La tercera fase de Los Rosales queda a expensas del nuevo Gobierno central

La avenida de Los Rosales, totalmente levantada, permanecía ayer vacía de trabajadores. /
La avenida de Los Rosales, totalmente levantada, permanecía ayer vacía de trabajadores.

La segunda parte de la rehabilitación concluirá en mayo; el proyecto de la zona sur espera el visto bueno del Ministerio

JOSEFINA MECA

La rehabilitación del barrio de Los Rosales, de El Palmar, se enfrenta inesperadamente a un escollo burocrático: el retraso de la constitución del Gobierno central, ya que el proyecto depende en un 35% del Ministerio de Fomento. «Por eso hoy hemos tenido al subsecretario de Estado; para insistirle en la necesidad de continuar con la tercera fase», explicó ayer el alcalde Ballesta en una visita, junto al alto cargo del Ministerio, Mario Garcés, y el consejero de Fomento, Francisco Bernabé.

El proyecto de la zona sur, que afecta a 259 viviendas, está ya redactado y presentado, por parte del Ayuntamiento y la Comunidad (que asumen el 56,2% y el 8,8% de los 3,8 millones de coste, respectivamente). «Pero nos queda el Ministerio, que lógicamente en esta situación de Gobierno en funciones... Es un proyecto social, es una decisión que no conllevaría ningún problema adoptarla. Estamos a la espera de esa tercera pata».

Los técnicos estiman que en mayo, o como mucho junio, la segunda fase se haya completado.

La intervención se ha centrado, desde que comenzó en agosto pasado, en el remozado de fachadas y cubiertas de 379 viviendas de 14 bloques y en la mejora del sanemiento.

Las obras se localizan ahora en las plazas públicas y en la avenida de Los Rosales, la 'frontera' entre 'arriba' y 'abajo'. Los moradores de las casas han permanecido en ellas durante las obras, si bien actualmente todo el barrio soporta el corte de la avenida principal y la falta de aparcamientos. Precisamente ayer los obreros se afanaban en el hormigonado y enlosado de las tres placetas de 'arriba'. Sin embargo, el vallado de la avenida principal permanecía desierta de trabajadores. «Vienen, trabajan cuatro días y luego no aparecen y no hay derecho. Que terminen esto lo antes posible», se quejó Aniceto Martínez. Otro vecino, Mohammed Mourabit, que llegó al barrio en 1993, opinó que «hay que reformar a la gente antes que las casas. Aquí hay convivencia entre muchas razas y se hace un poco difícil. Más vale concienciar a la gente de que debe vivir en paz y armonía y luego veremos lo de las viviendas».

El primer edil destacó especialmente durante su visita el carácter social del proyecto: «Toda esa labor es mucho más importante que la otra. Aquí no estamos solo recuperando fachadas o plazas, estamos recuperando seres humanos». Ballesta reconoció la labor «silenciosa» de las ONG y recordó que se imparten talleres de convivencia y de salud.

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