamientos de cámaras, controles de accesos y presencia, en suma, de otro tipo de tecnologías que ofrecen servicios añadidos y logran complementar la seguridad en su conjunto.

«Con la crisis se invirtió menos y vino una caída en la contratación y la instalación de equipos»

-Imagino que la apuesta por la innovación es algo constante en este campo de actividad.

-El salto ha sido enorme. Tengo recuerdos de estar en casa de mis padres soldando los circuitos integrados de las alarmas, mientras veía los dibujos animados: eran como una chicharra e iba todo metido en una caja. Y hoy en día contamos con equipos donde una misma cámara hace detecciones, o bien se le programan parámetros para discriminar alarmas que ella misma detecta por los contrastes de luz, de forma que si se mueve la rama de un árbol de una determinada manera no genere una incidencia. O también que mediante la combinación con otras tecnologías pueda hacer una detección según los grados centígrados de calor que emite una persona, identificando la dirección en la que se mueve. Y todo ello en tiempo real, que se verifica en las centrales receptoras y que el propio cliente puede seguir desde su propio teléfono móvil para ver qué genera la alarma de intrusión.

«No llegamos al 16%, pero habrá más mujeres por la posibilidad de proyección profesional»

-¿Hasta dónde cree que puede llegar el desarrollo tecnológico?

-Es revolucionaria la forma en que se avanza de la mano de la inteligencia artificial y de la innovación en cuanto a los sistemas. Estoy deseando llegar al término de tener que decir que no tengo que contratar a vigilantes de seguridad, aunque sea una manera de hablar, para colocar una máquina robot que se configurará en función de las necesidades. Así que está claro que en el futuro las empresas tenderemos más hacia los desarrolladores informáticos y tecnólogos que hacia los vigilantes. Porque lo que ofreceremos será videovigilancia a través de drones y seguridad con tecnología aplicada a la robótica, entre otras.

-¿Desaparecerá la figura del vigilante de toda la vida?

-Creo que detrás de todo siempre estará un ojo humano. Tal vez no será de una forma presencial, pero sí que habrá personas para hacer el seguimiento. Al fin y al cabo, trabajamos con incidencias que obligan a dar un cariz personal. Lo que está claro es que la seguridad cada vez se sustentará menos en tener a más personal en los sitios. A nadie se nos escapa que, tradicionalmente, a la entrada de un edificio siempre había una persona en recepción que se encargaba de controlar los accesos, hacer un registro de dónde iba cada uno y llevar un seguimiento. Después se ha llegado a la instalación de los tornos y así hasta las últimas tecnologías de identificación con huella o facial, hasta que se llegue a los robots a pie de calle, aunque se tarde un poco más.

«La relación es estrecha; colaboramos a veces en seguimientos e identificaciones»

-El viejo estereotipo del 'segurata' o del 'matón de discoteca' con el que se asociaba a los profesionales, ¿empieza a ser ya algo del pasado?

-Yo creo que sí. El ciudadanos distingue cada vez más esa imagen del 'matón de discoteca' con respecto a la del vigilante de seguridad profesional. Aunque a lo mejor las empresas todavía tenemos que depurar más ese aspecto, pero el ciudadano ya entiende que no tienen nada que ver. A veces, nos llegan clientes que nos dicen que buscan un tío fuerte, alto, cachas, pero entonces nos toca preguntarles qué es de verdad lo que necesitan en función del trabajo que hay que realizar. Hasta el punto de tener que persuadir al cliente de que lo importante es que la labor sea efectiva. Porque no se trata de poner a alguien que intervenga para que se enfrente a otro, sino para evitar que se produzcan altercados.

-La mayor preparación de los profesionales contribuye a ello, claro.

-Lo primero que hay que decir es que tenemos muchos requisitos, y a nivel de legislación la última norma que nos ampara, que es la Ley de Seguridad Privada de 2014, ya nos pone hasta veinte horas de reciclaje para el personal. Aunque más allá de que nos lo imponga la norma, las empresas creemos que tenemos que trabajar siempre con la formación, porque la realidad es que se necesita ante las exigencias, cada vez mayores, a la hora de manejar nuevos sistemas e instrumentos informáticos dentro de una profesionalización continua. Aparte está la preparación necesaria a la hora de intervenir ante situaciones de emergencias, que también obliga a estar cada vez mejor formados.

-¿Por qué es aún muy escasa la presencia femenina en esta actividad?

-La realidad es que las mujeres no llegamos ni al 16% en este sector y, tal vez, esa baja participación se explica porque los clientes nos demandan generalmente esos determinados perfiles masculinos que comentaba antes. Pero insisto en que las empresas demostramos que la labor del personal no incluido en esos estereotipos trabaja eficiente y eficazmente. Porque antes que intervenir usando la fuerza, que a veces no queda otra que ejercerla si se llega a una determinada situación, lo que hay que hacer es razonar, convencer, persuadir.

