Denuncia que no dan plaza a su hijo autista en un campamento para discapacitados

Valeria Barbosa abraza a su hijo Dusko, de 15 años, ayer. / martínez bueso
Valeria Barbosa abraza a su hijo Dusko, de 15 años, ayer. / martínez bueso

«Dusko tiene un trastorno severo, pero es un niño tranquilo y muy cariñoso; no participa en las actividades, aunque disfruta como todos», mantiene la madre

Fuensanta Carreres
FUENSANTA CARRERES

El autismo severo que padece Dusko le impide hablar y estar quieto un segundo. El chico, de 15 años, suple esas palabras que nunca han salido de su boca con intensos y continuos abrazos a su madre, Valeria, indignada porque a su hijo se le ha negado una plaza en un campamento para chicos con discapacidades intelectuales al que la mujer planeaba llevarle la semana próxima. No será posible, ya que la organización privada que organiza la actividad ha denegado la plaza al chico, como a otros tantos. En su caso, además de la escasez de puestos para todos, porque la organización considera que Dusko, que ya participó en el mismo campamento hace dos años, no disfruta de las actividades ni está feliz en la residencia de ocio. Al contrario, «estuvo irritado y sin querer comer», insistieron ayer.

El problema, denuncia Valeria, madre de otros dos chicos, radica en que ella ya contaba con la plaza, ya que no se le informó a tiempo de que no se le había concedido. «Es injusto, y lo peor son las excusas que nos han dado para justificar la negativa», lamenta la mujer, quien está convencida de que su hijo disfruta de las colonias de verano, que se desarrollan entre el 15 y el 24 de junio en la residencia El Peñasco de Mazarrón. «Me dijeron que Dusko no puede asistir este año porque no participa de las actividades, pero eso no es un problema. Es cierto que no participa, pero está presente. Él también necesita estar con otros chicos y en fiestas, ir a la playa, jugar...», reclama la mujer, que contaba en su complicada organización familiar con la plaza de Dusko en las colonias infantiles. El campamento está dirigido fundamentalmente a personas con discapacidad intelectual y a sus familias, «con la finalidad de favorecer su desarrollo personal y social, a través de un uso adecuado del tiempo libre estival», reza la web de la asociación. Los destinatarios de las colonias son «niños y con discapacidad intelectual o pluridiscapacidad, con 10 años o mas y suficiente autonomía en el desplazamiento».

El adolescente Dusko asiste al colegio de educación especial Pérez Urruti, donde ayudaron a Valeria a tramitar la solicitud de plaza en el campamento. «La trabajadora social del centro me ayudó. Al chico lo conocen porque estuvo en ese mismo campamento y en otras actividades». La mujer, que dedica su vida a atender al menor, nacido en Madrid, dio por seguro que tendría esa plaza, pero a última hora, hace solo unos días, supo que su hijo no participaría en la actividad. «Ni siquiera me avisaron, pero las excusas que dan no son ciertas. Mi hijo no llora, nunca lo ha hecho, solo cuando siente dolor físico; expresa sus emociones dando grititos y saltos, pero cualquier trabajador acostumbrado a tratar a estos chicos puede manejarlo». Apenas había cumplido los dos años de edad cuando la madre de Dusko, brasileña y residente en la pedanía murciana de El Esparragal, supo que el desarrollo de su hijo no era normal. «No hablaba ni una palabra. Sus dos hermanos son mayores, y enseguida supe que no era como ellos».

«Una discriminación»

Valeria, que entiende como «una discriminación» el trato dado a su hijo, había ahorrado los 515 euros que cuesta el campamento muy gustosa, convencida de que se trata de una actividad muy provechosa para su hijo. También un respiro para ella y su pareja, Edgar, quienes viven las 24 horas de los 365 días del año pendientes del chico. «Es un buen chaval, muy cariñoso, pero requiere atención continua. Es autista, sí, pero disfruta de la gente, la abraza, y es feliz», defiende Valeria, quien no puede trabajar porque padece una discapacidad y tiene que dedicar todo su tiempo al chico, que, ajeno al disgusto de su madre, la abraza a cada minuto.

«El chico sufre y lo pasa mal; está muy nervioso y no disfruta de las actividades»

La asociación que organiza todos los años el campamento, que se desarrolla en la residencia de ocio de El Peñasco, en Mazarrón, insistió ayer en que la denegación de la plaza a Dusko obedece a su propio interés. «El chico sufre y no disfruta de las actividades. Cuando estuvo en otra ocasión lo pasó muy mal, lloraba, no quería comer... Tampoco se le veía disfrutar de la playa», explicó ayer el responsable de la asociación Leyva, que apenas cuenta con voluntarios para atender a los chicos durante el campamento.

«No es una cuestión de discriminación ni nada parecido. Al campamento asisten chicos con discapacidades, psicóticos, autistas... Eso no es un problema».

Los organizadores de las colonias, que se desarrollan en la residencia cedida por el Instituto Murciano de Acción Social, aducen además que nunca pueden atender todas las peticiones de plaza que reciben. «Siempre quedan chicos fuera, no podemos atenderlos a todos porque tampoco tenemos personal para hacerlo, y el proceso es muy complejo», justifica el presidente de la asociación que gestiona la actividad. El campamento, de diez días, cuesta 515 euros, aunque algunos menores disponen de ayudas para costear ese precio. «Supone mucho trabajo y dedicación por parte de muchos voluntarios, que dedican su tiempo a estos chicos. Es una pena que se trate de estropear la imagen de la asociación así, cuando el bien que se hace es mucho y las familias están muy agradecidas», reclamó ayer.

Fuentes de la Consejería de Familia e Igualdad de Oportunidades, que lleva años trabajando con dicha asociación, aseguraron ayer que tratarán de aclarar la cuestión, aunque entienden que la entidad es libre de admitir a los chicos que considere que se adaptan a la actividad.