Una baraja para enamorarse de Murcia

Enrique de Andrés y Coral Marín, en el Plano de San Francisco./
Enrique de Andrés y Coral Marín, en el Plano de San Francisco.

Dos arquitectos murcianos diseñan los naipes de esta guía para descubrir el patrimonio de la ciudad y la huerta

MANUEL MADRIDMurcia

Todas las joyas monumentales y paisajísticas de Murcia pueden pasar ahora de mano en mano gracias a un proyecto diseñado por los arquitectos murcianos Enrique de Andrés y Coral Marín. La crisis les ha obligado a abrir nuevas puertas y probar suerte en otros terrenos, y fruto de más de una noche en vela es 'Murcia al azar', una cómoda baraja de 48 cartas para descubrir y conocer el patrimonio de la ciudad fundada por el emir de Al-Andalus, Abderramán II, en el año 825 como capital de la Cora de Tudmir.

Cada palo es una ruta que coincide con los cuatro periodos en que los creadores han dividido la historia y la vida: la Murcia antigua y medieval, representada por una falcata (espada íbera), que abarca desde los primeros asentamientos en el Valle del Segura hasta el primer periodo de la reconquista cristiana, pasando por diversas culturas como los romanos, visigodos, bizantinos y los árabes y el mundo andalusí; la Edad Moderna y la Murcia barroca, representada por l sello del Concejo de Murcia, que engloba desde el comienzo de los últimos años de reinado delos Reyes Católicos hasta el esplendor del siglo XVIII; la Murcia contemporánea, representado por una copa de Martini, comprende los siglos XIX y XX y recoge las grandes transformaciones de la ciudad hasta su momento actual, y la Huerta de Murcia, representada por una morera. Este último palo pretende ensalzar este espacio como «razón fundamental de existir de la ciudad, aunque es una gran desconocida y está olvidada desde hace años», lamentan De Andrés y Martín, que han incluido en esta ruta «sus innumerables valores en peligro de desaparición».

Cada naipe -12 por palo- contiene una representación gráfica del lugar y una breve explicación sobre su estado actual e información sobre los arquitectos e ingenieros que participaron en su diseño y construcción. Arquitectura de Barrio, la empresa que han fundado De Andrés y Marín, ha financiado la primera edición -2.000 ejemplares- de esta baraja turística, y ya está trabajando en otro proyecto idéntico sobre Cartagena. También está previsto que se edite en otros idiomas -inglés, francés, alemán y ruso-. El producto se vende ya en distintos puntos de Murcia a 11,50 euros -El Corte Inglés (sección autores murcianos), galería Cobalto de Nueva Condomina, Esencias Tea Shop Murcia (González Adalid) y El Rincón de Baco-, y en los próximos días en las librerías Diego Marín, y están en conversaciones para ofrecerlas en museos y oficinas turísticas.

Lugares para todos los gustos

Todas las cartas de la baraja ofrecen una información básica sobre los lugares seleccionados. En el palo sobre la Murcia antigua y medieval se han escogido la muralla de Verónicas, el Museo de la Ciudad, la ermita de Santiago, el yacimiento de la Arrixaca -«sin intervención», indican-, el Museo Arqueológico, el Museo Santa Clara, la muralla de Santa Eulalia, el oratorio de San Juan, el castillo y el Real de Monteagudo, el centro de visitantes La Luz, y el Martyrium y la basílica de Algezares. En la Edad Moderna y Murcia barroca aparecen la Catedral de Santa María, el Palacio Episcopal, el puente de los Peligros, los Molinos del Río, el jardín Floridablanca, las iglesias barrocas, el Paseo del Malecón, el Palacio Almudí, el Palacio de la Inquisición, el Museo Salzillo, la seda en Murcia y el santuario de la Fuensanta. En la sección de Murcia contemporánea figuran la plaza del Cardenal Belluga, el Real Casino, las plazas Romea y Santo Domingo, la arquitectura del XIX y XX, el barrio de Vistabella, Santa Eulalia y la plaza de San Juan, el Puente Nuevo, el barrio del Carmen, la pasarela del Malecón, el mercado de Verónicas, las plazas Santa Catalina y Las Flores, y la Gran Vía Escultor Salzillo.

En cuanto a la huerta, De Andrés y Marín han seleccionado en esta baraja-guía el león del Malecón, los molinos -en concreto, el del Amor-, las casas-torre, la acequia Mayor Aljufía, el monasterio de los Jerónimos, las ermitas de la huerta, el Azud de Contraparada, la Rueda de Alcantarilla, la acequia Mayor Alquibla, el parque de La Boquera (La Raya), y la mota del río Segura. Cada palo lleva una carta extra donde se ubica en el espacio cada monumento elegido, y un plano guía donde aparece, en el anverso, el centro histórico de Murcia, y en el reverso la Huerta Oeste, donde se detallan los molinos (del Amor, de las Cuatro Piedras, antiguo de La Pólvora, de Los Casianos, de Puebla de Soto y de Cascales); las casas-torre (Almodóvar, Zoco, Molino Casianos, Falcón, Los Castaños, Los Clérigos y Del Pino); y las ermitas -San Roque (Cobatillas), del Carmen (La Alberca), San Roque (Algezares), San Juan (Guadalupe), Santa Bárbara (Javalí Viejo), del Paso (La Ñora), La Paz (Alcantarilla), San Antón (Puebla de Soto), San Cayetano (Monteagudo) y San Antonio El Pobre-. También figuran el conjunto arqueológico de Monteagudo y el parque natural El Valle. La información sobre las cartas de la baraja puede ampliarse en la página web www.murciaalazar.es, donde se han subido -todavía están cargándola- fichas de cada monumento, con detalles prácticos como el horario de visita, historia del lugar e incluso fotografías antiguas.

De Andrés y Marín señalan que la propuesta está dirigida no solo al visitante foráneo, sino a los propios murcianos: «Hay una necesidad de dar a conocer entre nosotros todo el patrimonio que atesora Murcia, porque nos encontramos con mucha gente que no sabe ni que existe».

Peligros a la vista

Valorar el patrimonio que conservamos y, además, hacerlo de forma divertida es lo que persigue esta pareja de arquitectos enamorados de Murcia y la huerta, y en los comentarios de las cartas dejan constancia de sus afanes reivindicativos para que se mejore la protección y conservación de este legado histórico.

«Queríamos reflejar los valores patrimoniales y culturales de la huerta, ya que desde los años 70 su desaparición ha ido en aumento, con consecuencias en el patrimonio, como es el caso del entubamiento de la red de riego, cuya desaparición puede volver a hacer inhabitable de nuevo este valle», advierte De Andrés.

 

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