El prodigio de la remota puerta de San Patricio

Histórica. La Virgen de Fátima, bajo el dintel de la puerta principal de San Pedro, al inicio de la 'Ruta'. /
Histórica. La Virgen de Fátima, bajo el dintel de la puerta principal de San Pedro, al inicio de la 'Ruta'.

La supuesta aparición de la Virgen de Fátima a un joven moribundo en San Pedro dio origen a una de las grandes devociones del barrio

ANTONIO BOTÍAS. CRONISTA OFICIAL DE MURCIA

Devolver el esplendor al patrimonio murciano resulta, como es evidente apenas miremos a nuestro alrededor, una batalla tan perdida como los huesos del Rey Lobo. Aunque a veces, como un milagro, alguien repara en cierto detalle e intenta ponerlo en valor. Y eso acaba de suceder con la apertura, inesperada donde las haya y después de varias generaciones cerrada, de la puerta de San Patricio.

Está en la parroquia de San Pedro Apóstol, en Murcia. Para abrirla, el valiente párroco, José Sánchez, le echó coraje, por no escribir una grosería, pues la empresa no era sencilla. Fue necesario desmontar un retablo, que era un pegote postizo frente al acceso, recuperar el suelo y la antigua madera y, por fin, abrir de nuevo el acceso que da a la plaza de Las Flores. Y esta acción ha permitido que muchos reparen siquiera en la puerta, a pesar de que lleva allí varios siglos. Esta es su historia.

El obispo Francisco Martínez Cisneros convocó en el siglo XVII el concurso para construir las fachadas de San Pedro. La obra fue adjudicada el 28 de abril de 1611 a Diego de Ergueta -o quizá Elgueta- en la cantidad de 1.200 ducados. La única condición que establecía el pliego de condiciones, por así llamarlo, era el siguiente: «Las portadas de San Pedro han de ser dos, la una para la puerta principal y la otra en la que sale a la otra calle». Así se ejecutó el proyecto.

No existen muchas referencias directas y a mano sobre el acceso. Y algunas de ellas se limitan a citar el lugar de pasada. Eso sucedió en septiembre de 1884, cuando el Ayuntamiento de Murcia concedió a un tal José Ramírez Ferrer «la casilla existente junto a la puerta de San Patricio de la Iglesia de San Pedro, con las mismas condiciones con que se concedió a José Botella», según publicó el Boletín Oficial de la Provincia de Murcia varias semanas después. Curiosamente, aquel mismo mes se denegó a otro vecino la petición para «edificar sobre los porches del Almudí», idea peregrina donde las hubiera.

Hubo también en la ciudad otra puerta de San Patricio, que así llamaba el pueblo al acceso al Consistorio desde la calle del mismo nombre. A él se refirió el periodista Martínez Tornel en el diario 'El Liberal' cuando denunció que unos bárbaros perseguían a una moza, quien «halló refugio en la secretaría del Ayuntamiento, de donde salió por la puerta de San Patricio». Y así escapó de aquellas fieras «que se quedaron con gana de haberle hecho sangre o de haber hocicado con la muchacha».

Ni siquiera era seguro el corazón urbano de la ciudad, al menos por aquellas fechas. De hecho, Martínez Tornel recordaba al alcalde que para poder pasear por la Glorieta «hay que mandar a dicho paseo tres o cuatro parejas de municipales; si no, es imposible».

«Me ha dicho que sanaré»

La apertura de la puerta en San Pedro ha desempolvado también una historia, que con los años se tornará leyenda, sobre la imagen de la Virgen de Fátima que se venera en esta parroquia. Imagen que, tradicionalmente, podían contemplar los feligreses desde la calle, a través de un ventanuco practicado en ese acceso lateral, puesto que la capilla se encuentra enfrente, justo al otro lado de la nave principal.

La imagen, aunque no sea una talla, llegó a Murcia después de un sorprendente episodio que tuvo como protagonista a un vecino del barrio, Juan Moreno Clavel. Al parecer, el muchacho enfermó y cierto día confesó una revelación: la Virgen le había dicho que el 29 de junio estaría sano. En eso confiaba la familia cuando Juan empeoró y, antes de fallecer aquel día, reconoció que la Virgen no se había equivocado, que estaría sano porque «estaré junto a ella». Tras su muerte, y en su memoria, comenzaría a darse culto a la imagen.

Estos hechos ocurrieron en junio de 1945. Llegado el año 2017, hasta cuarenta familiares de Juan Moreno Clavel, incluido uno de sus hermanos, José, respetado abogado murciano, se reunieron en una misa en recuerdo de su alma. Además, se cumple también este año el centenario de la última aparición en Fátima, que tuvo lugar el 13 de octubre de 1917. Por eso, la parroquia de San Pedro organizó un triduo en honor a la venerada imagen.

El triduo fue el primer acto del 70º aniversario de otro hecho que las crónicas recuerdan y que también sucedió en el mismo templo. Se trató de la llamada Ruta Misionera que acercó la imagen de Fátima a más de ochenta localidades murcianas en 1948.

Los organizadores fueron los miembros del Consejo Diocesano de Jóvenes. La ruta arrancó en la parroquia de San Pedro el 30 de mayo de aquel año tras la celebración de una misa. Porque era la imagen de Fátima la elegida para presidir la peregrinación.

Apenas un mes antes del inicio de la Ruta, el diario 'Línea' anunciaba cómo la Asociación de Nuestra Señora de Fátima convocaba «una misa de Comunión general para todos los asociados», ecuaristía que se celebró en la capilla de la Virgen. El año anterior, 1947, ante la afluencia de fieles a la novena celebrada, fue necesario anunciar otra.

Ante 50.000 fieles

La talla, que partió en dirección a Espinardo, llegaría a ser trasladada en los siguientes veinte días a lugares tan distantes de la capital como Cuevas de Almanzora, Huércal Overa (Almería), Calasparra o La Unión. El domingo día 20 de junio retornó a Murcia la imagen, que fue recibida por unas 50.000 personas, según las publicaciones de la época.

Alguien tuvo la feliz idea de editar una espléndida revista que resumió aquella gesta. Tal fue la precisión de los redactores que incluso consignaron las más curiosas cifras. Así, por ejemplo, en la Ruta se recorrieron 800 kilómetros, gastaron 400 litros de gasolina en los dos camiones empleados, se celebraron 21 vigilias y 30 rosarios de la Aurora y se vendieron 200.000 estampas. Algunas de ellas aún se atesoran en los hogares del barrio como auténticos tesoros. E incluso una placa de mármol recuerda aquellos hechos en el templo. Y el origen de todo fue la devoción de un feligrés al que, sin discutir siquiera si sucedió o no, se le apareció la Virgen.

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