¿Ángeles o demonios del espray?

Dalí en Bizzart. Obra de Murphy en la calle Trinidad. /
Dalí en Bizzart. Obra de Murphy en la calle Trinidad.

El colectivo de artistas urbanos se reivindica en plena campaña del Ayuntamiento para eliminar pintadas y grafitis y duda de que las multas sean una buena solución

MANUEL MADRIDMurcia

Anónimo, espontáneo, prohibido. Así tiene que ser un grafiti, todo aquel dibujo circunstancial, de estética peculiar, realizado con aerosoles sobre una pared. Denostado por un amplio sector de la sociedad, el colectivo de artistas urbanos, grafiteros y muralistas de Murcia se reivindica estos días frente a los que desprecian su trabajo y lo reducen a simples pintarrajos. Lo que hay detrás de muchas de estas obras firmadas con pseudónimos es un movimiento cultural que deja no solo una huella indeleble en el paisaje, un hervidero creativo donde se han formado muchos de los adolescentes que hoy son profesionales relevantes en la pintura, la fotografía, el diseño gráfico y el tatuaje.

El Ayuntamiento ha lanzado este mes de septiembre una campaña para eliminar las pintadas que ensucian monumentos y edificios públicos y privados de un buen número de calles del centro de la ciudad. Una operación que irá acompañada de medidas más severas para los cazados 'in fraganti'. Pero una cosa son las pintadas, generalmente frases, garabatos o firmas hechas con espray en una pared, y otra es el grafiti (inscripción o signo anónimo cuyo objetivo es testificar la presencia de un autor en un lugar determinado), el mural (pintura con brocha y pincel) o la rotulación o decoración de la fachada de un negocio con aerosol.

El problema de las pintadas callejeras, según los artistas, no tiene solución. Pero ni en Murcia ni en Nueva York, donde en los años 70 surge el grafiti, aunque algunos ven precedentes en las cuevas de Lascaux en Francia y en las catacumbas romanas de Pompeya y Herculano. La medida más efectiva para evitar los daños al patrimonio principalmente es la concienciación y la educación, afirma el muralista e ilustrador Kike Sánchez. «La persecución policial o el incremento de las sanciones económicas no es la solución. Lo que hacen es calentar mucho más a la gente y lo único que conseguirán es que haya el doble de pintadas», advierte este artista urbano, una de las firmas más solicitadas en Murcia para la decoración de persianas y fachadas de locales comerciales, una moda que se impone en la ciudad y con la que los comerciantes tratan de disuadir la chafarrinada de turno por esa ley no escrita de que entre los grafiteros se respetan. 'La Verdad' realizó esta semana una ruta por calles con auténticas joyas del grafiti que no pasan desapercibidas y atestiguan la buena calidad de los artistas locales (Jacobo Peralta, Pigüo, Chipone, Isaak...).

En la calle San Martín de Porres, en el edificio de la Casa Habitada, que gestiona la Fundación Rais, se encuentra uno de los murales de encargo que pintó en 2012 el renombrado Sam3, el artista de las sombras y las siluetas, al que muchos se refieren como «el Picasso callejero». Dos gigantes sostienen en sus manos a dos personas que tiran de una cuerda que se convierte en árbol. Este autor, que ha pintado decenas de vallas publicitarias por toda la ciudad, ha cobrado prestigio por siluetas antropomorfas negras que de la noche a la mañana se apoderan de paredes abandonadas. Otra de sus obras, esta vez de pago, está en la calle Vitorio, un bosque con raíces en la tierra y mono por las ramas.

A un paso, en la calle Trinidad, en la persiana del pub Bizzart, encontramos una obra de Murphy, un guiño a Dalí, que aparece con alas de ángel y con calzoncillos de relojes pintando una señal de tráfico sobre una rata con un bote de espray en una mano y una plantilla en la otra.

Una pieza ecológica

En la calle Santa Quiteria se encuentra La Oveja Negra, espacio de ocio alternativo, cuyas paredes exteriores albergan un grafiti ecológico realizado con musgo nutrido para su próximo crecimiento y un gran mural del colectivo 4Art. En Murcia, por la escasa humedad, este tipo de obras escasean, pero en otras ciudades con ambientes más propicios sí han dado lugar a verdaderos jardines verticales con el arte como señuelo. El escritor Arturo Pérez-Reverte, que dedicó precisamente su novela 'El francotirador' al arte urbano, dice que el grafitero tiene derecho a llamarse escritor, y el colectivo Acción Poética toca la vena sensible del paseante con sus lemas. «Con los ojos cerrados y los sueños despiertos», dice una de sus frases.

El grafitero 2Jas, perteneciente al colectivo 543Dom -Fight For Freedom, lucha por la libertad-, que cuenta con piezas en el 'Street Museum' de la colonia de San Esteban -San Pío X-, cuyas paredes se repintan al menos una vez al año, insiste en que los detractores del arte urbano hacen la competencia a los mismos grafiteros, y nos habla de un personaje al que apodan 'El Rayo Rodillo', «un tipo que ha destrozado un número incontable de piezas y que sale por las noches con un rodillo y un caldero de pintura blanca y se dedica a borrar todo lo que pilla».

En la calle Alejandro Séiquer, a la altura de Montijo, en la tienda Neopatini, un grafiti cubre toda la fachada con algunos edificios reconocibles de Murcia. En la plaza de San Juan, la joyería Navarey prefirió encargar dos murales, puro realismo, en sus persianas antes que llenarla de vinilos, y cualquiera que pase por ellos piensa que son fotografías. Bares y restaurantes cada vez apuestan más por rescatar viejas tipografías de letras y realizar detalles en sus fachadas. Las firmas de los grandes figuran en trabajos pequeños y cuidados. No todo son manchones.

Por si fuera poco, Murcia ha dado una aplicación para móviles que ayuda a gestionar colores, marcas y modelos de 'spray': Graff Crew, con la que los grafiteros pasan horas «dando color y creando nuevas formas».