Doña Juana parió siete Porceles

Grabado de Muñoz Barberán publicado en el diario 'Línea' sobre la remota puerta de los Porceles./
Grabado de Muñoz Barberán publicado en el diario 'Línea' sobre la remota puerta de los Porceles.

La célebre leyenda murciana inspiró al genial Lope de Vega una de sus obras

ANTONIO BOTÍAS CRONISTA OFICIAL DE MURCIA

Hubo un tiempo en que los embriones murcianos se daban codazos por nacer en tan fértil y hermosa tierra. Y armaban tal algarabía en los vientres maternos que, de tanto en vez y porque hubiera paz, la naturaleza permitía asombrosos partos. Eso debió sucederle a la protagonista de una de las más antiguas leyendas que adornan la ciudad y que hasta Lope de Vega inmortalizó.

El legendario poeta y dramaturgo mencionó a Murcia en tres obras. De la primera, titulada 'Las Peraltas', solo el nombre conocemos aunque el propio autor la citaba. La segunda fue 'El primer Fajardo'. La tercera, que nos ocupa, es 'Los Porceles de Murcia'.

La leyenda recuerda a una dama de noble linaje, quien, tras padecer muchos años su esterilidad, dio a luz a siete niños. Y le sentaron como siete puñaladas pues, según las creencias de la época, un parto tan fecundo evidenciaba el adulterio de la madre. O, lo que era peor, que el demonio había tomado parte.

Asustada, la mujer aprovechó que su marido estaba de viaje para ordenar a una sirvienta que arrojara a la acequia Aljufía a seis de sus siete retoños. Al último decidió criarlo y allí paz y después gloria. En esas andaba la criada cuando el padre, mire usted por dónde, la encontró. Y decidió que los pequeños fueran amamantados en secreto por otras tantas murcianas, so pena de arrojarlas a ellas y a la sirvienta a la acequia si algo contaban.

Pasaron 5 años sin que la madre lograra distraer el sentimiento de culpa que atenazaba su alma. Fue entonces cuando el marido anunció que aquel día deseaba invitar a unos amigos a la casa, por lo que ordenó que se colocaran seis cubiertos más. Entretanto, se cuidó de que todos los niños, incluido el que vivía con él, vistieran idénticos trajes.

Cuando la mujer entró al comedor, como recordaba Alberto Sevilla en su obra 'Temas murcianos', «sin articular palabra ni mover los pies; demudando el color de sus mejillas y temblorosas las manos, exclamó: «¿Qué es esto?». El marido solo le preguntó: ¿Distinguirás, entre los siete, al que criaste a tus pechos?».

Adúltera y hechicera

Mantiene algún autor, entre ellos García Soriano o Raimundo Antonio Rodríguez, que Lope debió visitar Murcia a finales del siglo XVI. Rodríguez, en su tesis 'Un linaje aristocrático en la España de los Habsburgo: Los Marqueses de los Vélez (1477-1597)' explica que Lope siguió «a su benefactor don Jerónimo Manrique de Lara», el temido obispo de Cartagena que antes, como inquisidor en este reino, impuso incontables condenas a muerte.

El profesor Juan Torres Fontes, en cambio, no lo creía posible. Como puso de relieve en un artículo publicado en la revista Murgetana, existió una amistad personal del dramaturgo con el Licenciado Cascales, quien bien pudo suministrarle muchos de los datos que aquel utilizaría en sus obras. Y otros los recibió, al parecer, del novelista Pérez de Hita. O de Ginés de Rocamora, tan ilustre como olvidado erudito murciano.

Torres Fontes también recuerda la creencia de culpar como adúltera a la mujer que en un parto tuviera más de un hijo, «comparándola como una puerca. De aquí Porcelus: Porcel». Cascales, por otro lado, anotó que el escudo de los Porcel de Murcia incluía una puerca con lechones. Similares leyendas adornan la biografía de Diego Porcelos, fundador de Burgos, de Santa Librada o de los Infantes de Lara.

Cierto es que existieron los Porceles murcianos. Sus nombres figuran en el Repartimiento de heredades. Uno de ellos fue almojarife mayor del reino. El almojarife cuidaba de recaudar las rentas y derechos del rey. Ya a finales del siglo XIII y comienzos del XIV hubo 2 alcaldes con aquel apellido, a los que se sumaron otros regidores y canónigos. Aunque en el siglo XV solo había 2 vecinas con ese apellido: Inés y Leonor. El linaje estaba entonces representado por los apellidos Saorín y Arróniz.

¿Dónde se levantaba la casa de los Porceles? Las crónicas recuerdan que estaba ubicada junto a la antigua puerta de Aljufía, después llamada, precisamente, del Porcel por la proximidad de la mansión solariega. Los historiadores la sitúan, hasta su demolición en 1725, en el cruce de las calles Santa Teresa, Barítono Marcos Redondo y Conde de Roche.

Otra versión

A incrementar la leyenda contribuyó el erudito Díaz Cassou. En un artículo publicado en la revista semanal 'La Enciclopedia', con fecha 27 de agosto de 1888, refería la historia de otra embarazada que, ante la célebre casa de los Siete Porceles, observó cómo un panadero entraba en ella con una cesta de humeantes panecillos.

La mujer tuvo el antojo de un bollo, que el marido pidió y recibió en la casa. No calmada su hambre le suplicó que pidiera otros dos, que también le regalaron. Y otros tres más que, ya a regañadientes, le entregaron en el portal. A la mañana siguiente, la embazarada confesó que, por vergüenza, no se atrevió a solicitar un séptimo bollo.

El día del parto, aquella joven glotona parió 7 hijos, uno por cada bollo que se había comido y otro por el que le faltó. Y este último bebé nació con la boca abierta, sin que los médicos lograran cerrársela. Murió a los pocos minutos. Contaba Díaz Cassou que en la puerta de la casa existió un nicho que atesoraba un cuadro con 7 niños, uno de ellos boquiabierto. Eran los hijos de Juan Porcel, esposo de Juana Perea, la protagonista de la historia.

Contaban que esta Juana fundaría el convento de Santa Isabel en 1443. Pero dudaba José Ballester de que esta Juana fuera la de los Porceles pues, si situamos la leyenda en torno al siglo XI, no existió en Murcia «sombra alguna de religión que no fuera la mahometana».