La Policía del Ocio se estrena con 52 inspecciones a locales y cuatro denuncias

El cabo Enrique y el agente Carlos conversan con unos jóvenes que alternaban en una terraza de la plaza de las Flores, una zona de especial protección. / edu botella / agm
El cabo Enrique y el agente Carlos conversan con unos jóvenes que alternaban en una terraza de la plaza de las Flores, una zona de especial protección. / edu botella / agm

'La Verdad' acompaña a la primera patrulla del nuevo servicio, cuya misión es conjugar el derecho a divertirse con el descanso vecinal

David Gómez
DAVID GÓMEZ

El cabo Enrique y el agente Carlos tendrán para siempre el honor de ser los primeros miembros de la Policía del Ocio que prestaron servicio en las calles de la ciudad, dentro del dispositivo especial constituido en el cuerpo de seguridad municipal para intensificar el control sobre el cumplimiento del horario de cierre de los bares y terrazas, así como sobre la contaminación acústica en el centro urbano, durante las tardes y noches de los fines de semana. Un equipo de 'La Verdad' acompañó durante unas horas a la patrulla policial en su estreno, que tuvo lugar en la noche del jueves. El primer servicio acabó de madrugada, con 52 inspecciones realizadas en locales y cuatro denuncias presentadas, tres por infringir la hora de cierre y otra por la instalación de mesas en la vía pública sin autorización municipal.

Identificados con un brazalete de color verde en la manga derecha del uniforme, el trabajo del cabo Enrique y del agente Carlos consistió durante las primeras horas en informar a hosteleros y clientes de la misión que tienen encomendada. El recorrido se inició en la plaza de las Flores, que constituye una de las tres zonas de especial protección acústica que se han creado en la ciudad -junto al eje que forman La Merced y Alfonso X y los barrios de Santa Eulalia, San Lorenzo y San Juan- con la ampliación de la ordenanza de ruido aprobada este pasado verano. Es en estos tres lugares donde se han establecido medidas más restrictivas y donde más incidirá la recién nacida Policía del Ocio.

Cervezas y decibelios

«Nosotros estamos aquí para hacer compatible el derecho de diversión que tenéis vosotros y el que tienen las personas que viven en esta zona a descansar tranquilamente en sus casas», explica el mando policial a un grupo de jóvenes que alternaba en una terraza de la céntrica plaza. «Vamos, que cuando os bebáis dos cervezas, no suban los decibelios», simplifica el cabo. «A nosotros no nos han dado instrucciones específicas para que hagamos inspecciones extraordinarias e incrementemos las denuncias a los hosteleros. De hecho, aunque ahora haya un grupo específico, no empezamos de cero, sino que llevamos ya muchos años controlando el ruido de los bares y los horarios de cierre. La gran mayoría de nuestras actuaciones se producen a demanda, porque nos llaman vecinos que sufren molestias. En otros casos actuamos de oficio, cuando oímos a alguien vociferar en la calle, cuando vemos una despedida de soltero o soltera que lleva un megáfono y cuando alguien circula de noche en su vehículo con las ventanillas bajadas y la música a todo trapo», añade el agente Carlos. Recuerda que trabajan de forma coordinada con los técnicos de Disciplina Ambiental de la Concejalía de Urbanismo, Agua, Huerta y Medio Ambiente. Estos cuentan con un cuadro de mando que les permite conocer, a tiempo real, qué establecimientos pueden estar superando los decibelios que tienen autorizados. Para las mediciones 'in situ', que principalmente se realizan en domicilios donde se están celebrando fiestas a horas poco apropiadas, los agentes de la Policía del Ocio llevan consigo un sonómetro que tiene un coste económico de 6.000 euros. Para realizar estos controles acústicos, los policías pueden realizar servicio no uniformado.

El servicio del cabo Enrique y el agente Carlos, que se prolongó desde las siete de la tarde hasta las once de la noche, cuando fueron relevados por otros cuatro compañeros, transcurrió con tranquilidad, con una única incidencia del aviso que dio un vecino en la pedanía de Santo Ángel que denunciaba la actividad musical de un bar situado debajo de su vivienda y una llamada de atención al propietario de un local porque el aparato de refrigeración estaba vertiendo agua a la vía pública. También se advirtió a un ciudadano que cruzaba en bicicleta la plaza de las Flores. «No se debe olvidar que, ante todo, somos policías locales. Aunque nos especializamos en el ocio, estamos para resolver cualquier situación de conflicto que se dé en cualquier zona del municipio de Murcia», señalan.

Cuando cae la noche

La actividad de este equipo policial se intensifica conforme avanza la noche. Sobre todo cuando llega la madrugada y los establecimientos tienen que recoger la terraza y echar la persiana. «La mayoría de denuncias que interpondremos tendrán que ver con el incumplimiento del horario de cierre. Así ha sido hasta ahora. La segunda mayor causa de sanciones es que algunos locales se saltan la orden que tienen de clausurar los aparatos musicales», coinciden los dos policías.

El turno que sustituyó al cabo Enrique y al agente Carlos sí vivió más momentos de tensión. Así lo relata Natalia, una joven que la noche del jueves estaba con otros cinco amigos sentada en una terraza y el dueño del local, por orden de la Policía de Ocio, los dispersó «porque superábamos la capacidad de la mesa».

«Esperemos que no se convierta en un Cuerpo contra los hosteleros»

La época de exámenes que viven los universitarios, el frío y la proximidad del puente de la Constitución y la Navidad hicieron que la noche del jueves no fuera especialmente multitudinaria en las zonas de ocio de Murcia. Aunque los locales de las tascas estaban abiertos. En la plaza Balsas, un lugar donde la Policía y los bares han vivido históricamente momentos de tensión, se encuentra el restaurante Pepita Pulgarcita, cuyo propietario, Víctor, saluda amablemente a los policías del ocio en cuanto los ve. Luego, delante de ellos, comenta a 'La Verdad' que «si el servicio es realmente para lo que en los medios de comunicación estáis diciendo que es, para compatibilizar el derecho a divertirse con el descanso, me parece acertado. Creo que es una iniciativa positiva que no perjudicará a los empresarios y que contribuirá a mejorar el buen ambiente en las zonas de ocio». El hostelero advierte, no obstante, de que si los policías se salen de su cometido principal «los empresarios lo veremos como un ataque».

Muy cerca de esta plaza hay un local de copas que regenta Moisés, que hace guardia en la puerta para evitar que los clientes salgan demasiado a la calle. «Si nos ayuda a llevarnos mejor con los vecinos, bienvenido sea este nuevo dispositivo. Esperemos que no se convierta en una Policía para ir contra los hosteleros. La experiencia nos dirá si ha sido una buena idea», comenta Moisés a preguntas de este periódico.