Una histórica campana sobre el Puente Viejo

Grabado que representa la célebre riada de Santa Teresa, en 1879/
Grabado que representa la célebre riada de Santa Teresa, en 1879

Cuentan que durante la pasada riada sonó sin que nadie la tocara; una leyenda en ciernes para los anales de la ciudad

Antonio Botías
ANTONIO BOTÍAS

Desde hace más de tres siglos anuncia riadas y epidemias, conjura plagas y saluda, con su tintineo diminuto, a la Patrona de la ciudad cuando llega o retorna de su santuario. Pero el pasado jueves de madrugada, mientras toda la Región se estremecía bajo las tormentas, volvió a sonar. Y lo mismo hizo al día siguiente. Parecía normal. Al menos hasta que se supo que esta pieza histórica sonaba sin que nadie la accionara. Y la noticia cundió por las redes sociales. ¿Milagro o cortocircuito? La curiosidad aumentó al conocerse que la pieza no se accionaba con una cuerda, sino con un mando a distancia.

Cuando se abordó la restauración de la campana, hace ahora una década y bajo mi coordinación, fue necesario articular un sistema que permitiera voltearla de esa forma. Ya no para alertar de inundaciones, pero sí con motivo de las romerías de la Fuensanta.

Peligros Hernández, propietaria del camarín y de la campana, no lo era en cambio de ninguna vivienda del edificio, lo que complicaba su acceso a la terraza donde se hallaba la espadaña. La tecnología solventó el problema: un mando a distancia que accionara el mecanismo desde la calle.

Durante el mes de agosto de 2008 se extendieron los trabajos de instalación para que, el día 4 de septiembre, coincidiendo con la llegada de la Morenica a su ciudad, la campanita volviera a sonar. Y lo hizo. La pieza, de 35 centímetros de diámetro y un peso de 25 kilos, fue fundida en el siglo XVII y lleva inscrita en el bronce la siguiente leyenda: «T Don Fernando de la Riba alcalde maior 1684». Pero para leyenda, la que desde el pasado viernes comienza a fraguarse para generaciones venideras.

Alertado el restaurador de la pieza, Amando López Gullón, de la centenaria firma Fundirmetal, se trasladó hasta el lugar para comprobar qué sucedía. Entonces comprobó que el mecanismo estaba intacto. La lluvia caída sobre él quizá había provocado algún cortocircuito. Aunque la imaginación popular llegó a atribuirlo a un milagro.

El supuesto prodigio sucedió, por si faltaba algún ingrediente para la leyenda, el día 12 de septiembre, el mismo que en 1742 entronizaron a la Virgen de los Peligros sobre el puente. Es un detalle que aconseja, ya entrados en materia, recordar que no es la única leyenda que se atribuye a la imagen.

La devoción del barbero

Esta devoción murciana arrancó por la decisión de un modesto barbero de nombre Alonso Sánchez. Como tantos otros benefactores de Murcia no residía en ella. Pero cierta noche soñó que la Virgen quería ser venerada en esta ciudad.

Mucho antes de eso, la antigua imagen de la Virgen de Sopetrán atraía a muchos peregrinos a la urbe. Entre ellos a Alonso, cuyos labradores encontraron tiempo después una talla enterrada en sus tierras madrileñas. El barbero creyó que era la misma que había venerado en Murcia y así le dio culto en su hogar. Hasta que soñó que la Virgen quería regresar a Murcia.

En julio de 1636 quedó a cargo de las monjas verónicas, donde profesaba una prima del barbero. Y empezó lo bueno. Los milagros comenzaron a sucederse: curaciones de la peste, pechos que volvían a manar leche, paralíticos que caminaban... Nacía una leyenda. Coincidió en el tiempo la construcción de un puente de madera que unía la ciudad con el Partido de San Benito.

Debido a la popularidad de la imagen, se decidió colocar allí un lienzo de la talla. Y era tan frágil aquel puente -antecesor del actual Puente Viejo- que los murcianos se encomendaban a la imagen representada si tenían que atravesarlo en tiempo de avenidas. El protocolo que se observaba cuando las aguas empezaban a crecer resulta sorprendente.

Conjurar las aguas

Los Cabildos de la Catedral y del Municipio, junto a un gran concurso de gentes, se reunían en el Puente Viejo. Allí se tomaba la corona del Niño de Los Peligros y, por tres veces, se introducía en las aguas turbulentas mientras se invocaba a la Santísima Trinidad.

Aunque de esta noticia apenas queda constancia, sí existen testimonios de la época que la recuerdan. De aquí arranca el nombre de Virgen de los Peligros para la que fuera de Sopetrán. Más tarde, se decidió colocar una talla junto al nuevo puente de piedra. Fue entronizada el 15 de septiembre de 1744, dieciocho años antes de que concluyera la construcción. El templete que resguardaba a la imagen -del que se dijo que fue decorado por Francisco Salzillo- fue sustituido por el actual, donde se grabó la frase 'Salus in periculis' (Salvación en los peligros).

En el siglo XVIII, Antonio Rebollo y su esposa, Teresa Carat, encargaron una imagen, réplica de la Virgen de Sopetrán. Teresa se convirtió en la primera camarera de la imagen. Arrancaba así una larga tradición que, hasta la actualidad, mantiene este cargo dentro de la misma familia.

Soledad Rebollo Carat, María Guirao Rebollo, Peligros Pérez Guirao y Peligros Hernández Pérez fueron las camareras que sucedieron a Teresa. A finales del siglo pasado se abordó la reconstrucción del edificio que atesora la hornacina, aunque la imagen permaneció un tiempo sin ser expuesta.

Las jaculatorias de los murcianos al cruzar el puente no fueron las únicas que acrecentaron la fama de milagrosa de esta Virgen. Otros también se encomendaban a ella en los más curiosos trances.

La original, en Verónicas

Así, cierta mañana se recibió en casa de la camarera a una niña que preguntaba por ella. Llevaba el encargo de su madre, acompañado por una limosna, de que la luz de la hornacina no se apagara, ni de noche ni de día, durante un mes.

De aquella pequeña nunca más se supo, pero lo cierto es que contaron cómo una mujer ejerció la prostitución, para dar de comer a sus hijos, durante los treinta días siguientes. Y el rostro de la Virgen, débilmente iluminado por la candela, le sirvió de consuelo y protección en la oscuridad.

Tampoco era extraño contemplar a devotos cruzando por promesa el Puente Viejo de rodillas, con velas en las manos. Artistas y políticos, intelectuales y turistas han rendido homenaje a Los Peligros. Incluso la reina Isabel II, devota confesa de la imagen, le regaló unos espectaculares pendientes que todavía conserva la camarera.

El tercer domingo de septiembre se celebra en el convento de Verónicas la festividad de la Virgen de Sopetrán. La talla original, la espléndida imagen milagrosa que el barbero Alonso enviara a Murcia, aún es venerada allí por las hermanas. Y hay quien asegura que, aunque más discreta, continúa haciendo milagros. Como la campana sigue sonando tantos siglos después. La última vez lo hizo para la historia durante la última gota fría, que bien podría llamarse riada del Dulce Nombre, pues en su festividad ha acaecido. Para desgracia de tantos. Aunque prosperará, sin duda, la denominación de Santa María.

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