-¿Se incorporarán más mujeres?

-Estoy convencida de que será así, sobre todo cuando se vayan dando cuenta de que hay mucha demanda de trabajadores en este sector, en especial en determinados puestos intermedios en los que esa tasa de presencia es aún inferior. Y es que más allá de tener un empleo existe la posibilidad de una proyección profesional.

-¿Cuál es la relación que mantienen con los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado?

-A veces salen cosas por ahí como que existe temor en las policías locales porque somos una amenaza para sus puestos de trabajos, pero no es así. Por lo demás, la relación con todos los cuerpos y fuerzas es muy estrecha. Existe un respeto hacia nuestra labor desde los altos mandos. Otra cosa es que siga habiendo algún ejemplo de algunos determinados miembros en otros escalones más bajos, a nivel operativo, que no conocen la buena sintonía y el reconocimiento que existe desde las altas jerarquías. Y el ejemplo palpable es cuando nos acompañan en la celebración del Día de la Seguridad Privada, donde también reconocen a más de un centenar de profesionales del sector por las labores que han hecho de ayuda. Son casos, a veces de colaboraciones en seguimiento de operaciones de toda índole, desde delitos comunes a drogas, aportando información para complementar en las investigaciones que ellos llevan. Incluso, en algún operativo se ha ayudado a nivel europeo, con Interpol, a partir de los controles en una urbanización, que afectaban a redadas con capos mafiosos de por medio.

-¿Cómo se formó la asociación sectorial Aresmur?

-Este sector está integrado por varias líneas de actividad. Una está conformada por empresas instaladoras y mantenedoras de sistemas, tanto de alarmas como de circuitos cerrados de televisión, y sistemas contra incendios, que es como inicialmente se fundó nuestra asociación al ser un gremio relacionado con Fremm. La otra tiene más que ver con las firmas dedicadas a la vigilancia, que tenían su propio colectivo, hasta que se optó por unificarnos en una sola entidad, hace unos catorce años, para caminar de la mano y tener más fuerza. Así, en la actualidad contamos con unas 25 compañías asociadas.

3.000 trabajadores

-¿Cuántas personas trabajan en esta actividad en la Región?

-En total, el sector de la seguridad privada tiene en torno a unos 3.000 trabajadores, pertenecientes a unas 60 empresas que están dadas de alta en el sector. Lo que sucede es que muchas de ellas son de un tamaño pequeño, a veces autónomos, con uno o dos trabajadores. Por tanto, existe un potencial de crecimiento en cuanto a representación, aunque eso obliga a una labor de captación ante el reto que tenemos de llegar a ellas.

-¿Las grandes compañías de seguridad nacionales, algunas multinacionales de servicios, también forman parte de esta entidad?

-No. Y aunque a veces nos han solicitado entrar a participar, nosotros creemos que representamos valores y funcionamos con un estrategia diferente en cuanto a la atención de los clientes y el propio concepto de seguridad. Trabajamos más con un diseño muy personalizado e integral, en el que no buscamos instalar sistemas y equipos muy 'prefabricados' de forma estándar, sea como sea el bien a proteger, sino que ofrecemos un abanico de oferta adaptada a sus necesidades, ya sea seguridad física, electrónica o por otro tipo de preocupación que tenga. Se trata de algo más 'casero'. Ese es nuestro valor añadido, una seguridad a la carta.

«La gente se siente segura, y así lo reflejan los turistas»

Alejada de la clásica imagen corpulenta del guardia de seguridad, Encarna Ortiz se ha abierto paso en el sector a base de trabajo y de conciliar todo lo que puede la vida profesional y familiar, al cuidado de su hijo de 4 años. Y eso sin renunciar a llevar las inquietudes de sus asociados a todos los foros, ya sea en Fremm o la Federación Española de Empresas de Seguridad (FES), en cuyas directivas participa. En su opinión, «estamos en un país seguro, los números lo dicen, y la gente tiene esa percepción clara, así lo demuestran los datos de los turistas que nos visitan; y, concretamente, el crecimiento de visitantes que tenemos en nuestra Región así lo corrobora». Y hace hincapié en que «la seguridad es un pilar fundamental para el conjunto de los sectores».

Precisamente, más allá de la delincuencia común y del hecho de que en el sector «estamos en continuo contacto con los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado en cuestiones de alerta en terrorismo yihadista o cualquier otra amenaza, la percepción del ciudadano murciano es que se siente seguro; sin embargo, vivimos en un lugar que es frontera de Europa y se dan unas condiciones que nos obligan a estar muy encima. De ahí nuestra colaboración para ser útiles y ayudar en seguimientos, en identificar a personas, en movimientos, control de matrículas, etcétera».