Héroes que dan de comer al hambriento en Cieza

Mariano Caballero (primero por la izquierda) en la pequeña cocina de la asociación. /A. Gómez
Mariano Caballero (primero por la izquierda) en la pequeña cocina de la asociación. / A. Gómez

El comedor social Piedras Vivas, tras batir el récord de 42.000 menús en tres años, aspira a un nuevo local de 400 metros

ANTONIO GÓMEZ

Mariano es como el pan de campo, con la corteza recia por tantas historias tristes que han ido acumulando sus ojos, pero con una masa interior tierna, caliente y aromática. El sacerdote, a pesar de la dureza a la que se expone diariamente, no tiene tiempo de llorar ni para la compasión, sino para trabajar incansablemente por los más desfavorecidos. Prueba de ello son los casi 42.000 menús repartidos entre la gente más pobre de Cieza a través de la asociación Piedras Vivas, un sueño que Mariano Caballero, junto a otras personas de buen corazón, puso en marcha hace dos años. Pero el sueño no termina aquí. El colectivo se ha propuesto ampliar su acción social con un local más grande, de unos 400 metros cuadrados, dicen, donde acoger y formar en valores y hábitos a los niños de las familias más necesitadas con el fin de despejarles el camino hacia un futuro digno.

El local que Piedras Vivas utiliza desde 2016 se halla en la calle Mesones, anexo al monasterio franciscano de la Inmaculada Concepción. Fue cedido altruistamente, sin contraprestación alguna, por las hermanas Clarisas de Cieza. Apenas seis metros cuadrados de comedor, más una exigua cocina donde la asociación inició su labor estableciendo turnos de comida con grupos de 16 personas. Actualmente es imposible y Piedras Vivas opta por repartir diariamente en táperes las raciones para que las familias necesitadas se las lleven a sus hogares.

El calor de los guisos

«Nos nutrimos sobre todo de las cuotas de los socios, que no son fijas», explica Mariano Caballero

La mañana está lluviosa, desapacible, pero cuando uno se acerca al número 36 de la calle Mesones, un olor de hogar antiguo lo retrotrae a la infancia y al calor de los guisos tradicionales ciezanos que, entonces, daban de comer en cada casa a los miembros de la familia. Mariano Caballero, Paco Barceló y Manolo Medina aclaran que el equipo de cocina, preparación y reparto de raciones lo componen, rotatoriamente, unos 50 voluntarios en los fogones y 6 en el almacén. Estos dan de comer al hambriento de lunes a viernes de 11 a 16 horas, con paquetes especiales para el fin de semana. Los asociados a Piedras Vivas, en total, rozan el centenar.

«Nos nutrimos, principalmente, de las cuotas de los socios, que no son fijas, sino que cada uno aporta lo que puede; de la solidaridad de muchos ciudadanos, que todas las semanas se pasan por nuestro local para dejarnos todo tipo de alimentos; y de las aportaciones que realizan puntualmente a lo largo del año diversos colectivos, cofradías y la Junta de Hermandades Pasionarias. Pero nuestra principal y más importante entrada de comida se produce a través del banco público de alimentos».

Las cifras son abrumadoras. En 2016, 8.298 menús, 14.578 en 2017 y 18.850, de momento, este año. Se sirven unos 80 menús diarios más un refuerzo especial los fines de semana para personas sin hogar, inmigrantes o algunas que sufren discapacidad. Además del comedor social, la asociación desarrolla otro proyecto denominado 'Contigo', a través del cual se presta un servicio de acompañamiento y respiro familiar dirigido a pacientes ingresados en el Hospital Comarcal Lorenzo Guirao, especialmente, aquellos que se encuentran en situación de dependencia.

El horizonte de Piedras Vivas aspira, sin embargo, a agrandarse con un local más amplio, de unos 400 metros cuadrados aproximadamente, para atender con actividades a niños en riesgo de exclusión social. El colectivo necesita más voluntarios, más aportaciones, más socios. Mariano Caballero ha presenciado muchas escenas impactantes, pero mantiene fresca en su retina la visita de «unos refugiados de Venezuela a los que la Parroquia de la Asunción les procuró un piso para vivir y luego acudieron a nosotros para comer. Cuando la familia llegó, no estábamos en el horario de reparto de comida, pero les dimos de comer aquí, en este pequeño comedor. Los críos, ante la situación, les dijeron a sus padres que ellos no querían moverse de aquí, no querían irse ya nunca más».

Los héroes verdaderos no son 'cracks' con cláusulas de rescisión de 200 millones, ni políticos vacuos, ni aguerridos guerreros que conquistan imperios, ni llevan capas largas, ni vuelan. Los héroes de verdad son pequeños, dulces y de sonrisa eterna, como Mariano Caballero. Héroes que dan de comer al que tiene hambre.

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