Un golpe de la Policía Nacional a dos edificios llenos de okupas termina con doce detenidos

Uno de los okupas empleaba un cartón sobre un somier para descansar en una de las habitaciones del edificio. / edu botella / agm
Uno de los okupas empleaba un cartón sobre un somier para descansar en una de las habitaciones del edificio. / edu botella / agm

La operación, cerca de la avenida Ciudad de Almería, permite identificar a 23 personas, la mitad de ellas en situación irregular en el país

Jorge García Badía
JORGE GARCÍA BADÍAMurcia

Los dos edificios de cuatro plantas, con pisos coquetos, áticos con vistas a la Catedral y amplio garaje, se levantaron pegados a un rinconcito de la huerta de Murcia, trufado de acequias, pero la burbuja inmobiliaria sentenció la venta de esta promoción. «Desde hace dos años los bloques están ocupados», precisaba ayer Alfonso de la Cerda, inspector jefe del Grupo de Robos de la Policía Nacional, mientras decenas de agentes de la Brigada Provincial de Extranjería y Fronteras, Policía Judicial y Científica, así como la Unidad de Prevención y Reacción (UPR), tomaban el Carril Mancheños, a las espaldas de la avenida Ciudad de Almería. «¡Chacho ni que le hubiese hecho algo al Rey!», espetaba con desparpajo un joven okupa a un agente durante el registro en el que fueron identificadas 23 personas: españoles, argelinos, marroquíes y ecuatorianos.

Nada más acceder a la planta baja del primer bloque, a las 8.32 horas, un equipo de 'La Verdad' observa que a lo largo de todo el techo cuelga el cableado de la instalación eléctrica: han extraído todo el cobre. En el primer piso que nos encontramos hay apilados decenas de tubos, tipo armaflex, que se emplean para forrar el sistema de refrigeración de aire acondicionado y tampoco hay rastro del metal rojizo. «La pretensión de este operativo es prevenir robos en domicilios», explica Piedad Párraga, inspectora y jefa de Prensa y Protocolo de la Jefatura Superior de Murcia. De hecho, el dispositivo contra este asentamiento okupa se montó a raíz de las «numerosas denuncias» por palos en viviendas que se estaban produciendo en viviendas del Carril Mancheños, Camino Hondo y Callejón de la Nena, incluso en pedanías próximas como Aljucer.

«Podían hacerse dos o tres casas cada noche», apuntaba Alfonso de la Cerda. «También robaban en vehículos». El inspector jefe explica el 'modus operandi': «Empleaban el método del escalo y la ruptura de rejas en las casas y con los coches fracturaban los cristales. Se movían por los carriles de huerta y contaban con 'peristas', que hacían de receptadores. Aprovechaban viajes a Marruecos para dar salida a televisores, joyas...». De los 23 identificadosm 12 fueron detenidos por estar en situación irregular en el país. «Se les tomarán las huellas en la Comisaría para ver si tienen alguna reseña por robos». De momento, «dos jóvenes marroquíes han despertado sospechas». Durante el registro se buscaron objetos sustraídos, pero fue imposible localizar nada porque ambos edificios estaban llenos de basura. «Se encuentran viviendo en condiciones insalubres», lamentaba Piedad Párraga.

Los agentes intervienen para atajar numerosos robos en viviendas de la zona y en Aljucer

Valga como ejemplo el patio de luces y el ascensor, convertidos en contenedores de basura comunitarios, colapsados por restos de comida, plásticos, vidrios... Sobre ellos se amontonaban nubes de moscas. Tampoco faltaban parásitos en la segunda planta, como pulgas, que empezaron a picar al equipo de este diario, así como otro tipo de fauna: ratas del tamaño de un conejo. La tercera planta la empleaban de aseo colectivo, todos los pisos estaban llenos de heces. Un hedor nauseabundo recorría la planta, pese a inventos caseros como cerrar una habitación con una puerta fabricada con un cartón enorme, sujeto al marco con tornillos a modo de bisagras, y con un trozo de tela ejerciendo de pomo.

Tela 'infranqueable'

Los policías solo peinaron espacios comunes, no entraron en ningún piso cuyo acceso estuviese cerrado por tablones de madera con candado, incluso mantas o telas a modo de cortina. «Eso nos marca que se trata de la morada de una persona y necesitamos un mandamiento judicial de entrada y registro», aclaraba la inspectora.

Uno de los que se libró del registro fue Youssuf, argelino, de 23 años, y que, junto a otros dos compatriotas, habían puesto una manta, a modo de puerta, en el piso que estaban ocupando en el Carril Mancheños. «Yo solo me busco la vida trabajando en el campo. No me suelen hacer contrato; y el permiso de residencia me caducará el 25 de agosto. El último sitio donde trabajé fue en la campaña de la fruta en Cieza, cobraba 50 euros al día. Ahora me gano la vida vendiendo balones de playa en Benidorm con un amigo que tiene coche y viene a recogerme para que le ayude», cuenta.

Youssuf llegó a Cartagena siendo menor de edad y tras enfrentarse a 27 horas en patera para escapar de la miseria de su país, ahora convive con las ratas: en la puerta del piso ha apilado dos filas de ladrillos para que los roedores no entren. Las cortinas de las habitaciones son cartones y en el balcón lava la ropa a mano con el agua que va a buscar con una bicicleta, a la que han atado una caja, para cargar las garrafas que llenan en el Jardín de la Seda. La comida la prepara en un fogón mugriento, comprado por 5 euros en una chatarrería, y colocado sobre una puerta cogida de la basura, como si fuese la encimera.

«No tenemos luz ni agua, solo butano para cocinar». Para asearse acude a diario a una tetería árabe de la zona. «Me dejan usar el cuarto de baño». Pese a todo, prefiere vivir así antes que volver a Argelia: «Fue muy peligroso venir a España en patera».

En los dos edificios residían unos 40 okupas, pero a algunos no les pilló el operativo de ayer porque se habían ido a la gasolinera del Rollo a que algún capataz les llevase a trabajar ilegalmente a fincas agrícolas.

Tales situaciones no pasaron inadvertidas para la Policía. La inspectora Párraga advertía de que «a raíz de las declaraciones de las personas identificadas, se obtienen indicios y pruebas objetivas que permiten abrir nuevas investigaciones». En este caso, de explotación laboral. Conforme pasaban las horas, a unos metros de los bloques okupas, se asomaban los vecinos para ver el despliegue policial. «Hay muchas quejas porque se están cometiendo diversos robos. A mi padre, hace cosa de un mes, le robaron el coche y una semana después apareció en La Fama, le habían arrancado un radiocasete y una silleta para niños», relataba desde el anonimato una vecina de la zona.

«Después de 29 años aquí no me mudo porque no puedo, pero así no se puede vivir», se quejaba otro residente en el Carril Mancheños. Precisamente, la segunda razón que motivó el desembarco de la Policía Nacional fueron las múltiples quejas recibidas en los grupos de participación ciudadana por desórdenes públicos. «La última denuncia la recibimos la pasada semana», subrayaba Alfonso de la Cerda, inspector jefe del Grupo de Robos.

A las 10.19 horas los detenidos eran conducidos al exterior de los edificios okupas donde les esperaban varios furgones policiales. Mientras bajaban por las escaleras plagadas de grafitis, se divisaban los patios de los bajos, en los que había bolsas de basura, tuberías apiladas, estructuras de pladur, palés con tejas, colchones, sacos de dormir, un cazo de hormigón, una batea y, al fondo, una grúa torre: el origen de este sueño inmobiliario que desembocó en una pesadilla vecinal.

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