«Derribemos el palacio para abrir una Gran Vía»

El magnífico Palacio de los Vélez, que se alzaba junto al convento de Las Claras../
El magnífico Palacio de los Vélez, que se alzaba junto al convento de Las Claras..

La piqueta arrasó el palacete de Los Vélez, que se alzaba en el actual paseo Alfonso X, para unir la calle Trapería con la estación de Zaraiche

Antonio Botías
ANTONIO BOTÍASMurcia

Lo derribaron para abrir una improbable Gran Vía, que así la denominaban. Pero no sería la que arrolló más tarde los baños árabes y unos cuantos edificios históricos. En esta ocasión, el atentado se perpetró -en agosto, mes propicio para tales villanías- con el objetivo de ampliar la calle Trapería y unirla con la Estación de Zaraiche, hoy sede de Aguas de Murcia. Y la piqueta hizo pasar a la historia el espléndido Palacio de los Vélez, obra barroca del segundo tercio del siglo XVIII, modelo de casa palaciega murciana. Solo se salvó, sin duda de milagro, la espléndida portada, que se reutilizó en el altar de la nueva iglesia de San Antolín, otra que también había sucumbido en la Guerra Civil.

Hoy es posible determinar incluso el día preciso del comienzo del final del hermoso palacio que estaba ubicado entre los conventos de Las Claras y Las Anas, calle de por medio. Sucedió en la sesión ordinaria del Ayuntamiento de Murcia celebrada el 23 de junio de 1933 y presidida por el entonces alcalde José María Bautista, quien, por cierto, llegaría a ser primer edil de la ciudad en dos ocasiones.

En aquella sesión, el concejal García Alemán advirtió de la necesidad de abrir, como publicó el diario 'El Tiempo' en su edición del día siguiente, «una avenida a la Estación de ferrocarril de Caravaca». Para reforzar su idea, el edil ofreció a la Corporación «datos y cifras demostrativas de la ventaja económica que ello supondría, aparte del embellecimiento y ensanche de la ciudad».

¿Por dónde va la avenida?

El mismo concejal, quien «no es amigo de chismes», según el mismo diario, aclaró que «la mejor solución sería la continuación de la calle Trapería hacia la nueva Estación, expropiando desde luego el Colegio de Jesús y María». Alguno de los ediles manifestaron en la sesión «las dificultades de la expropiación» y aseguraron que había otras soluciones que alcanzarían el mismo resultado. El alcalde se limitó a señalar que la cuestión debía ser estudiada.

El asunto debió permanecer latente, aunque la prensa apenas lo reflejó durante los meses siguientes. La publicación 'Don Crispín', autotitulada «semanario satírico, incoloro e inodoro», publicaría una referencia en septiembre de 1935 donde proponía un programa de fiestas alternativo, donde figuraba «la solemne apertura de la 'Gran Vía'. El Alcalde seguidor de maceros dará el primer picoletazo al colegio de Jesús María, llamado por los laicos el tapón de la Gran Vía».

A modo de triste profecía, el periódico 'El Tiempo' publicó aquel año un artículo donde constataba que «es un hecho, por desgracia cierto y reconocido, que la Murcia típica va desapareciendo. Aquellos edificios, que constituyeron el orgullo ornamental de Murcia, están incesantemente cayendo por la piqueta reformadora, y de ellos, a vuelta de unos años, no quedará ni siquiera el recuerdo».

Al texto lo acompañaba la reproducción de una fotografía en cuyo pie podía leerse: «Edificio que fue de los Fajardo (hoy Colegio de Jesús y María)», lo que evidencia que en septiembre de 1935 todavía estaba en pie el edificio. No hace falta esta prueba para asegurarlo. El periódico 'El Liberal' insertó en su portada del 7 de agosto de 1936 una noticia de gran trascendencia para la historia del edificio.

El inicio de la Guerra Civil Española evidenció la necesidad de establecer un cuartel para las milicias murcianas. Y en la entonces denominada plaza de Pablo Iglesias, como explicaba el rotativo, «se tenía lo que el pueblo buscaba: un gran edificio con un terreno espacioso. [...] Era el colegio de las religiosas de Jesús y María». De esta forma, al incautarse las autoridades del edificio lo señalaron como cuartel general de las milicias. 'El Liberal' incluso reprodujo varias fotografías de la puerta del palacio y de su patio, donde posaron los milicianos.

El golpe definitivo al edificio, cuando algunos pensaban que siendo cuartel quedaría a salvo de la piqueta, se conoció el 10 de agosto de aquel año, curiosamente apenas unos días después. El alcalde, Fernando Piñuela, como publicó el diario 'La Verdad' al día siguiente, celebró una reunión con «los colonos y propietarios de los terrenos que cruzan el trozo de vía de acceso a la estación de Zaraíche, comprendido entre ésta y el edificio del Colegio Jesús y María, hoy ocupado por las milicias».

Empezando por demoler

El objetivo del encuentro era imprimir una «gran actividad a las obras de la Gran Vía». Y sentenciaba el alcalde: «empezando por la demolición del edificio del Colegio». Por si fuera poco, Piñuela, quien paradójicamente fue uno de los grandes defensores del patrimonio murciano amenazado por la Guerra, también advirtió a la prensa de que andaba estudiando la ampliación del casco urbano de la capital, por lo que «se procederá a su debido tiempo a la demolición de algunos de los edificios incautados». Mejor no aportar la lista.

Piñuela también anunciaría en la edición de 'El Tiempo' del 22 de agosto que «tenía noticias que en el día de hoy se procederá al derribo del Colegio de Jesús y María para la construcción de la Avenida central a la Estación de Murcia-Zaraiche, con lo cual se dará ocupación a bastantes trabajadores».

Curiosamente, la destrucción del palacete coincidió con derribo de otro edificio histórico: la llamada Casa de la Cruz, justo al día siguiente de la comparecencia del alcalde. Comenzaba así una fiebre destructora que privaría a la ciudad de su hermoso trazado y algunos edificios que hoy serían el orgullo de quienes la habitan.

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